Igualdad más allá del 8 de Marzo

Ya ha pasado el 8 de marzo y son frecuentes las peticiones por parte de empresas para dar conferencias sobre la igualdad de oportunidades, la diversidad de género, el empoderamiento de las mujeres, etc. Siempre he defendido la importancia de esta fecha para recordar y reconocer la labor y la lucha de muchas mujeres, y algunos hombres, para que otras disfrutemos hoy de muchos derechos que durante tiempo nos fueron negados. Así como para seguir poniéndo el foco y el esfuerzo en seguir trabajando por la erradicación de cualquier forma de discriminación que se de en nuestra sociedad.

Sin embargo, desde hace años contemplo con tristeza el uso inadecuado e irresponsable de este día. Mucha empresa lo ha convertido en un producto, un “lavado de imagen” que está derivando en un espectáculo exhibicionista: publicación de fotos de “sus mujeres” acompañadas de frases de apoyo, halago y reconocimiento, teñir los perfiles en redes sociales de la empresa de morado cambiando sus colores corporativos, proliferación de charlas, talleres y jornadas para hablar de la igualdad de oportunidades, la diversidad de género o la inclusión, como si en el resto del año no fuera necesario.

El pinkwashing, purplewashing y feministwashing son especialmente sangrantes en estas fechas. Recientemente, me ha ocurrido algo, al respecto, que me ha impulsado a escribir este artículo. 20 de febrero por la mañana, recibo un mensaje a través de LinkedIn de una empresa industrial, española, con presencia en más de 20 países y más de 6000 personas empleadas. Me contactan para dar una conferencia el 8 de marzo dirigida exclusivamente a las mujeres que trabajan en una de las plantas, en puestos de ingeniería y administrativos. Me piden que la conferencia sea inspiradora y de superación personal y quieren que la imparta una mujer, que trabaje en temas de diversidad e inclusión, por eso me han contactado.

En mi cabeza ya empiezan a agolparse preguntas: ¿el 8 de marzo es solo una cuestión de mujeres? ¿reivindicar la igualdad atañe solo a las mujeres? ¿los hombres de esa empresa no necesitan inspiración y superación? ¿el resto del año nadie necesita en esa empresa de inspiración y superación? y alguna que otra más. Aun así, como siempre, respondo agradeciendo que hayan pensado en mí, y les pido mantener una conversación telefónica para conocer más detalles y poder darles una respuesta.

Voy a omitir muchos detalles de la conversación, porque daría para unos cuantos artículos. Después de varias preguntas les respondo que estaría disponible para esa fecha y cuáles son mis honorarios por conferencia. La respuesta es que estaban buscando algo que fuera gratis. Lógicamente les dije que no daba conferencias gratis, salvo en algunos casos, para ONG y entidades no lucrativas, con las que colaboraba por defender causas en las que creo y apoyo. 

Estamos hablando de una empresa que factura más de 3400 millones de euros anuales y no es capaz de pagar por una conferencia para inspirar a parte de su personal, concretamente al 14%, que representan las mujeres en la compañía. Que, por supuesto en su memoria de sostenibilidad habla de la importancia de la diversidad y de todo lo que hacen para favorecerla, entre otras cosas apostar por un liderazgo inclusivo y poner en marcha un proyecto específico para “concienciar y sensibilizar sobre la igualdad entre mujeres y hombres y la necesidad de romper con viejos paradigmas sexistas”.

No me parece a mí ni muy diverso, ni muy inclusivo que las actividades del 8 de marzo solo estén dirigidas a mujeres. Tampoco me parece que haya un compromiso real con la igualdad, la diversidad y la inclusión, cuando a esas mujeres les quieres ofrecer una conferencia inspiracional y de superación que sea gratis. Tampoco considero muy socialmente responsable este tipo de prácticas en las que unos ganan a costa del sacrificio de otros: una empresa que factura millones de euros pretende dar una imagen de apoyo a la igualdad con una actividad dirigida a las mujeres de la compañía el 8 de marzo, supongo que con la intención de tenerlas atendidas y contentas para que trabajen más y mejor, utilizando el tiempo de otra mujer sin pagarla.

La responsabilidad social de las empresas es mucho más que unas frases en la memoria de sostenibilidad, mucho más que una actividad en pro de la igualdad el 8 de marzo, mucho más que declaraciones y campañas de marketing. Sin compromiso real, sin acción, sin inversión de tiempo y dinero no podemos hablar de responsabilidad, y sin todo ello nada cambia y seguiremos siendo una sociedad desigual, injusta e irresponsable. 

El 8 de marzo se ha mercantilizado, como otras muchas iniciativas, cada vez es más marketing y menos compromiso. En días próximos a la fecha asistimos a una fiebre colectiva por “venderse” y “parecer” los más “pro igualdad”, los más inclusivos y los más defensores de la diversidad de género. Se nos olvida que la igualdad es una demanda social, no una mercancía con la que comerciar. No puede ser, como denuncia la periodista y escritora Brenda Chávez, especialista en consumo y sostenibilidad, que creamos que apoyamos la igualdad llevando una camiseta con el eslogan “Yes I am a Feminist” (“Sí, soy feminista”), sin reparar en que ha sido fabricada y vendida por una marca en la que el 80 por ciento de las manufactureras son mujeres racializadas en países como Bangladesh, Camboya, Vietnam, México, Marruecos y Turquía, percibiendo salarios ínfimos. No podemos permitir ningún 8 de Marzo plagado de camisetas, con mensajes feministas, que han sido cosidos por mujeres sobreexplotadas.

Mientras la igualdad de oportunidades, la diversidad y la inclusión no dejen de ser un medio para lograr mejorar la imagen de marca, más ventas o mayor rentabilidad no podremos hablar de responsabilidad social de las empresas y de compromiso con la igualdad. La igualdad de oportunidades debe ser un fin, no un medio, algo por lo que hay que trabajar todos los días para lograr que sea real, con independencia de la inversión en tiempo y dinero que sea necesario para ello, así como los privilegios a los que haya que renunciar. También es necesario que las mujeres tomemos conciencia de cómo nos están usando y nos estamos dejando usar en todo este circo exhibicionista del “marketing de la igualdad”.

Menos campañas publicitarias, menos eslóganes, menos fotos y frases de empoderamiento en el 8 de marzo y más congruencia en el actuar cotidiano, más inversión en tiempo y dinero para hacer que la igualdad de oportunidades sea real y efectiva, y más días de atención a todo ello, más allá del 8 de marzo. Debemos cuidar la igualdad como cuidamos de nuestros hijos, no seríamos padres o madres responsables si solo nos acordamos de ellos el día de su cumpleaños.

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