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En estas fechas, somos muchos quienes hemos aprovechado para acercarnos a las costas y disfrutar de unos días de sol y playa con la mala fortuna, en algunos casos, de encontrarnos con el escenario de una bandera roja ondeando en la playa, señal de que el baño está prohibido por existir un riesgo para nuestra salud. Aunque existen diversas causas que pueden motivar el cierre de una playa para el baño (corrientes, animales peligrosos, etc.), una de las más frecuentes este año ha sido la contaminación de las aguas. Vamos a analizar aquí las causas, los riesgos asociados y las posibles soluciones a esta problemática.
El cierre de las playas por contaminación

Como viene siendo habitual cada año, Ecologistas en Acción ha publicado su Informe Banderas Negras para poner el foco sobre los casos más relevantes de contaminación y/o mala gestión en nuestras costas. De las cuarenta y ocho Banderas Negras otorgadas por Ecologistas en Acción en 2023, doce han sido “por vertidos, deficiencias en los sistemas de saneamiento y graves problemas de depuración”. Estos vertidos de aguas que han sido deficientemente depuradas (o que no lo han sido en absoluto) conllevan una alteración de la calidad del agua, ya sea por la presencia de bacterias fecales o por de agentes químicos peligrosos en concentraciones que, como veremos, suponen un riesgo inaceptable para nuestra salud y para los ecosistemas marinos y que, por tanto, obligan a la prohibición del baño.

En España, disponemos de una ley que regula la calidad de las aguas que pueden ser vertidas al medio marino. ¿Cómo puede ser, entonces, que se produzcan estos vertidos? Pues bien, por una parte, los sistemas de alcantarillado, las estaciones de bombeo y las plantas de tratamiento de aguas residuales son susceptibles de sufrir averías de distinta índole. Un problema que se ve exacerbado por la falta de inversión en su renovación y mantenimiento. Además, las plantas de depuración están diseñadas para tratar un caudal máximo determinado. Cuando este caudal se ve superado, ya sea por lluvias intensas o por un crecimiento no previsto de la población (por ejemplo, en temporada turística), el exceso de aguas residuales saldrá por el aliviadero con destino directo al mar u otro cuerpo de agua, a través un emisario submarino.

A esta problemática debemos sumarle aquellos vertidos que se realizan fuera de la ley, ya sea por desconocimiento de la misma, por roturas de balsas de residuos, o por la avaricia o simple desidia del infractor. Incluso algunas empresas encargadas de la gestión de las aguas residuales han recurrido a realizar vertidos ilegales con el fin de recortar costos.

Las consecuencias de los vertidos para la salud humana o los ecosistemas son variadas y dependen en gran medida del tipo de contaminantes y de su concentración. En el caso de los vertidos de aguas negras y la consiguiente contaminación de las playas por bacterias fecales (coliformes), existe el riesgo de sufrir infecciones que pueden ser gástricas, oculares, auditivas o de las vías urinarias, entre otras. Recientemente, en Inglaterra, hemos visto como cincuenta y siete nadadores se han enfermado con diarrea y vómitos tras participar en un triatlón que tuvo lugar en una playa donde se habían producido vertidos de aguas negras.

La fauna acuática tampoco es inmune a estos episodios de contaminación. Además del riesgo de infección, los vertidos de materia orgánica en el medio marino pueden provocar zonas de baja concentración de oxígeno (anoxia) las cuales conducen a la muerte masiva de las especies allí presentes. Episodios de este tipo han sido registrados en los últimos años en el Mar Menor, lamentablemente con demasiada frecuencia.

Como hemos visto, los problemas de contaminación de las playas suponen un riesgo importante para la salud de los seres humanos y los ecosistemas, además del incordio del cierre de las playas en plena temporada vacacional. Para atajar estos problemas, la Administración pública debería apostar por la modernización de las infraestructuras implicadas: estaciones de bombeo, estaciones de depuración, emisarios submarinos, etc. También, se debe seguir invirtiendo en redes de alcantarillado separativas (esto, es, que evacuan por separado las aguas pluviales de las aguas negras) para no sobrecargar las estaciones de depuración. Por último, se debería legislar para que los delitos por contaminación del medio marino conlleven multas suficientemente elevadas como para disuadir a los delincuentes ambientales, así como poner los medios para velar por el cumplimiento de estas leyes.

Tenemos el deber ético de proteger las playas, no sólo para salvaguardar nuestras vacaciones, sino también preservar nuestra salud y cuidar del medioambiente.

 

Mario Alfonso Inclán Nafría.

Profesor del Máster en Ingeniería y Gestión Ambiental de la Universidad Internacional de Valencia - VIU.

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