Nunca entendí por qué la gente lo llama casualidad cuando lo que realmente existe es una causalidad. Y, al contrario, por qué los seres humanos solo ven causalidades cuando son las casualidades las que te llevan a ellas. Esta sociedad está muy enferma. Los síntomas son variados y diversos. Escasa educación, falta de respeto, ausencia de bondad y el abandono de los valores que sustentan una evolución vital.
Casualidad o causalidad, quién sabe

Ustedes creerán entonces que casualidades de este destino que nos está tocando vivir, la era de la tecnología y el siglo del manejo de la información, hace que erróneamente creamos que el mundo lo tenemos al alcance del tecleo de un dispositivo electrónico. El atrevimiento de la ignorancia.

¡¡¡Que equivocados, señores!!!

La realidad causante es más compleja. El tejido empresarial se desmembra. Las grandes compañías y corporaciones internacionales aumentan sus jornadas laborales, se convierten en demasiado arduas, extensas e ineficaces. Es agotador para las personas que allí trabajan tanto.

Es una pena ver cómo se distribuyen los tiempos en estas multinacionales, que asfixian a los empleados en vez de incentivarlos de alguna manera y tratarlos con la dignidad e integridad que se merecen.

Al unísono disminuyen los salarios interprofesionales. Están convirtiendo a los individuos en robots, en números que no poseen ni razón ni corazón, careciendo de ningún indicio humanitario que los diferencie de ellos. Emociones, sentimientos y pasiones se desbordan perdiendo el rumbo de lo verdaderamente importante: la salud física y mental en su puesto de trabajo diario.

Si a esos que forman las empresas -las mujeres y hombres que en ellas trabajan-, se los tratase con la deferencia, el miramiento y la atención que merecen mejorarían su rendimiento y con ello su cuenta de resultados que, a la postre es lo único que les importa a estas grandes compañías. El estiércol del diablo, el dinero.

Si seguimos dividiendo céntimos y euros como patente de corso para lograr el éxito profesional de una nación, estaremos irremediablemente más cerca de uno de los manidos pecados capitales: la avaricia. Esperemos que aquello que da sentido a la transformación de un continente, el legado que se deja a futuras generaciones a través de su ADN, dé responsabilidad social corporativa.

Azares de la aventura, las Pymes, que son las que sostienen más del 70% del empleo en España, no superan los cinco años de caducidad. La dificultad a la hora de iniciar la aventura, las trabas legales y el abrasamiento de los impuestos hacen el resto.

¡¡¡Las falta el aire!!! !!!Como cuando te provocas arcadas y no puedes vomitar!!!

Los autónomos se han convertido en héroes y heroínas de capa al viento y poderes sobrenaturales. Esos que luchan, que cuidan, que protegen y que aumentan el crecimiento financiero de un país. 

Deberíamos homenajear a todos ellos y ellas. Un sentido reconocimiento a todos nuestros abuelos, abuelas, madres, padres, hermanas, hermanos, hijos, hijas, cuñadas, cuñados, suegras, suegros, primas, primos, sobrinas, sobrinos, nietos, nietas, amigas y amigos y por los que siguen emprendiendo para dar una futura riqueza a nuestra nación. Ser empresario en la actualidad se ha convertido en una profesión de riesgo en España.

Recientemente elEconomista publicó un artículo que decía: “el 60% de las pymes españolas sobreviven menos de cinco años después de su creación, dentro de un entramado empresarial español que se caracteriza por un elevado número de microempresas, concretamente un 94% que, junto a las pequeñas y medianas empresas, generan 10,5 millones de puestos de trabajo, según datos del Instituto Nacional Estadístico”.

Imagínense entonces qué ocurre cuando el corazón que bombea sangre al producto interior bruto de un país comienza a tener arritmias. Si aquellos que son el motor laboral de una nación no carburan, nunca llegaremos a un lugar idóneo para el crecimiento de la economía, y con ello, de la razón social que la forja.

Todo ello supone que se vea afectado el desarrollo de un país y a las instituciones que lo representan. Causalidad o casualidad. Quien sabe...

A mí me enseñaron en mi casa que los políticos son aquellos que dan ejemplo y que sirven al pueblo que los ha elegido libremente en las urnas. Y yo me pregunto: ¿En qué lugar se encuentran los representantes públicos de este país?

Los fundamentos que apoyan mi diagnóstico son los siguientes:

Los asesinos viven en libertad mientras los que se sienten prisioneros en su propia comunidad son los inocentes. Los jueces no imparten justicia, sino que se doblegan contradictoriamente frente a las leyes que ellos mismos juraron aplicar fielmente. Los políticos no sirven a los ciudadanos, al contrario, vejan con sus decisiones a los contribuyentes que los votaron.

¿Acaso el gasto irreverente en campañas electorales, cargos gubernamentales a dedo sin conocer los méritos que los preceden, gobernantes convertidos en estrellas de rock y el estado maniatado por repetición inaudita de elecciones sin llegar a acuerdos no son suficientes contingencias?

Pensemos, reflexionemos y meditemos, en un ejercicio de honradez, si todas nuestras decisiones en esta vida son “casualidad o causalidad”.  Quien sabe...

¿Te ha gustado el artículo?

2 No me ha gustado 0

Tu opinión es importante... ¡dejanos tus comentarios!

Top