¿Por qué hay líderes mundiales que extreman las medidas de restricciones para la circulación de las personas (y por ende el virus) mientras que otros se muestran laxos en los controles? Más allá de cuestiones políticas e ideológicas, en el fondo se plantean dilemas éticos.
¿Qué tiene que ver el coronavirus con la ética?

Nos encontramos frente a una situación inédita en la historia de la humanidad. No solo a nivel sanitario por el alcance mundial del virus, sino también a nivel económico por las terribles consecuencias que ya está teniendo a escala global. ¿Por qué hay líderes mundiales que extreman las medidas de restricciones para la circulación de las personas (y por ende el virus) mientras que otros se muestran laxos en los controles?

Más allá de cuestiones políticas e ideológicas, en el fondo se plantean dilemas éticos, que son aquellas situaciones en la que se da un conflicto entre los diferentes valores de la persona y las opciones de actuación disponibles. Se trata de situaciones en que se va a generar una pugna entre varios valores y creencias, no existiendo una solución totalmente buena y otra opción totalmente mala, teniendo ambas repercusiones positivas y negativas a la vez.

Entonces, algunos gobernantes tomarán duras medidas de restricción en pos de evitar la propagación del virus y salvar vidas en el corto plazo tratando que no colapse el sistema sanitario, pero sabiendo que a un mediano plazo genera una profunda recesión y una hecatombe económica. Otros privilegiarán evitar las pésimas consecuencias económicas a un mediano plazo, sabiendo que el virus se cobrará muchas vidas en lo inmediato.

El desafío que plantea esta situación a los líderes mundiales, es tratar de zanjar la grieta, pensando alternativas que minimicen los impactos negativos en la economía, pero acudiendo en ayuda de quienes tienen su salud comprometida en lo inmediato.

Como en todo dilema, no es fácil la toma de decisiones.

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