Jordi, Jordi, Jordi…te has ido en silencio y sin previo aviso, pero tu recuerdo sigue tronando allá donde estés. ¿Qué has hecho para ser una de esas personas que no pasa nunca desapercibida? Tengo la respuesta.
Jordi, esa persona que descubre tus talentos ocultos y te hace ser mejor

Nos conocimos de una forma atípica, nada de cafés, ni de eventos corporativos o culturales, fue en un laboratorio ciudadano hispano senegalés para la educación de las niñas, organizado por la Fundación Xaley. Recuerdo perfectamente ese 5 de mayo de 2018. Mi amiga Caroline Jerome me llamó para participar a las dinámicas de innovación social de la fundación, con la que estuve colaborando en 2017 en Senegal, y nos citó un sábado por la tarde a un grupo de perfiles diversos pero muy apasionados por el tercer sector. Entre aquellas dinámicas de romper el hielo, tocaba ponerse por parejas, y caí con un señor llamado Jordi Jaumà, que tendría la edad de mi padre. Nos presentamos y nos bastaron esos cinco minutos para conectar, reírnos y sobre todo para recibir el primer vacile cariñoso de su parte. La conversación quedó pendiente y estuvimos envueltos en la resolución de un problema, el acceso de las niñas senegalesas a una educación digna y accesible, a través de unos legos.

Jordi no entendía muy bien estos métodos “modernillos” de la innovación social, se burlaba y quería pasar ya a la acción, que él no venía a perder el tiempo. Se definía como un tipo sencillo pero con las cosas claras, si algo no le gustaba, no se cortaba en decírtelo a la cara, fueras un conocido o no. Me llamó mucho la atención su manera de relacionarse, su forma de hablar tan brusca y directa, y el cariño que desprendía hacia la gente que conocía. Eso sí, le gustaba fardar de todos sus buenos amigos.

Se acercaba la hora de irse, Jordi se apresuraba porque tenía otro compromiso, yo estaba recogiendo el material y charlando con algunos invitados y de repente se acerca, corta en seco la conversación que estaba teniendo y me suelta: “Brezo he creado un grupo de mujeres muy cracks, que tienen impacto, son Mucho Amigas Jordi, vamos las MAJ. Quiero que estés entre ellas, te las voy a presentar, hay algo en ti que me gusta y seguro que nos volveremos a encontrar, así que escríbeme a este número”.

Cuando alguien te dice algo así, al principio puedes pensar que tiene otras pretensiones, que se está quedando contigo o que sencillamente es cierto lo que cuenta y quiere crear vínculos interesantes entre personas. En su caso, había visto algo diferente en mi persona en tan solo una tarde que compartimos y me consideró digna de ser una crack porque tenía un impacto positivo en las personas y en mi entorno. Le di vueltas a la situación, pocas personas tienen la valentía de decirte semejantes palabras sin apenas conocerte, no sabía de qué palo iba Jordi, al principio pensé que era un poco arrogante, aún así no me asustaba. Me quedé con el gusanillo de conocer más a fondo el trabajo detrás del diario que había fundado y ese grupo tan maravilloso de mujeres del ámbito de la sostenibilidad del que tanto me habló aquella tarde.

Y así fue como todo empezó. Tras un tiempo, escribí a aquel número que guarde como ‘Jordi Jaumà Diario Responsable’ tal día de mayo y le dije que quería que me contará más sobre su proyecto, que estaba interesada en iniciarme en el mundo de la RSE. La respuesta fue de corto y cambio: “Brezo ya te he metido en el grupo de las MAJ, en cuanto hagamos una reunión, vente y así te enteras de todo”.

Poco tiempo después fui a esa reunión, conocí a la gran familia de mujeres cracks que había creado improvisadamente y que guardaba como un tesorito. Me di cuenta que su mayor regalo era rodearse de personas a las que admiraba por sus cualidades humanas y profesionales pero sobre todo por sus talentos ocultos aún por descubrir, sabía sacar lo mejor de cada persona. Y el juego que más le gustaba era encontrar esas conexiones entre personas, sinergias y proyectos por construir. Su mente era inquieta, explosiva y llena de energía para emprender nuevos retos. Fueron varias las reuniones en las que coincidimos y la amistad se hizo cada vez más grande.

Un día todo cambió, tuvo un accidente de moto a finales de 2018, su vida dio un giro de 360 grados, ese Jordi hiperactivo que solía estar en todas las salsas, ya no podría nunca jamás caminar de nuevo. Fue un shock. Con aquella situación también el curso del diario digital que lideraba iba a cambiar, se necesitaban manos para seguir adelante. En diciembre, convocaba una oferta para trabajar en Diario Responsable de apoyo en redacción y como si de una corazonada se tratará, decidí sumarme a aquel barco.

Le escribí diciendo que quería formar parte del diario, y su respuesta de nuevo fue sorprendente: “¿En serio? Dime si te interesa y lo cierro ya mismo”. La relación con Jordi era intensa y directa, esas de Acción-Reacción, si algo le interesaba, haría todo lo posible por conseguirlo. Muchas lecciones me llevo. He trabajo a su lado durante este último año, he vivido otro Jordi, distinto al que conocí al principio, un Jordi intentando superar su nueva situación, que implicaba un cambio de casa, de rutinas diarias, y sobre todo de menos eventos a los que poder asistir y personas a las que ver. Eso acabó aislándole de su esencia. Una persona tan social y tan dispuesta a crear vínculos entre personas, se vio de repente atrapada en un callejón sin salida. Aún así su fuerza para seguir tirando fue abrumadora, cuántas lecciones se lleva una viviendo la discapacidad tan cerca y descubriendo los obstáculos a los que se enfrentaba cada día. Pero aún así me sigue resonando en mi cabeza ese incansable “Hola darling” mañanero con su sonrisa irónica y contagiosa. Muchas veces cerraba la conversación dándole las gracias y su respuesta era: “Gracias las que tu tienes”.

Yo me quedo con esto de Jordi, con ese humor incansable, esa burla constante por las cosas insignificantes, ese alma libre sin apenas miedos y esa lucha feroz por la justicia social. Pero lo que marca la diferencia y por lo que más le recordaré, sin lugar a dudas, es por sacar lo mejor de cada persona con la que se cruzaba, se ponía en el lugar del otro y estaba dispuesto a echarle un cable siempre que pudiera. Ese es el Jordi que nunca cambió antes o después del accidente. Siempre estarás con nosotros querido Jordi Jaumà.

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