Esta sociedad nuestra, tan vital, nos ofrece noticias ubicumque hasta el punto de que las tragamos sin masticar, como los rapes. ¿Qué tal si de vez en cuando mutáramos a ciervos y rumiáramos un poco?
Crisis de desconexión con la vida

Una reciente encuesta de YouGov nos dice que el 69% de los británicos se sienten infelices a causa del Brexit. Y Peter Goetzsche asegura que el consumo de psicofármacos es la tercera causa de muerte en Gran Bretaña.

Las últimas encuestas de FiveThirtyEight en Estados Unidos dicen que el índice de desaprobación del gobierno se sitúa en el 54%. Lo cito solo a título orientativo, como un síntoma del desasosiego social de la sociedad norteamericana. En la actualidad, unos 15,5 millones de estadounidenses llevan más de cinco años tomando antidepresivos, el doble de personas que en 2010 y el triple que en el 2000.

Antonio Cano Vindel nos dice que en España consumimos actualmente, en proporción, más antidepresivos que ningún otro país del mundo. Según datos de la Agencia Española del Medicamento, el consumo de antidepresivos se triplicó en nuestro país entre los años 2000 y 2013, al pasar de 26,5 a 79,5 dosis por mil habitantes.

Aparentemente somos una sociedad infeliz… mientras que en el Índice Mundial de Felicidad 2019 el Reino Unido ocupa el puesto 15º, Estados Unidos el 19º y España el 30º. Para hacernos una idea de lo que significan estas posiciones solo hace falta ver que Sudán del Sur ocupa la última, 156º.

Esta relación, como las demás noticias que menciono, no son verdades irrefutables y seguramente podríamos discutir sobre la rigurosidad de su proceso de elaboración, pero las traigo a colación porque pueden ayudarnos para mutar de rape a ciervo: ¿qué nos está ocurriendo?

El Dr. Paul Hokemeyer dice que los americanos están consumiendo medicamentos antidepresivos a un ritmo alarmante porque están sufriendo una crisis de conexión con sus vidas. José Manuel García Montes, portavoz de la Sociedad Española de Psicología Clínica y de la Salud, dice que en nuestra sociedad tenemos prisa por desembarazarnos de las dificultades.

Desde mi punto de vista, estamos olvidando que las dificultades o el dolor son básicos para reconocer y apreciar la felicidad, igual que no se puede apreciar la luz si no se conoce la oscuridad, o el silencio si no se conoce el ruido. Es una de las mejores formas de aprender a gestionar la vida. Todos los animales no humanos tienen esto muy claro cuando crían a sus cachorros, pero nosotros lo hemos ido olvidando a media que la sociedad presta más y más bienestar, e intentamos evitar hasta la más nimia dificultad, cuya superación fortalece y prepara.

Respecto a la felicidad, creo que en esta sociedad consumista se dan por buenos dos posicionamientos intrínsecamente perversos: uno es "ser feliz”, confundiendo los verbos “ser” y “estar”, como les pasa a los americanos cuando estudian nuestro idioma. No es posible “ser” feliz, sí “estar feliz”. La felicidad es algo que se siente de vez en cuando y ayuda a recobrar fuerzas y a sentirse bien consigo y con los demás, no es un estado permanente, sino, en el sentido aristotélico, algo a lo que aspiramos las personas; es decir, hablamos de un tránsito hacia el ideal, no una posición conquistada. Si damos por supuesto que hemos de “ser” felices no debemos extrañarnos de que tantas personas se sientan desgraciadas.

El segundo planteamiento perverso, y que está directamente relacionado con el primero, es el de “tener derecho”. Hablamos constantemente de nuestros derechos. (Es cierto que gracias al reconocimiento de los derechos fundamentales la sociedad ha ido avanzando y que es necesario reconocerlos y afianzarlos para desterrar los tremendos abusos que se cometen sobre quienes no pueden defenderse. No estoy hablando de eso). Lo que quiero resaltar ahora es que si una persona está convencida de que “tiene derecho” inmediatamente se coloca en la posición de exigir: es el otro quien tiene el deber de satisfacer su demanda. Es decir, toda la responsabilidad sobre su propio bienestar recae en un tercero.

Es la mejor fórmula que conozco para instalarse en la frustración. ¿Quiénes son los responsables de proveerme? Los padres, los maestros, los políticos, la sociedad en su conjunto … y aquí estoy yo, exigiendo mis derechos, lamentándome de los pobres resultados conseguidos y sintiéndome infeliz.

Quizás una forma de remontar esas vivencias limitantes sea pararnos a rumiar un poco por qué vivimos como vivimos lo que acontece a nuestro alrededor y qué podríamos hacer al respecto. Porque una cosa tengo clara, si cada uno de nosotros intenta mejorar se va consiguiendo poco a poco, mediante polinización, que toda la sociedad mejore.

Hay muchísimas formas de abordar un proceso de mejora personal, y cada una de ellas ofrece ventajas e inconvenientes, igual que los fármacos que consumimos desaforadamente. Por ejemplo, James Gross, director del laboratorio de psicofisiología de la Universidad de Stanford, aconseja aplicar en el día a día técnicas adecuadas de gestión emocional para prevenir enfermedades como la depresión.

Aprender a gestionar las emociones es algo abordable desde muchos enfoques, pero en cualquier caso ayuda a sentirse mejor. Es muy probable que conozcas alguna técnica que te funcione; yo te ofrezco ahora una de Elsa Punset, Gestión de las emociones negativas , porque la considero de fácil ejecución y está contrastada científicamente, pero es muy probable que tú utilices otra perfectamente válida. Y también es válido cualquier otro planteamiento, obviamente, siempre que su objetivo sea aportar algo positivo a la sociedad desde este minúsculo punto que ocupo en el planeta. Porque ya sabes lo que dice el refrán castellano, "un grano no hace granero, pero ayuda al compañero". Hagamos entre todos un gran granero, estaremos mucho mejor con tanto grano para poder rumiar.

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