Con este artículo, inicio una serie para Diario Responsable en la que iré describiendo mi visión de los problemas medioambientales y sociales actuales de una forma un poco diferente, más poética. Este primero se lo he dedicado a mi ciudad, Madrid, y sobre todo al aire que no queremos que desaparezca ni se manche más de lo que ya está.
Madrid, no te falte el aire

Nuestra ciudad de Madrid despierta de madrugada y en los destellos del alba se abre el alma la ciudad. 

Humo negro y el metal de los tubos de tus calles, de tus parques y tus valles, de las Torres y hasta el friso de la puerta de Alcalá…han teñido tu bandera de un gris oscuro y baldío como el soplo consumido a la sombra de un hangar. 

Madrid suspira y solloza; siente que le falta el aire y no entiende este desaire ni esta forma de actuar. La ciudad me desespera cuando suena la bocina. Un Madrid de gabardina con manchas de soledad.

A la plaza de la diosa baja un Madrid transparente, el Madrid de tanta gente que es el Madrid de verdad. El Madrid del Buen Retiro, de Cuenca del Manzanares, Casa Campo, Madrid Río, Madrid parque del Capricho, Madrid quiere respirar. 

La ciudad es orgullosa, diversa y desenfadada. Es musa, es canto y es prosa; es verso y es libertad. 

Madrid de música en vivo y mercado de diseño. Madrid fábrica de sueños. Madrid deportividad. Mi Madrid abre los brazos al que llega sin maleta. Madrid no lleva careta y viste de humanidad.

Madrid, respira tranquila.
Que nunca te falte el aire.
Deja que rían tus calles.
Tu cielo puede esperar.

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