Europa ha sentado las bases para la descarbonización y la actuación frente al cambio climático. Las empresas españolas ya están en camino hacia el cumplimiento de los objetivos, pero ciertos problemas estructurales y de financiación privada obstaculizan este proceso. Por ello, es preciso promover soluciones rentables para todas las partes. Europa avanza imparable en la implementación de soluciones por la emergencia climática. Los objetivos de sostenibilidad ya forman parte de los principios, la cultura y la estrategia de crecimiento de todos los países y se hacen reales con la firma de acuerdos internacionales.
España está a la cola de Europa en descarbonización

Así, nuestro continente es pionero en la propuesta de un entorno Net Zero de cara a 2050, y en la promoción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030. Las directrices europeas atienden tanto al deber de protección del medioambiente como a la descarbonización eficiente. En esta línea, las empresas que se unen al cambio solicitan amparo y costes más reducidos en todo el proceso para que la transformación les sea rentable.

España también ha introducido su propio reto de carbón neutral a través del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) para 2030, que deja nueve años por delante para cumplirlo y asumir, al mismo tiempo, los objetivos europeos. Una meta muy ambiciosa que se traduce en un desafío mucho más duro para nuestro país que para el resto de Europa. Además, el punto de partida para la descarbonización ya es complejo de por sí porque emitimos 300 millones de toneladas de CO2 cada año, la misma cifra que en 1990, y llegar a la meta supondría su reducción en un 23% en poco tiempo.

Afortunadamente, España ya ha comenzado el proceso de descarbonización. Según el Inventario Nacional de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero de julio de 2021, las emisiones se han reducido en un 6,2% desde 2019, pero los procesos energéticos, como los producidos por el transporte o la industria, siguen siendo responsables de un 75% de las mismas. Por ello, concluimos que el único camino para la descarbonización es evolucionar hacia formas más sostenibles de obtención de la energía.

La electricidad se sitúa como solución preferida para la descarbonización. Esta fuente solo produce un 13,5% del CO2 gracias a la introducción de las energías renovables y la sustitución del carbón por el gas natural, pero el cambio sigue suponiendo un gran obstáculo para el tejido empresarial y la sociedad en general. El cada vez más elevado precio de la electricidad y la presencia de tecnologías obsoletas que no permiten la integración de sistemas de alimentación por vía eléctrica en las empresas ya consolidadas son los principales inconvenientes de carácter estructural y requieren de gran liquidez para su transformación. Además, pese a que no vamos desencaminados al considerar que hay que hacer esfuerzos en la descarbonización de las centrales térmicas, todavía quedaría por actuar ante el 85% de las emisiones restantes que producen otros sectores.

Aunque en tantas otras compañías sí se están llevando a cabo planes de sostenibilidad a partir de tecnologías competitivas, como el transporte ligero, la mayor parte de los negocios no cuenta con la madurez necesaria, muchas veces por falta de foco en I+D+I. Y es que, a pesar de toda la maquinaria y financiación que se facilita a partir del Green Deal o los fondos Next Generation para facilitar la transición energética, es necesario que 4 de cada 5 euros de capital privado se inviertan en la descarbonización.

Precisamos trabajar en conjunto e impactar en todos los terrenos al para llegar a los objetivos europeos de neutralidad de carbono. Eso solo será posible si presentamos proyectos que miren tanto por la sostenibilidad como por el interés de negocio de las empresas. Por eso, la única forma de descarbonizar nuestra economía es combinar la eficiencia energética, las energías renovables, la economía circular y la compensación.

Toda una serie de alternativas rentables para facilitar las estrategias Net Zero de las compañías españolas, que serán las principales protagonistas del cambio a través de la descarbonización y lograrán, así, un futuro verde para todos.

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