
El Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública, a través de la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, lanzó a finales del año la convocatoria nacional de manifestaciones de interés para participar en el IPCEI AI, Proyecto Importante de Interés Común Europeo en Inteligencia Artificial. Para los que nos dedicamos a este sector disruptivo e innovador a partes iguales ha supuesto un reto en toda regla. Si a esto le sumamos el pertenecer a una pyme innovadora le añade un toque de responsabilidad y compromiso. No todos los días tienes la oportunidad poder aportar “tu granito de arena” para reforzar la soberanía tecnológica europea e impulsar proyectos estratégicos de alto impacto. Y como además me encantan los desafíos terminamos el año pensando en cómo apoyarnos en la IA como vehículo para reducir dependencias de soluciones y proveedores extracomunitarios.
Y es que no nos damos cuenta de la gran dependencia que Europa tiene a nivel de infraestructura y tecnología de otros países, lo que nos pone en un escenario complejo en el momento geopolítico que vivimos. La urgencia no es solo teórica. En enero de 2025, Meta (Facebook) anunció que eliminaría verificadores de hechos de sus plataformas. En agosto, The Guardian reportó que Donald Trump amenazó con aranceles a países que "discriminen" la tecnología estadounidense. La volatilidad geopolítica ha convertido la dependencia tecnológica en un arma.
El 3 de noviembre de 2025, en Berlín, los ministros de economía de 17 estados miembros de la Unión Europea firmaron un documento que podría redefinir el equilibrio de poder tecnológico global: la Declaración de Berlín. En su núcleo, una promesa audaz: Europa construirá su propia infraestructura de inteligencia artificial, liberándose de la dependencia casi total de Amazon Web Services, Microsoft Azure y Google Cloud. La inversión comprometida para alcanzar este hito es de 21.000 millones de euros en proyectos de interés común europeo (IPCEI) para crear una IA verdaderamente soberana.
Mientras tanto, apenas tres meses antes, en agosto de 2025, entró en vigor la fase más crítica del AI Act, el primer marco regulatorio integral del mundo para inteligencia artificial. Y en julio, Europa lanzó Fact8ra, su primera "AI Factory" federada que combina recursos computacionales de ocho estados miembros —Francia, Alemania, Italia, Letonia, Países Bajos, Polonia, España y Suecia— ofreciendo modelos de lenguaje europeos como alternativa a GPT-4 o Claude.
Tres movimientos simultáneos. Una única estrategia: Europa no competirá con Silicon Valley en velocidad ni con China en control estatal. Su apuesta es distinta: construir la IA más fiable, sostenible y autónoma del mundo.
La pregunta que ha definido 2025 es triple: ¿Puede Europa regular la IA sin ahogar su innovación? ¿Puede construir infraestructura competitiva cuando AWS, Azure y Google controlan el 70% del mercado cloud europeo? ¿Y puede hacer ambas cosas mientras mantiene el liderazgo en sostenibilidad ambiental?
Europa tiene la tecnología, el compromiso ambiental y la demanda empresarial. Pero se enfrenta a un obstáculo sistémico: décadas de dependencia digital que ahora intenta revertir en tiempo récord.
La arquitectura de una revolución regulatoria
El AI Act europeo, marco regulador que establece normas comunes para el desarrollo, despliegue y uso de sistemas de inteligencia artificial en la Unión Europea, oficialmente entró en vigor en agosto de 2024 pero con aplicación escalonada hasta 2027, establece el marco más ambicioso de gobernanza tecnológica. Su principio fundamental es aparentemente simple: clasificar los sistemas de IA según el riesgo que representan para los derechos fundamentales, la seguridad y el medioambiente. En este sentido, la arquitectura de riesgo opera en cuatro niveles: Riesgo inaceptable (prohibido), alto riesgo (regulación estricta), transparencia limitada y riesgo mínimo.
La implementación de AI Act europeo sigue un calendario casi quirúrgico: las obligaciones para modelos de propósito general (GPAI) como GPT-4, Claude o Gemini entraron en vigor en agosto de 2025. Las reglas completas para sistemas de alto riesgo se activarán entre agosto de 2026 y agosto de 2027, con un periodo transitorio que la propuesta de Ómnibus Digital podría extender hasta diciembre de 2027 si los estándares técnicos no están listos.
El CLOUD Act y la batalla por la soberanía digital: por qué Europa debe construir su propia IA
Europa no controla la infraestructura donde se ejecuta su IA. Y esta dependencia no es meramente técnica, es una vulnerabilidad geoestratégica de primer orden.
En noviembre de 2025, la Corte Penal Internacional en La Haya hizo un anuncio que resonó en todo el ecosistema tecnológico europeo: abandonaría Microsoft Office en favor de OpenDesk, una suite de código abierto entregada por el Centro Alemán para la Soberanía Digital (ZenDiS). Me detengo aquí un momento para que entendamos la profundidad de este asunto. El fiscal jefe Karim Khan había tenido temporalmente bloqueada su cuenta de Outlook. Para una institución que investiga crímenes de guerra y cuyo personal ha sido sancionado repetidamente por Estados Unidos, la dependencia de infraestructura estadounidense se volvió insostenible. OpenDesk, construido con tecnologías europeas como Nextcloud y Collabora, ofrece algo que Microsoft no podía garantizar: inmunidad al CLOUD Act.
