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Actualmente, nueve de cada diez mujeres con estudios superiores están trabajando, un dato que nos revela que la formación es la mejor y más potente herramienta para conseguir reducir las desigualdades. Sin embargo,  apenas un 25,2% de las mujeres con discapacidad tienen trabajo en nuestro país.

En el caso de las mujeres con discapacidad, la realidad confirma que, pese a que se sigue reduciendo la brecha frente a las mujeres sin discapacidad, existe un importante camino por recorrer. Un objetivo en el que tenemos que seguir trabajando, mirando al futuro y poniendo el foco en un reto global marcado por la Agenda 2030: lograr la igualdad de género y avanzar de forma sostenible y “sin dejar a nadie atrás”.

El empleo ayuda a las mujeres a participar en sociedad, a reafirmar su autoestima y liderazgo, a influir en las formas de hacer, y por otro lado, ayuda  al desarrollo personal y profesional  y a la satisfacción e independencia económica que tan importante es para no caer en la exclusión, violencia o invisibilidad.

Precisamente, en esta clave de avance igualitario, las personas con discapacidad y en concreto las mujeres con discapacidad deben hacer frente a un doble reto, que nos obliga a fijar en ellas nuestra atención, especialmente en un día como hoy.

Apuesta por la formación y el impulso de la empleo como herramientas claves para avanzar en la igualdad real

En el último análisis del empleo entre las mujeres con discapacidad, que hemos elaborado desde Fundación Randstad,  se pone de manifiesto que existe una tendencia creciente en el aumento de la tasa de empleo de las mujeres con discapacidad, que hace que hoy haya más de 204.000 mujeres con discapacidad trabajando.

El reto que debemos afrontar es ¿qué podemos hacer para conseguir que estas cifras se sigan reduciendo hasta lograr la igualdad real de oportunidades en el empleo?

Aunque, efectivamente existe un importante avance en materia de inclusión laboral y, especialmente, en inclusión laboral de la mujer con discapacidad, queda mucho camino por recorrer.

Afrontamos un contexto en el que contamos con un importante talento, cualificado y representando por mujeres que tienen una diversidad funcional. Más de la mitad de las mujeres con discapacidad tienen estudios secundarios y cerca de un 40% cuentan con estudios superiores, una cifra que supera la media de las personas con discapacidad en España, pero que sigue estando muy lejos de la población sin discapacidad, en la que la media se sitúa por encima del 60%. Si miramos a la datos de actividad de las mujeres con discapacidad, se encuentra en un 34,96%, menos de la mitad que la registrada por mujeres sin discapacidad.

La apuesta por la formación, la mejora de la empleabilidad y la adquisición de nuevas habilidades para adaptarse a un entorno laboral marcado por la digitalización, son, sin duda, las mejores herramientas con las que puede contar cualquier persona para optar a un empleo, pero son herramientas clave para que las personas con discapacidad puedan competir en igualdad de oportunidades.

Una realidad que desde Fundación Randstad tenemos siempre presente en nuestra apuesta por la inclusión. En 2019 trabajamos por impulsar la empleabilidad a través de la formación de más de más de 1.000 mujeres con discapacidad, consiguiendo la integración laboral de 879 de ellas. Unas cifras que nos indican que la formación es la mejor vía y la mejor herramienta que podemos darle a las mujeres para trabajar en su integración laboral y mejorar las condiciones con las que acceden al empleo.

Para lograr la plena participación y representación de las mueres en la sociedad y poner en valor todo el talento femenino y  nuestra capacidad de influir para hacer una sociedad mejor, es necesario que  se equilibren las desigualdades y para ello es necesario que hay una voluntad conjunta de dar oportunidades a las que de momento no alcanzamos esa igualdad.

Es verdad que en determinados sectores, como es el político y legislativo ya hemos avanzado en la igualdad pero hace falta hacerla real en las empresas, en las escuelas y universidades, en las ciencias y tecnologías, en el medio rural, para que los procesos de cambio estén hechos con la participación de las mujeres y su capacidad y formas de hacer las cosas y de construir un futuro mejor. La unión de las diferencias genera mucha más riqueza que la uniformidad.

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OpiniónCapacidadempleo y discapacidad

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