
La transición ecológica ha dejado de ser un debate de futuro para convertirse en una hoja de ruta operativa que condiciona inversiones, regulaciones y la propia competitividad de nuestras empresas. Hoy, términos como descarbonización, economía circular o criterios ESG son los pilares de una nueva era industrial. Sin embargo, en este camino hacia un modelo más respetuoso con el entorno, a menudo pasamos por alto un factor determinante para su éxito: la igualdad de género.
Sin la mirada, el talento y el liderazgo de las mujeres, la transición verde corre el riesgo de ser incompleta y, sobre todo, profundamente injusta. Desde mi experiencia en la comunicación de un sector estratégico como el químico, estoy convencida de que la sostenibilidad no es solo una cuestión de eficiencia energética, sustitución de materias primas fósiles, electrificación verde o circularidad. Es, también, una cuestión de gobernanza y equidad. La sostenibilidad ambiental solo es viable si el motor que la impulsa es socialmente responsable y diverso.
Actualmente, los fondos verdes y las nuevas regulaciones impulsan sectores industriales, donde la presencia femenina es, en algunos casos, minoritaria. Si la nueva economía se construye sobre perfiles técnicos con brecha de género estructural, estaremos diseñando un futuro que, paradójicamente, excluye a la mitad de la población de los espacios de decisión. No es solo justicia social, es una necesidad pragmática y cuantificable. Y, los datos, lo demuestran: según el Banco Europeo de Inversiones (BEI),[1] aumentar la presencia de mujeres en los consejos directivos incrementa un 60% la probabilidad de reducir el consumo energético y un 39% la de disminuir emisiones de gases de efecto invernadero. La pluralidad de perspectivas es esencial para enfrentar desafíos complejos como el cambio climático.
En Covestro entendemos que el compromiso con la neutralidad climática debe ir de la mano de una cultura inclusiva. La sostenibilidad es, en esencia, coherencia. No podemos pretender regenerar el planeta sin regenerar simultáneamente estructuras organizativas para que el talento femenino ocupe su lugar por derecho y capacidad.
Por esta razón, debemos trabajar con determinación en el fomento de las vocaciones STEM entre las niñas y jóvenes, asegurando que las profesiones del futuro sean paritarias desde su base. En este sentido, la comunicación actúa como un catalizador indispensable para visibilizar referentes femeninos y explicar que la sostenibilidad no es un proceso puramente tecnocrático, sino un proyecto social, humano y empático.
El Día Internacional de la Mujer nos recuerda que la sostenibilidad se construye con inversiones y tecnología, pero, siempre de la mano de la igualdad. Una sociedad que no cuenta con todo su talento no puede aspirar a un futuro próspero. Sigamos trabajando para que la próxima revolución industrial siga siendo verde y equitativa.
[1] Banco Europeo de Inversiones (BEI): Where climate and gender collide. https://www.eib.org/en/stories/investing-women-climate