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Tecnología y eficiencia energética para un futuro sostenible

Desde hace años, el control de la calidad de aire en hogares y comercios ha sido una práctica habitual en países con niveles elevados de contaminación, como China. No obstante, la irrupción de la Covid-19 en 2020 ha sido uno de los grandes detonantes para impulsar un uso mucho más generalizado a nivel global de aquellas soluciones que ayudan a monitorizar la calidad del aire en el interior de los edificios y, de este modo, proteger nuestra salud.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, prácticamente el 99% de la población mundial respira aire que supera los límites de calidad recomendados. Más allá de la polución, también existen otros factores como la presencia de gases (CO2), partículas en suspensión, compuestos orgánicos volátiles (TVOC) o la humedad, que influyen en la calidad del aire que respiramos en nuestros hogares, o cuando estamos en oficinas, hospitales o centros educativos, por ejemplo. De hecho, la calidad del aire toma especial importancia en aquellos edificios muy concurridos, en los que hay muchas personas en un mismo espacio, y con una ventilación limitada. El motivo es que este aire no se renueva, y se satura con las emisiones naturales de la respiración, con la posible presencia, además, de virus como podría ser la gripe o la Covid-19, por ejemplo. A todo ello hay que sumar factores como los sistemas de refrigeración o calefacción, que pueden facilitar que entren contaminantes al edificio si no tienen un buen mantenimiento o se han instalado incorrectamente. Además, más allá de cuestiones de salud, controlar la calidad del aire también es fundamental para aumentar el confort, el bienestar térmico y la higiene de las personas que se encuentran en el interior de un edificio.

Por todo ello, se hace esencial poder contar con herramientas que permitan controlar la calidad del aire, con el objetivo de poder aplicar medidas correctivas en caso de que sea necesario. Como decía el físico y matemático británico, William Thomson Kelvin, “Lo que no se mide, no se puede mejorar”.

Un buen ejemplo de esta necesidad son nuestras universidades, pues son edificios con muchos espacios cerrados en los que conviven, durante muchas horas seguidas, grandes grupos de estudiantes. Esta dinámica fomenta la exposición de las personas a altas concentraciones de CO2, así como a la transmisión de posibles virus. Además, en este caso, junto con los aspectos más vinculados a la salud, también hay que tener en cuenta otros factores, quizás menos aparentes, como la capacidad de concentración y el rendimiento académico. Porque la calidad del aire también puede afectar al rendimiento de los y las estudiantes. Hay diferentes estudios que muestran que, si la ventilación del espacio es insuficiente, si hay demasiada humedad o si, por el contrario, el ambiente es muy seco, puede impactar negativamente en el bienestar de las personas y, por ende, en su capacidad de concentración.

A primera vista, y de forma aislada, estos factores pueden parecer temas menores pero, en su conjunto, realmente pueden jugar un papel importante en el rendimiento académico de los estudiantes.

El control de la calidad del aire y la creación de entornos más eficientes y saludables es una de nuestras prioridades en Dexma. Siguiendo con el ejemplo de las universidades, uno de nuestros casos de éxito más recientes es el proyecto QaireUPC, en el que la Universitat Politécnica de Catalunya contó con nuestra tecnología para centralizar y comunicar en tiempo real toda la información recogida a partir de la instalación de 850 sondas en diferentes espacios de la universidad, como por ejemplo las aulas o las bibliotecas. Esto nos permitió hacer un seguimiento de la calidad del aire respirado en 9 de sus campus, con 18 centros docentes, repartidos en 7 ciudades de Cataluña distintas.

A través de la Plataforma Dexma, se pudieron recopilar, centralizar, organizar y monitorizar todos estos diferentes datos en tiempo real, se pudo detectar la presencia de todos aquellos factores nocivos para la salud de los estudiantes, y se pudo establecer un sistema de comunicación masivo, para así, contribuir a su bienestar y, al mismo tiempo, a su rendimiento académico. Asimismo, esta red de sensores además de optimizar las condiciones de los interiores de la universidad y mejorar sus sistemas de ventilación y renovación del aire, también nos permitió detectar oportunidades de ahorro y necesidades de mejoras energéticas, cuando los sistemas de climatización no alcanzaban las temperaturas establecidas.

De nuevo, la tecnología está jugando un papel determinante en un futuro más sostenible y saludable para todos. Herramientas apoyadas en tecnologías como la IA o el Big Data ya están abriendo nuevas posibilidades para crear un futuro con espacios más limpios y sostenibles para todos.

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