Justicia social

La pandemia por COVID-19 no solo ha traído muerte y dolor. Sus devastadoras consecuencias económicas y sociales podrían provocar que, a finales de 2020, en todo el mundo, 86 millones de niños y niñas se sumen a los cientos de millones que ya se encuentran viviendo en hogares pobres. Un incremento del 15 por ciento, según el análisis publicado por UNICEF y Save the Children.

Sin medidas urgentes para proteger a las familias que sufren carencias económicas derivadas de la pandemia, los niños y niñas que viven por debajo del umbral nacional de pobreza en paises de bajos y medianos ingresos podría alcanzar casi los 700 millones de seres a finales de este mismo año.

La COVID-19 esta interrumpiendo servicios esenciales de inmunización en todos los paises (ricos y pobres, tanto da) y, en consecuencia, unos 80 millones de niños y niñas están en peligro de contraer enfermedades como difteria, sarampión y polio. El análisis de la revista Lancet Global Health nos ofrece algunas miserias más:

-Hasta finales de 2020, como consecuencia del COVID y de la debilitación (y saturación) de los sistemas sanitarios en todo el mundo, podrían morir cada día 6.000 niños más por causas prevenibles, uno cada quince segundos...

-El 40 por ciento de la población mundial no puede todavía lavarse las manos con agua y jabón.

-Cerca de 1.300 millones de estudiantes (mas del 72 por ciento) no estan yendo a la escuela por el cierre de centros educativos en 177 paises, y por tanto...

-En centenar y medio de paises, 370 millones de niños que normalmente dependen de las comidas escolares como principal fuente de subsistencia, no pueden alimentarse hasta tanto la post pandemia permita la reapertura de colegios.

En España, antes de la pandemia, el 26,8 por ciento de nuestros niños y niñas se encontraba en riesgo de pobreza o exclusión. Ese dato, para nuestra vergüenza, representaba una de las tasas mas altas de Europa. La crisis sanitaria habrá multiplicado esos porcentajes y lo hará aún más si no actuamos a tiempo.

España también esta en posesión de un vergonzoso récord: una de las tasas de abandono escolar temprano mas altas de la Union Europea, casi un 18 por ciento frente al 10,6 de la UE. Un mal porcentaje en el que influyen las desigualdades territoriales, por origen migrante, etnia o condición de discapacidad, así como por falta de acceso universal a la educación de 0 a 3 años.

En nuestro país hay muchos niños y niñas que son víctimas de violencia por maltrato imprudente; por violencia sexual o de genero entre adolescentes; y aumentan los ciberdelitos contra niños y niñas y el acoso en el ámbito escolar. En España, decenas de miles de niños viven tutelados en residencias y centros donde su vulnerabilidad aumenta debido a la escasez de recursos o a la falta de atención individualizada.

Conviven con nosotros miles de niños y niñas que son víctimas de trata con fines de explotación sexual, laboral y para practicar la mendicidad. Y solo en los tres primeros meses de 2020, mas de 6.700 niños y niñas han solicitado asilo en España. En algunas ciudades españolas hay niños que viven en la calle y luchan cada día por sobrevivir. Niños y niñas que malviven en situación irregular, heredada de sus padres y con la espada de Damocles de la expulsión pendiendo sobre sus cabezas. Niños y niñas con discapacidad que siguen padeciendo discriminación y maltrato, tanto en su entorno familiar como en otros ámbitos donde transcurre su vida cotidianamente.

Todo lo anterior, cada situación descrita, es claramente injusticia social, aunque lo podemos denominar como queramos o decir que no hay medios, ni presupuesto, ni inversión para remediarla. Siempre he dicho que, desgraciadamente para ellos, los niños y las niñas no votan, pero ya lo harán... Mientras, parecemos haber olvidado esos pilares de la dignidad humana que son la educación, la salud y la infancia/adolescencia. Seremos aun mas indignos como personas si seguimos permitiendo -sin la urgente  inversión que apacigüe esas situaciones y sin políticas sociales que  las remedien- la injusticia social. Contra eso luchaba Jordi Jauma, el fundador de este Diario.

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