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En España, más de 13 millones de ciudadanos se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, según los datos de la tasa AROPE (At Risk Of Poverty and/or Exclusion). Y sobre esta realidad, el 8% de la población están en situación de carencia material severa. Esto significa que casi cuatro millones de españoles no pueden cubrir necesidades de consumo básico a nivel europeo. Por ejemplo irse de vacaciones al menos una semana al año, permitirse una comida de carne o pescado cada dos días o disponer de una lavadora.
Las empresas tienen la oportunidad de liderar el cambio hacia una sociedad más equitativa

Estos son solo algunos datos que recogemos en nuestro informe anual Productos y servicios inclusivos. Una respuesta empresarial a la vulnerabilidad en España. La vulnerabilidad y la exclusión en nuestro país tiene muchas caras, y es necesario investigar sobre ello para encontrar soluciones duraderas.

En España, se está presenciando un fenómeno preocupante conocido como “cronificación de la pobreza”. Una situación que afecta especialmente a personas con niveles críticos de vulnerabilidad, que se ha visto agravado por diversos factores como la pandemia, la crisis energética derivada del conflicto en Ucrania y la inflación, que ha incrementado significativamente el coste de vida.

De hecho, aunque España es la cuarta economía de la zona euro, la brecha entre el 20% de la población con mayores ingresos y el 20% más pobre sitúa al país a la cola de Europa: sólo existe más desigualdad en Letonia, Rumanía y Bulgaria, según el último informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN-ES). El mismo estudio pone el acento en la preocupante cuestión de la pobreza infantil, resaltando que los hogares con las tasas más altas de pobreza y/o exclusión son precisamente aquellos en los que viven niños y adolescentes.

Ante este escenario, la iniciativa empresarial desempeña un papel crucial por su capacidad de generar riqueza y empleo, y su impacto en la sociedad. El sector privado es el principal motor de desarrollo económico, por lo tanto, resulta lógico considerarlo una pieza clave para combatir la desigualdad. La falta de oportunidades económicas, la precariedad laboral, el desempleo y la falta de acceso a servicios financieros provocan la exclusión social. Y ahí, la empresa tiene mucho que decir. No puede permanecer indiferente. Es el momento de dejar atrás de forma definitiva la dinámica obsoleta que considera la maximización de ingresos como único objetivo y dejar paso a una nueva forma sostenible de hacer negocios que beneficie también a las personas más desfavorecidas de la sociedad.

Apostar por los negocios inclusivos es mucho más que apostar por la acción social y la filantropía. Los negocios inclusivos son modelos de negocio que ofrecen productos y servicios pensados para atender las necesidades de la población desfavorecida sin perder de vista el modelo de negocio o la viabilidad financiera. Además, desde los diferentes grupos de interés, se demanda cada vez más generar un impacto social positivo en la sociedad y el medioambiente. Por mencionar sólo dos de ellos, la “S” de los factores ESG, se está convirtiendo en un aspecto crítico para la captación del talento o el acceso a financiación.

También los consumidores esperan de las compañías que no solo les resuelvan un problema o una necesidad, sino que eviten otros y que estén contribuyendo de una forma activa a la solución de los conflictos estructurales que causan la desigualdad.

Es por ello por lo que los negocios inclusivos se presentan como un beneficio para la compañía, que garantizan oportunidades de negocio y contribuyen a su propia sostenibilidad en el medio y largo plazo. El momento de apostar es ahora: la sociedad y la población más desfavorecida lo demandan y el sector privado puede ser el motor de una transformación que genere beneficios para todos y ponga en valor su contribución para reducir la desigualdad y la exclusión. Al fin y al cabo, está en la naturaleza del sector privado ofrecer soluciones innovadoras a los problemas de la sociedad. Toda empresa, en su origen, nace para dar respuesta a una necesidad y, a través de sus negocios, puede contribuir a crear una economía al servicio de las personas.

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