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La Cumbre Mundial del Clima que se celebra en Sharm el-Sheikh (Egipto) tiene lugar en un contexto marcado por fenómenos meteorológicos extremos, una crisis energética derivada de la guerra de Ucrania y datos científicos que insisten en la urgencia vital de atajar las emisiones de gases de efecto invernadero. Por tanto, se espera que esta COP27 sea recordada como la conferencia donde las negociaciones den un paso al frente en la aplicación y ejecución de los compromisos asumidos.

Como compromisos base y sobre los que giran todas las medidas a implantar se encuentran estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero de la atmósfera y limitar el calentamiento global a 1,5 °C por encima de las temperaturas preindustriales.

Si bien la COP26 culminó con el Pacto Climático de Glasgow, manteniendo vivo el objetivo de frenar el calentamiento global, lo hizo con un pulso débil y sin traducirse en acciones o reacciones suficientemente relevantes. Fueron muchas las promesas que se lanzaron al aire sobre el alcance de las cero emisiones netas o la protección de los bosques. No obstante, queda camino por recorrer y este año deben transformarse en medidas completas, oportunas, inclusivas y teniendo en cuenta la escala de aplicación sobre el terreno.  

Por ello, la COP27 puede y debe suponer un hito relevante en la materialización de cinco temas clave: naturaleza, alimentos, agua, descarbonización de la industria y adaptación al clima. La convergencia de naciones, ONG, sociedad civil y un mundo empresarial que integra la sostenibilidad en su desempeño, resulta imprescindible para dar los pasos necesarios para avanzar en este camino. Alcanzar un acuerdo requiere de la participación inclusiva y activa de todas las partes interesadas y será fundamental reforzar las relaciones y alianzas entre gobiernos, empresas y sociedad para hacer frente a la transición energética y a la transformación que el mundo necesita.

Estas relaciones pueden encontrar cabida dentro de dos líneas de actuación: la primera de ellas se basa en la mitigación, asumiendo una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, ya sea a través del uso de nuevas tecnologías y fuentes de energía renovables, del aumento de la eficiencia energética o de cambios en prácticas de gestión o comportamientos del consumidor. Por su parte, la segunda línea pasa por la adaptación -estrechamente vinculada y unida a la idea de mitigación - a través de todas aquellas medidas que cada país, empresa, institución o persona, adapte a medio y largo plazo frente a los efectos del cambio climático, ayudando e incitando a otros a hacer lo mismo.

Concretamente, desde el punto de vista empresarial, el marco regulatorio ha sido un aliciente e impulsor a la hora de integrar la sostenibilidad y los criterios ASG dentro de la actividad y del negocio. La sostenibilidad se posiciona como un intangible clave en las organizaciones que aplica a toda la compañía en su totalidad: desde sus distintas áreas y departamentos, hasta todos y cada uno de los productos y servicios que ofrece. Por supuesto, las organizaciones que buscan ser competitivas generando riqueza y valor compartido de una manera equilibrada y sostenible tienen un gran reto por delante: introducir una perspectiva multistakeholder y multidimensional en la toma de las decisiones estratégicas.

Hoy más que nunca, se necesitan indicadores, modelos y herramientas que ayudan a la alta dirección en la toma de decisiones. Por ello, el marco regulatorio resulta imprescindible para poder avanzar en la integración de políticas de sostenibilidad que aboguen por los principales compromisos que se asumen en encuentros como la COP27.

Tal y como afirma António Guterres, secretario general de la ONU: “el mundo no puede esperar". El contexto actual demanda una actuación urgente y un compromiso sincero para hacer frente al cambio climático. Este camino que estamos recorriendo instituciones, países, empresas y personas, no puede progresar si no lo hacemos de una manera conjunta. Nos necesitamos unos a otros de forma mutua y constante. Nuestras relaciones no pueden ser fugaces, sino que deben mantenerse de forma sostenible y perdurable en el tiempo. Por tanto, la colaboración y la escucha activa y atenta hacia todas las conclusiones que surjan tras las COP27, resultan imprescindibles para marcar una hoja de ruta a seguir. La traducción de este discurso a hechos es inminentemente necesaria.

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OpiniónCOP27

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