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El 24 de agosto se producía un hito en el pueblo del Valle de Lago (Asturias), por primera vez en la historia, como comentaban los mayores del lugar, se reunían los vecinos para tratar los temas del pueblo. Y es que los motivos eran suficientemente importantes: además de la llegada de la fibra óptica, la situación de abandono en la que se encontraba el pueblo, conscientes del potencial riesgo ambiental, pero también económico y social que esto podía conllevar. Pero ¿en qué te puede afectar a tí, que estás leyendo este artículo, esta historia?
La gran lección de sostenibilidad que nos da un pueblo de Asturias

Valle de Lago se encuentra dentro del Parque Natural y Reserva de la Biosfera de Somiedo, el primer Parque Natural que tuvo Asturias, allá por 1988, y que en el 2000 también fue declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO. No en vano el parque alberga a más de 1.000 distintas especies catalogadas de flora, es zona de especial protección para las aves y se caracteriza por ser el refugio del oso pardo. Motivos que junto con la buena comida, la oferta turística y la buena gente que lo habita, hacen que reciba al año más de 130.000 visitas de turistas, que ayudan al desarrollo económico de la zona y a luchar contra la despoblación.

Y en este entorno Valle de Lago es uno de los principales focos turísticos de la zona, ya que el Lago del Valle, al que debe su nombre. Un lago glacial, que además de ser el lago de mayor extensión de toda Asturias, es conocido por el entorno, las rutas de montaña que llegan a él y la isla que tiene en su interior.

Pues bien, en esa noche de verano asturiano, los vecinos priorizaron reunirse en la casa del pueblo, que se quedó pequeña ante el éxito de convocatoria, para tratar temas que me hicieron pasar del asombro a la indignación, pero también al orgullo por un pueblo que sin ser ecologistas o saber de sostenibilidad, tenían un objetivo común: garantizar la sostenibilidad de un entorno único y de valor incalculable también para todos nosotros.

Empezaron por la falta de limpieza de una bella laguna situada en la entrada del pueblo y de la acumulación de basura a su alrededor. Una laguna convertida en embalse hace cien años y explotada por la energética EDP, pero que desde hace unos años se había dejado de limpiar, con los problemas de salubridad para vecinos y turistas además de mala imágen. Un problema que había sido noticia en medios de comunicación semanas antes, por las denuncias por parte de los vecinos ante la falta de respuesta de los responsables.

Un punto agravado por la falta de depuración de aguas residuales, al tener más de veinte años la única depuradora de la que dispone el pueblo y no estar adaptada a su crecimiento ni a sus picos de actividad turística y ganadera. Un problema para cualquier pueblo al poner en riesgo la salud de la población y la integridad de los ecosistemas, pero más aún considerando el impacto ambiental irreversible que puede generar en un entorno reserva de la biosfera.

También era motivo de preocupación la falta de limpieza y mantenimiento programado de las vías secundarias. Vías usadas de forma habitual por turistas y ganaderos, pero que también son los únicos cortafuegos de los que dispone la zona y que evitaría un mal mayor en el caso de incendio. Impensable que un Parque Natural y Reserva de la Biosfera desde hace tanto tiempo, consciente del daño que un incendio puede provocar, no dispusiese de estas medidas preventivas básicas.

Pero también denunciaban la inseguridad de la única carretera de acceso y una de las más transitadas del concejo o el abandono de los lavaderos, que lejos de tratarse como bien turístico y patrimonio cultural de la zona, se encuentran en estado de abandono y casi derrumbe. Un pueblo unido, que exponían una tras otra, no mejoras o peticiones personales, sino  medidas imprescindibles para el pueblo, necesidades básicas para una zona de riqueza natural incomparable e irremplazable. Un pueblo orgulloso de su cultura y su historia que eran más que conscientes de que la sostenibilidad económica, ambiental y social depende de que podamos mantener el legado que nuestros abuelos y ancestros nos han dejado, para que lo disfruten también nuestros hijos, nietos y futuras generaciones.

No se entró a discutir cómo se había permitido llegar a esa situación durante tantos años, ni de los problemas de falta de ética y buen gobierno, ni de las excusas que los diferentes responsables habían dado para la falta de gestión. Pero sí se habló de la necesidad de proteger y garantizar la sostenibilidad de este tesoro, un entorno privilegiado y reserva de la biosfera del que se sienten guardianes y responsables. 

Hablamos de sostenibilidad, de biodiversidad y del ODS15. Pero en un pueblo, que está dentro de una reserva de la biosfera hace 23 años, Parque Natural desde hace 35 y con presupuestos asociados para su preservación, son los descendientes de los que lo preservaron los que vuelven a preocuparse por su cuidado y conservación. Ojalá todas aquellas personas de las  organizaciones que tienen la responsabilidad directa o indirecta para poder llevar a cabo las acciones y solucionar esta situación, y que en muchas ocasiones llevan la “sostenibilidad” y la preservación de la naturaleza por bandera: Principado de Asturias, Red de Parques Naturales, Red Natura 2000, Ayuntamiento de Somiedo, Parque Natural y Reserva de la Biosfera de Somiedo, EDP, Aqualia, medios de comunicación, incluso tú que me estás leyendo que puedes contribuir con la difusión de este artículo, seamos también parte de este cambio, asumamos nuestra responsabilidad y empecemos a preservar de forma real, incluso mejorar, los tesoros que tenemos y que con tanto esfuerzo nuestros mayores nos entregaron, porque esta será la base que garantice nuestra sostenibilidad.

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