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Solo en los últimos cinco años se han destinado más de mil millones de dólares para desarrollar la neurotecnología. Gracias al esfuerzo de cientos de investigadores, hoy estamos más cerca de crear un atlas tridimensional del cerebro humano. Y cada año sabemos más sobre las causas y el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson. Sin duda, la neurociencia está a la vanguardia de la ciencia y la medicina. Cada día, sin embargo, miles de personas mueren porque no pueden recibir la asistencia neuroquirúrgica que necesitan. Las carencias en el acceso a tratamientos y cuidados neurológicos coexisten con desigualdades profundas. En más de 25 países, por ejemplo, todavía no ejerce ningún neurocirujano. Y solo en Japón hay más neurocirujanos trabajando que en toda África. Esta situación debe cambiar.
Neurociencia al servicio del cambio social

La neurociencia puede contribuir a este cambio con un papel destacado. Profesionales de diferentes áreas están trabajando para extender las oportunidades ofrecidas por la neurociencia a las poblaciones más desfavorecidas. A través de programas educativos para formar a nuevos especialistas o investigaciones orientadas a mejorar la asistencia sanitaria de los colectivos más vulnerables, los neurocientíficos pueden poner su trabajo al servicio del cambio social.

En el último informe publicado por la Cátedra VIU-NED de Neurociencia Global y Cambio Social, identificamos diferentes iniciativas en el campo de la salud y neurociencia con capacidad para transformar nuestras sociedades. Intervenciones en el ámbito de la investigación, la asistencia sanitaria, la transferencia de conocimientos, la divulgación y las políticas públicas pueden servir para mejorar las condiciones en las que vivimos.

Por ejemplo, en la actualidad se estima que, por cada 1.000 niños y niñas nacidos en África del Este, habrá entre 3 y 5 casos de hidrocefalia pediátrica, una enfermedad neurológica potencialmente mortal sin un tratamiento adecuado. En más de la mitad de estos casos la causa principal es una infección perinatal. Estos datos se podrían reducir si los profesionales presentes en el parto y durante las revisiones de estos niños tuvieran conocimientos específicos sobre la prevención y el tratamiento de estas patologías. Para eso, se necesita formación especializada.

Al mismo tiempo, no existen programas ni redes de apoyo para estos niños, a diferencia de lo que ocurre en países de nuestro entorno. Resulta impactante que los niños y las niñas con hidrocefalia estén condenados a la desatención por residir en un país con bajos ingresos. Si se impulsaran más programas de estimulación cognitiva, por ejemplo, se podría mejorar la calidad de vida de estos niños. Estos dos ejemplos muestran el potencial de desarrollar intervenciones que fomenten la colaboración de especialistas de diferentes áreas de la neurociencia con sensibilidad social. 

Tanto en la neurociencia como en otras esferas, la vanguardia es necesaria para explorar nuevos horizontes. Pero solo será sostenible si al final conseguimos no dejar a nadie atrás. Por eso, deberíamos asegurarnos que una mayoría de personas tiene acceso a mejores tratamientos, a una educación de calidad o a los últimos avances científicos. Lo mejor debería estar al servicio de todos.

 

*Puedes leer el informe “Neurociencia Global y Cambio Social: Un modelo de cooperación sanitaria” aquí.

 

Dr. Jose Piquer Martínez - Director de Fundación NED

Dra. María José García Rubio – Codirectora de la Cátedra VIU-NED sobre Neurociencia global y cambio social

 

 

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