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Un futuro verde para la automoción: la descarbonización impulsa el cambio

En un mundo que enfrenta una crisis climática cada vez más apremiante, la descarbonización es el factor clave. Como CEO de CINESI, consultoría de movilidad y transporte, me complace ver cómo se intensifican los esfuerzos para reducir la huella de carbono en la industria y en concreto en la industria automotriz. Si bien el camino hacia la descarbonización es largo y desafiante, existen razones para ser optimistas.

La descarbonización del sector de la automoción es mucho más que una cuestión tecnológica, puesto que se trata de una cuestión de política pública. Los gobiernos desempeñan un papel fundamental en la promoción de la movilidad sostenible. Políticas como incentivos fiscales para VE, restricciones de emisiones más estrictas y el desarrollo de infraestructura de carga son pasos en la dirección correcta. Sin embargo, es importante señalar que la legislación y las pautas deben ser coherentes y ambiciosas para acelerar la adopción de vehículos limpios.

Uno de los principales pilares en los que se centra la industria de la automoción para alcanzar esta descarbonización es la electrificación de los vehículos. Los vehículos eléctricos (VE) se han convertido en una alternativa prometedora a los motores de combustión interna tradicionales. Ofrecen una manera de reducir drásticamente las emisiones de carbono. Además, muchos están implantado sistemas de producción más sostenibles a la hora de fabricar los vehículos: sistemas de trabajo y fabricación más eficientes, energía procedente de fuentes renovables, pinturas y materiales ecológicos y/o reciclados y reacondicionamiento de piezas entre otras.

Ciertamente, todas estas iniciativas ayudarán a conseguir los objetivos de la Comisión Europea que en 2021 propuso el fin de la venta de vehículos de gasolina, diésel e híbridos para 2035. A su vez, la Ley de Cambio Climático española prohíbe su venta en 2040 y el Pacto Verde europeo establece 2050 como la fecha a partir de la cual la Unión Europea (UE) debería ser "neutra en emisiones".

La tecnología autónoma y la conectividad también desempeñan un papel crucial en la descarbonización. Los vehículos autónomos pueden optimizar la eficiencia del combustible al reducir la congestión del tráfico y mejorar la planificación de rutas. La conectividad, por su parte, permite una gestión más inteligente del tráfico y la flota, lo que reduce el consumo de combustible y las emisiones.

A nivel de la administración pública, otra medida importante que se está adoptando en muchas ciudades europeas es la creación de zonas de bajas emisiones. Estas áreas restringen o desincentivan el uso de vehículos privados altamente contaminantes, promoviendo en su lugar el uso del transporte público, la bicicleta y la micro movilidad. Esta iniciativa no solo reduce las emisiones, sino que también mejora la calidad del aire y ruido en las áreas urbanas, lo que beneficia la salud de los ciudadanos. Concretamente, la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, aprobada en 2021, obliga a todos los municipios españoles de más de 50.000 habitantes a tener ZBEs, una medida que ha entrado en vigor en 2023. Sin embargo, sólo 17 de los 151 de los municipios españoles que, según la normativa tienen esta responsabilidad lo han hecho hasta ahora.

El fomento del uso de la bicicleta es una estrategia doblemente efectiva, ya que no solo reduce las emisiones de carbono, sino que también promueve un estilo de vida más activo y saludable. En definitiva, se trata de una opción que supone una clara combinación entre ocio y deporte, junto a una forma de transporte sostenible. Las ciudades europeas están invirtiendo en infraestructura para ciclistas y adoptando políticas que hacen que la bicicleta sea una opción más atractiva para desplazamientos cortos y medios. De hecho, el uso de la bicicleta está en máximos históricos en España y ya son casi 20 millones de personas, según se ha publicado en diversos medios de comunicación, las que las utilizan regularmente en una apuesta por la movilidad sostenible.

En resumen, la descarbonización es una cuestión de alta complejidad que requiere la colaboración de múltiples partes interesadas, desde gobiernos hasta la sociedad civil y la propia industria. A medida que avanzamos hacia un futuro más verde, es esencial que sigamos impulsando la innovación, adoptando políticas sólidas y fomentando la conciencia pública sobre la importancia de reducir nuestras emisiones de carbono. El cambio es posible, y la descarbonización de la automoción es un paso crucial hacia un mundo más limpio y sostenible.

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