El papel de las empresas en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)
Creación de valor real alejado del postureo

La sostenibilidad genera en las empresas tres tipos de actitudes: indiferencia, reactividad o proactividad. Dejando de lado crecientes casos que nos permiten ser esperanzadores, de momento priman en nuestra realidad empresarial las dos primeras: esto no va con nosotros o esperaremos a que la regulación nos obligue.

Esta constatación se ha puesto de relieve en estudios como el del Observatorio de los ODS, en el que se refleja que, a pesar de que muchas empresas hablan de sostenibilidad, son muy pocas las que informan sobre medidas concretas para implementarla; o el de la Alianza por la Transparencia Corporativa (iniciativa a escala europea) que señala que sólo la mitad de las compañías que reportan sobre sostenibilidad abordan cuestiones relevantes y fijan algunas metas.

La aparición en escena de la Agenda 2030, de los Objetivos de Desarrollo Sostenible es, sin duda, un potencial elemento tractor de la integración de la sostenibilidad y de la mejora del impacto social de las empresas. Pero lleva aparejado el riesgo de que simplemente se comunique de otra manera lo que ya hacía la empresa sin provocar mayor transformación corporativa. Este hecho plantea serias dudas sobre si el sector privado está y estará a la altura de lo que se espera de él en la consecución de los ODS o de la lucha contra el cambio climático. Es claro que se trata de un actor fundamental para alcanzar estas metas que nos hemos fijado como humanidad para propiciar un futuro más halagüeño y que enfrente los numerosos desafíos que tenemos por delante.

Las Naciones Unidas, la Unión Europea y la mayor parte de los organismos implicados más directamente en esta tarea, nos recuerdan que no alcanzaremos los objetivos previstos si no hay un cambio profundo en los modelos de negocio, en la forma de producir y en la manera de consumir. La emergencia climática y la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible requiere de empresas que hayan integrado la sostenibilidad y mejorado su impacto en la sociedad.

La buena noticia es que este proceso de transformación a la sostenibilidad es un elemento positivo para las empresas. La sostenibilidad lleva aparejada variadas ventajas y oportunidades: reduce los riesgos, genera ahorros –aunque pueda requerir algunas inversiones al inicio-, introduce innovación y nuevos productos, mejora la reputación y la legitimidad, y motiva a los empleados reforzando su adhesión a la empresa.

Existen además otras razones para apostar por la sostenibilidad. En primer lugar, razones de mercado; la sensibilidad de los consumidores está cambiando con mayor preferencia hacia productos más ecológicos y sostenibles. En segundo lugar, se avecina una regulación mucho más exigente. Y, en tercer lugar, el sector financiero y los inversores también empiezan a priorizar las inversiones en las compañías más sostenibles.

Cualquier análisis estratégico corporativo consistente debería tener en cuenta esta orientación del entorno. Pero aunque sean estrategias inteligentes, los humanos no siempre nos comportamos de forma correspondiente. Y aunque todas las evidencias nos llevan en una dirección preferimos esperar obviando tomar seriamente partido. Así, estamos ahora inmersos en una importante campaña de marketing en el que muchas empresas tratan de aparentar que hacen una remarcable contribución a la sociedad y en pro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, mientras continúan desarrollando su actividad como siempre o desarrollando algunas acciones aisladas a las que otorgan una gran visibilidad.

Lamentablemente estas empresas están perdiendo una gran oportunidad y haciendo un flaco favor a la sociedad.Pero qué tiene que hacer la empresa. Existen numerosas iniciativas para hacer avanzar a la empresa hacia modelos más sostenibles. Sin embargo, la proliferación de acciones también genera cierta confusión y puede hacer perder el rumbo. Para simplificar las cosas, diría que básicamente lo que tiene que hacer una empresa es revisar su cadena de valor.

En realidad, se trata de analizar todas sus actividades – de suministro, proceso productivo y distribución - desde el punto de vista de la sostenibilidad, es decir, cómo puedo llevarlas a cabo de otra manera, reduciendo los impactos socioambientales negativos y maximizando los positivos. De esta manera, mejoraremos el valor e impactos de la compañía. Esta revisión supone en la práctica introducir la innovación socioambiental en nuestra cadena de valor, utilizando herramientas como el ecodiseño, el empleo de materiales sostenibles, procesos circulares (aprovechamiento de los residuos) y con menores emisiones, el cambio de producto a servicio y analizando también las condiciones de empleados y comunidades en las que se opera, entre otras.

El análisis según la perspectiva del ciclo de vida de los productos también ayuda a esta revisión. Aunque existen muchas metodologías nombro, a modo de ejemplo, el SDG Compass. También el traslado de este enfoque de sostenibilidad a los proveedores es un elemento fundamental. Adicionalmente, revisar la misión de la compañía integrando en la misma el propósito, entendido como la contribución de la empresa a la sociedad, puede apuntalar los esfuerzos. Cualquier empresa, se dedique a lo que se dedique, tiene la posibilidad de establecer un propósito de contribución positiva a la sociedad. Incluso una empresa de neumáticos, por poner un ejemplo real, ha sido capaz de introducir el propósito de producir los neumáticos más seguros y más sostenibles del mercado, alcanzando altas cotas de valoración de empleados y clientes.

Trabajar en la línea anterior, involucrando a los empleados con su creatividad en los procesos de innovación socioambiental de la cadena de valor, conlleva múltiples sinergias positivas para la compañía. Todo ello conducirá a incrementar su valor y mejorar su funcionamiento fortaleciéndola frente a los cambios que se avecinan. Y será la mayor y mejor contribución que la empresa puede hacer en favor de los ODS.

Ya hay bastantes empresas en ello pero necesitamos muchas más que transiten hacia modelos sostenibles. No podemos esperar. Necesitamos más proactividad y no quedarse en el postureo. Hagámoslo. Nos lo agradecerán todos, clientes, empleados y accionistas. Es bueno para nuestras empresas y es bueno para la sociedad.

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