Cuando consultamos artículos o manuales sobre RSE es habitual encontrarnos con alguna referencia a los “casos de éxito” o “casos de buenas prácticas” y, tras su lectura, el lector se quedará en la cabeza con 2 o 3 nombres de marcas que tenderá a identificar como marcas responsables y puede estar muy equivocado.
El dilema de la verdad en los casos de buenas prácticas en RSE

En los últimos meses he consultado muchos de esos manuales y artículos para recopilar contenido para preparar un curso de responsabilidad social dirigido al sector de la construcción, ingeniería e infraestructuras. Antes de incluir el nombre de una empresa para ejemplificar un tema de RSE a mis alumnos, investigo su trayectoria y los titulares que se han publicado sobre ella en medios de comunicación. Mi última sorpresa me la llevé cuando aterricé en esta noticia: “La CNMV multa con 118 millones a 15 empresas por amañar contratos de ADIF” y descubrí que la empresa referenciada como “ejemplo exitoso de RSC en el ámbito de las pymes” en un artículo de uno de los principales medios de comunicación de este país, estaba entre esas 15 multadas.

Las responsabilidades de la empresa deben dar respuesta a las aspiraciones legales, éticas y voluntarias que la propia sociedad espera de ella. La Teoría de la Pirámide de la RSE de Carroll (1991 y 1999) identifica cuatro tipos de responsabilidades de las empresas (económicas, legales, éticas y discrecionales) que son acumulativas, en el sentido de que la empresa debe cumplir con el nivel anterior antes de poder alcanzar el siguiente nivel. Carroll sitúa la responsabilidad legal en el segundo nivel de la pirámide por la relación que tiene con la responsabilidad económica y porque, junto a ésta, son consideradas las responsabilidades fundamentales del precepto de libre mercado. El cumplimiento de la ley es, además de una responsabilidad legal, una responsabilidad social. Lo primero que debe hacer una empresa que aspire a ser socialmente responsable es cumplir las leyes. Lo segundo, mejorarlas o superarlas en su nivel de exigencia.

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Una empresa que no cumple la legalidad no puede ser mencionada como una organización referente en responsabilidad social porque, simple y llanamente, no lo es; y mucho menos en un medio de comunicación reconocido. Estas acciones ponen en evidencia, no sólo el desconocimiento en esta materia, sino la escasa responsabilidad de algunos informadores y formadores de formar conciencia entre los ciudadanos. Ser referente en RSE es algo serio y conviene ser cuidadoso en la comunicación para no confundir al lector, que todavía está en proceso de entender qué es la responsabilidad social en las empresas. 

Contar con expertos en la materia que avalen los contenidos es importante ya que todavía hay mucho desconocimiento en este ámbito y esto no ayuda a la difusión de la RSE entre los consumidores, un factor crítico para el necesario cambio de modelo empresarial si queremos avanzar por la senda de la ética y de la sostenibilidad.

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