No existían. El pueblo xinca había desparecido de la faz de la Tierra para las autoridades de Guatemala, pese a que los propios xinca les decían: “Qué estamos aquí”. Tanto es así que tuvieron que recurrir a unos estudiosos catedráticos de la ciudad para que confirmaran que si, que la cultura xinca seguía viva y, por tanto, mal que pesara a la gran minera canadiense Tahoe Resources, había que hacerles una consulta sobre su aceptación en los alrededores de San Rafael de las Flores de la que es la mayor mina de plata de América,  o de las más grandes.
Dinamita bajo los cerros de plata

La mina lleva cerrada hoy dos años, a la espera de esta consulta en lo que se ha convertido en una de las resistencias más contumaces de toda la región centroamericana. En enero se vendió a otra canadiense, Pan American Silver, que está esperando a la consulta para reiniciar el negocio tras invertir más de 1.000 millones de dólares en su compra.

Desde antes de llegar San Rafael, en la comunidad de Casillas, unas grandes pancartas anuncian que la lucha sigue viva pese a las dificultades. Decenas de hombres y unas pocas mujeres pasan allí las horas, día y noche, vigilando que ‘los de la mina’ no vuelvan porque, en el fondo, no se han ido del todo  en un país donde estas batallas tienen un alto precio: sólo en este mes de septiembre han matado a tiros a dos mujeres defensoras de derechos.lesvia2

En este punto del camino, bajo unos toldos marcados con soflamas contra la mina El Escobal, pasa muchas horas Lesvia Vilagran, de 28 años. “Fue en 2008 cuando la empresa comenzó a comprar tierras sin explicarnos que la intención era abrir una mina con la tercera reserva de plata más grande del mundo. ¿Acaso no les importaba que está casi en el centro del mismo municipio de San Rafael? Pues no, porque en 2013, finalmente el Estado de Guatemala les concedió la licencia para su explotación. Nosotros nos comenzamos a organizarnos para frenarlo”, cuenta cuando la recogemos en su domicilio, una casita despintada pero muy limpia. Es una de las protagonistas del informe DesTieRRRadas, de la ong Alianza por la Solidaridad.

“Yo  antes trabajaba en el servicio doméstico y me enteré de lo de la mina en una reunión con el colectivo ambiental MadreSelva. Aquí nadie sabía que era malo tener una mina en medio del pueblo y ellos decían que crearían empleo. Mira, ahí, encima de las casas”, señalaba hacia el otro lado de la calle, donde se ven las grandes instalaciones de El Escobal. “Aquello me animó a informarme, a participar más en las protestas, a ir a informar en las comunidades”.

Las consecuencias no tardaron por llegar. Las va desgranando Lesvia mientras subimos al monte bajo el cual está la plata, el mismo mineral precioso que tanto atrajo a Pedro de Alvarado hacia estas tierras hace 500 años . En su cima hay una pequeña comunidad. No, había. Los muros de sus casas se han resquebrajado o se han hundido por los petardos de dinamita que ponen en estos cerros de plata bajo sus pies. Prácticamente no queda nadie. En el silencio, aún se escucha que hay alguna maquinaria en marcha e la mina –“Nos dicen que de mantenimiento”- porque todos saben que volverán a destripar la tierra.

“En 2012, estuve dos semanas hospitalizada tras la agresiones de la policía en el desalojo de una protesta frente a la mina. Llegué a escuchar ‘a esa me la matan’. Y tuve que esconderme fuera de mi casa, sin ropa, sin dinero. Se quedaban en un todoterreno frente a la puerta a ver si llegaba. Me acusaban de terrorista e incluso registraron la vivienda de mis padres de madrugada en busca de armas que no había”.

Para Tahoe Resources, Lesvia era una piedra en el zapato a neutralizar. “Desprestigiar, denigrar. Esa es su fórmula. La empresa pagaba noticias en los medios en nuestra contra en las que me acusaban de ir contra el desarrollo del país. Otros murmuran que soy bochinchera, revoltosa, que me pagan organizaciones, aunque la realidad es que casi no tengo ni para comer, que ya no encuentro trabajo y tengo que vivir con mis padres. Incluso me abandonó mi  pareja porque no entendía mi batalla. He soportado que me tachen de loca y de prostituta, los mineros difunden que me voy con unos y con otros”.

Para Lesvia fue duro que aquellas habladurías calaran entre sus compañeros,, que algunos intentaran sobrepasarse sexualmente con ella, y que las vecinas, las esposas, la acusaran de seducir a sus hombres. “Sufrir ese acoso en soledad, sin una red de apoyo, es muy dañino”, lamenta mientras las emociones le salen a borbotones por los ojos. “Las instituciones no nos protegen, las leyes no nos sirven, la justicia no funciona. Tengo muy claro que las autoridades que nos gobiernan deberían proteger al país y a los ciudadanos, pero a  menudo me siento triste y decepcionada. He perdido mi libertad de disfrutar un café sin correr riesgo. Es terrible enfrentarse a un megaproyecto pero se que debemos seguir adelante”.

Y ahí está, frente a un gigante que acumula ya reservas con 557 millones de onzas de plata y 5,1 millones de onzas de oro en todo el continente. En julio, el presidente de Pan American Silver aseguraba que este año planean completar 130.000 metros de perforación minera en toda América (México, Argentina, Perú, Bolivia, Guatemala y Canadá). 130 kilómetros de agujeros para que podamos seguir cambiando de teléfono móvil a placer, para adornarnos las orejas.

En San Rafael de las Flores, de momento, siguen a la espera de la consulta que no llega, una consulta que debe convocar el Estado y que ya no será previa, pero debe ser libre (sin coacciones) e informada. Por lo pronto, en una pre-consulta con 59 personas organizada por el Ministerio de Medio Ambiente del país sólo se convoco a dos representantes xinca y el proceso anda parado… ¿Hasta cuándo?

Para saber más de DesTieRRRadas: https://www.alianzaporlasolidaridad.org/wp-content/uploads/Informe-DesTierradas.pdf

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