La desigualdad es poliédrica, y la justicia también

Vivimos en un mundo dependiente de los recursos naturales y la biodiversidad y nuestro bienestar como sociedad depende del respeto a los límites de la salud del planeta. Actualmente, menos de un 20 por ciento de la sociedad consume más de un 80% de los recursos naturales del planeta, desencadenando una crisis climática y ambiental sin precedentes en la historia reciente de la Tierra.

El 80% restante que vive con una huella ecológica asumible para la tierra es el que sufre las peores consecuencias de esta crisis ambiental, pues habita en las regiones más expuestas al cambio climático, con menos recursos para hacer frente a los riesgos naturales y que ven cómo se expolian, día tras día, su tierra, sus recursos, para seguir alimentando la economía de consumir y tirar.

Si queremos definir la justicia ambiental, urge replantear el modelo económico, adecuarlo a los ciclos vitales del planeta y no dejar a nadie atrás. Pero también hacen falta recursos para enfrentar lo que ya es inevitable: económicos, intelectuales, y materiales y aplicar principios de reparación. Y sobre todo, necesitamos aplicar solidaridad frente a esta crisis, que no nos golpea a todos por igual.

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