La Clarifying Lawful Overseas Use of Data Act (CLOUD Act) de 2018 permite a las autoridades estadounidenses exigir y tener acceso a datos almacenados por compañías con sede en EEUU, independientemente de dónde residan físicamente esos datos. Incluso si Microsoft construye un data center en Frankfurt operado por una subsidiaria alemana, la corporación matriz sigue sujeta a leyes estadounidenses.
La pregunta que nos deberíamos de hacer es ¿Puede una infraestructura digital ser soberana si está legalmente sujeta a un gobierno extranjero?
La regla de la dependencia: el 70% del mercado en manos de tres compañías
Amazon Web Services, Microsoft Azure y Google Cloud Platform controlan aproximadamente el 70% del mercado cloud europeo. Oracle, IBM y Alibaba suman otro 15%. Los proveedores europeos, OVHcloud, Deutsche Telekom, Telefónica, se reparten el porcentaje restante.
Esta concentración no es accidental. Los hyperscalers estadounidenses invierten cifras astronómicas: Microsoft comprometió 80.000 millones de dólares solo en 2025 para construir centros de datos de IA. AWS anunció 7.800 millones de euros para su European Sovereign Cloud, con primera región en Alemania para finales de 2025.
Esta asimetría de inversión de capital crea una trampa: las empresas europeas se integran profundamente en ecosistemas americanos porque ofrecen herramientas superiores, ecosistemas maduros y economías de escala. Migrar después no solo es caro, es técnicamente prohibitivo cuando has construido tu base tecnológica completa sobre este tipo de servicios.
Los IPCEI: La respuesta industrial de Europa
La respuesta europea llega en forma de IPCEIs (Important Projects of Common European Interest) un mecanismo de política industrial que permite a estados miembros co-financiar proyectos estratégicos que el mercado por sí mismo no generaría. Entre 2023 y 2025, Europa ha lanzado una constelación de IPCEIs diseñados para romper la dependencia tecnológica:
IPCEI-CIS (Cloud Infrastructure and Services): Aprobado en diciembre de 2023, reúne 8.000 millones de euros de financiación pública de 12 estados miembros, desbloqueando 13.000 millones adicionales en inversión privada. Su objetivo es desarrollar la primera infraestructura de procesamiento de datos descentralizada, interoperable y abiertamente accesible de Europa, permitiendo un continuo cloud-to-edge a través de múltiples proveedores.
El proyecto incluye a más de 120 socios industriales y ya ha producido resultados tangibles. En julio de 2025, OpenNebula Systems, presidiendo el Industry Facilitation Group del IPCEI Cloud, lanzó Fact8ra, la primera plataforma AI-as-a-Service multi-proveedor de Europa. Basada en tecnologías de código abierto made in Europe, combinando recursos computacionales de ocho estados.
IPCEI-AI (Artificial Intelligence): Coordinado por el Ministerio Federal de Economía alemán (BMWE). Este proyecto busca crear un ecosistema de IA de próxima generación específicamente para las necesidades de la industria europea. El plan incluye acceso seguro a conjuntos de datos de alta calidad, modelos fundacionales abiertos y competitivos diseñados en Europa, técnicas innovadoras de inferencia y fine-tuning, ofertas sectoriales especializadas (manufactura, logística, robótica, metaverso industrial) y un uso eficiente desde el punto de vista energético de la IA.
Quince estados miembros participan activamente en la configuración del IPCEI-AI, con un procedimiento de expresión de interés lanzado antes de finalizar 2025. La Declaración de Berlín identifica la implementación rápida del IPCEI-AI como medida clave para impulsar productividad y competitividad de Europa. El enfoque es holístico: considera todo el ciclo de vida de los modelos de IA, desde provisión de datos, modelos base comunes, modelos sectoriales altamente especializados, operaciones de IA, acceso abierto y aplicaciones avanzadas.
IPCEI-CIC (Compute Infrastructure Continuum): Este tercer pilar, complementario al IPCEI Cloud y IPCEI-AI, se enfoca en infraestructura computacional distribuida. El objetivo es establecer un continuo computacional soberano y distribuido en Europa basado en arquitectura común para múltiples proveedores, utilizable tanto para soluciones de IA como de cloud.
El Pacto Verde Digital, el AI Act y los IPCEIs representan más que regulación tecnológica o inversión industrial. Son una apuesta sobre qué tipo de futuro digital queremos habitar y quién controla la infraestructura que lo sostiene.
Europa no ganará construyendo la IA más poderosa, sino la más eficiente. Mientras Silicon Valley entrena modelos de un billón de parámetros consumiendo tanta electricidad como ciudades enteras, los modelos europeos especializados; optimizados para tareas industriales específicas, entrenados con datos curados, ejecutados en infraestructura distribuida; podrían ofrecer mejor relación rendimiento/costo/impacto ambiental.
La Declaración de Berlín no es solo otro documento político. Ha supuesto una declaración de independencia digital. Europa finalmente ha entendido que no puede ser potencia geopolítica si su infraestructura crítica y sus datos están legalmente sujetos a gobiernos extranjeros.