Todos estaríamos de acuerdo en afirmar que la empresa ha de ser un espacio ético, sin embargo, cabría preguntarse si, de verdad, hay espacio para la ética en la empresa. Y es que, antes de nada, convendría tener muy claro lo que es la ética y a qué se refiere una empresa cuando habla de ética.
La ética empresarial necesita espacio, reflexión y lenguaje

La ética empieza a utilizarse como un término “comodín” que sirve para todo, esto hace que vaya perdiendo significado y valor. Todo el mundo habla de ética, porque nadie parece tener miedo a tener que demostrar que su empresa se rige por principios éticos, aunque ésta sea una afirmación muy seria.

Adela Cortina afirma que la empresa no es un espacio social cualquiera sino un ámbito de relaciones humanas que puede contribuir, directamente, a la creación de una sociedad más justa. Por eso, ha de plantearse como una institución legitimada en el marco de unos valores éticos compartidos por quienes se relacionan con ella, desde los trabajadores y directivos hasta los proveedores y clientes.

Este marco de valores éticos compartido constituye la personalidad moral de la organización que ha de ser construida. Esta autoconstrucción de la moral es lo que legitima a la organización como institución social.

Es necesario sentar las bases de una cultura ética por la que puedan regirse las personas que constituyen esa pequeña sociedad que es la empresa. Para lograr una cultura ética en la empresa no basta con un Código ético, hay que lograr que los principios del código sean conocidos por todos, y tengan la importancia suficiente, la que la empresa quiera dar a la ética. La ética debería ser conditio sine qua non, es decir, la base para cualquier toma de decisión en la empresa.

La Responsabilidad Social asume la ética como uno de sus tres pilares fundamentales, en igualdad con la dimensión social y medioambiental. Tal vez no sea suficiente con reducir la ética a una pequeña parcela dentro del apartado de Gobernanza. Parcela, que además es compartida con el compliance, materia que se ocupa de gestionar los riesgos y asegurar el cumplimiento normativo, algo que en la mayoría de los casos se confunde con la ética. El compliance se dirige a los mínimos y la ética a los máximos.

La ética empresarial no puede quedar reducida a esto, la ética en la empresa necesita espacio, reflexión y lenguaje. Necesita independizarse de la Responsabilidad Social para dotarla de sentido y coherencia, y para sentar los cimientos de una verdadera responsabilidad con la sociedad, de una responsabilidad que contribuya a la creación de una sociedad más justa.

Savater afirma que la ética de la responsabilidad social exige compromiso, es una ética propositiva que busca mejorar las condiciones de los desfavorecidos para contribuir al bien de la sociedad en general.

Esta ética propositiva que pone a la persona en el centro y busca el bien de la sociedad en general, sería la única forma de ética que, de verdad, puede conducir a las empresas al cumplimiento de la Agenda 2030. Se trata de una ética que busca el interés común y se basa en principios de justicia social. Conviene preguntarse y reflexionar si es ésta la ética de la que se habla en nuestras empresas, o si las empresas están haciendo de la ética un instrumento, una ética a la medida de sus intereses, y con el único fin de contribuir a su estrategia.

La ética empresarial tiene aún mucho camino por recorrer para que podamos hablar de ética de verdad.

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