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El impuesto al plástico es necesario para proteger nuestro medio ambiente

Voy a empezar ganándome algunos enemigos porque, sí, voy a defender un impuesto más. En los últimos años, hemos sido testigos de cómo nuestro infalible aliado el plástico, ese que servía desde para hacer juguetes hasta mantener nuestra comida en condiciones por más tiempo se había ido convirtiendo en uno de los peores enemigos de nuestro medio ambiente: desde la contaminación de los océanos hasta la acumulación de desechos en los vertederos. Es evidente que se requieren acciones concretas para abordar este problema, por ello, la implementación de un impuesto al plástico se ha convertido en una medida clave que podría tener un impacto significativo en la reducción de su uso y fomentar alternativas más sostenibles.

Permítanme ahora, mis nuevos enemigos, defender la afirmación que acabo de hacer. El impuesto al plástico no es una medida arbitraria ni punitiva, sino más bien una estrategia encaminada a internalizar los costos ambientales asociados con su producción y consumo. Actualmente, el plástico es ampliamente utilizado en una gran variedad de productos debido a su bajo costo de producción y durabilidad (con facilidad pensamos en las bolsas de plástico, cada vez más sustituidas por otros medios, pero nos olvidamos de la cantidad de objetos que usamos a diario fabricados con él o que tienen algún elemento decorativo o práctico fabricado en plástico). Sin embargo, estos beneficios económicos ocultan los impactos negativos que tiene en nuestro entorno. Cabe aquí recordar que, aunque los procesos y lo materiales han mejorado, el plástico requiere de 100 a 1000 años para desaparecer, mientras seguimos acumulando más y más desechos del mismo. Ya se habla de la ingesta humana de microplásticos a través de los peces o de que pueden encontrarse cinco islas artificiales, la mayor de ellas de un tamaño equivalente a Francia, España y Alemania juntas, compuestas únicamente de restos plásticos y que amenazan con erradicar buena parte de la vida marina y contribuyen al cambio climático.

La imposición de un impuesto al plástico permitiría que los costos ambientales se reflejen en su precio, lo que fomentaría a los consumidores y las empresas a buscar alternativas más sostenibles. Además, los ingresos generados por este impuesto podrían destinarse a programas de educación ambiental, investigación y desarrollo de tecnologías más amigables con el medio ambiente. En el caso español, por ejemplo, también está sirviendo para compensar los ingresos perdidos con la rebaja del IVA.

Uno de los principales argumentos en contra del impuesto al plástico es que podría afectar a los sectores económicos que dependen de su uso, como la industria de envases y embalajes. Sin embargo, es importante destacar que esta medida no busca eliminar por completo el plástico, sino más bien reducir su consumo excesivo y promover su uso responsable. Además, fomentaría la innovación y la creación de empleos en sectores relacionados con alternativas más sostenibles, como materiales biodegradables y reciclables.

Además, el impuesto al plástico podría tener un impacto positivo en la salud humana. Muchos plásticos contienen productos químicos tóxicos que se liberan gradualmente con el tiempo, lo que puede tener efectos perjudiciales para quienes los utilizan o están expuestos a ellos. Al desincentivar su uso, se reduciría la exposición a estos productos químicos y se promovería un entorno más saludable para todos.

Es importante mencionar que varios países y ciudades alrededor del mundo ya han implementado con éxito impuestos al plástico. Países como Irlanda, Dinamarca y Canadá han demostrado que estas medidas pueden ser efectivas para reducir el consumo de bolsas de plástico y fomentar cambios en los patrones de consumo. Además, se ha observado un aumento en la conciencia pública sobre el problema del plástico y la necesidad de tomar medidas para abordarlo.

En conclusión, el impuesto al plástico es una medida necesaria y efectiva para proteger nuestro medio ambiente y promover la transición hacia una economía más sostenible. Al internalizar los costos ambientales, este impuesto fomentaría la reducción del consumo de plástico, la innovación en materiales sostenibles y la protección de la salud humana. Si queremos garantizar un futuro más limpio y saludable para las generaciones venideras, es fundamental que apoyemos y promovamos este tipo de medidas. Solo a través de acciones concretas podremos revertir el daño causado y construir un mundo más sostenible. España es el primer, y único por ahora, país de la Unión Europea que ha aplicado un impuesto al plástico más allá de las bolsas, veremos si cunde el ejemplo.

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