Hablar del Día Mundial de la Mujer Trabajadora es, si lo analizamos semánticamente, una verdad de perogrullo. Todas la mujeres somos trabajadoras, en tanto que tenemos que “abrirnos camino” en una sociedad, con un gran lastre cultural, que tradicionalmente ha relegado a la mujer a un papel secundario en multitud de ámbitos. El problema radica en que, muchas veces, no se valora, ni reconoce, ese trabajo. Esta fecha es un buen momento para rememorar y analizar los avances logrados en materia de igualdad de género, gracias a la voluntad de mujeres que, antes que nosotras, allanaron el camino por el que hoy pisamos fuerte.
Pisando fuerte para romper el techo de cristal

Pese a los grandes avances que se han ido sucediendo, las mujeres continuamos sufriendo discriminación laboral, una injusta brecha salarial y dificultades para la conciliación, entre otras barreras. Gran parte del problema radica en la responsabilidad, social y culturalmente asumida, de ser cuidadoras en el ámbito doméstico, pero sin ningún reconocimiento o valoración tangible, repercutiendo esto negativamente en nuestras carreras profesionales. Tanto es así, que muchas veces la gran decisión económica en nuestras vidas no es si “invertir mis ahorros en comprarme una casa, emprender o hacer un gran viaje”, sino el dilema entre promoción laboral y/o la maternidad.

Gracias a nuestra predecesoras, se han ido sucediendo iniciativas y movimientos, a distintos niveles, que reivindican el papel de la mujer en la sociedad. En concreto, en el terreno laboral, podemos encontrar iniciativas como el #RetoxlaMujer que nace de la mano de DIRSE y EJE&CON, cuando, movidos por la preocupación ante el escaso avance del liderazgo de las mujeres en las organizaciones, buscaron  incrementar la visibilidad femenina en los ámbitos directivos. Quienes se adhieren a esta iniciativa, independientemente de su sexo o cargo, se comprometen a que todas las actividades que estén bajo su control incluyan, como mínimo, un 40% de mujeres representadas en las mesas o, en caso de ser invitados como ponente a un acto en el que se observe que no se cumple esta relación, se llamará la atención de los organizadores sobre este hecho. Este es símplemente uno de los muchos ejemplos que podemos encontrar.

A pesar de los progresos, aún queda mucho camino por recorrer para lograr una igualdad real en todos lo ámbitos, y que el hecho de ser, o querer ser, mujer en un alto cargo no vaya ligado a renunciar a una vida familiar.

El Día Internacional de la Mujer, no es para conformarse sino para reclamar más cambios y aunque el camino sea largo, vamos pisando fuerte.

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