Parece ser que desde temprana edad veía muy clara la denominación de su futuro trabajo. En su cabecita debió pensar: “si un hombre que maneja una nave es piloto, yo, pilota”. Ahora bien, ¿qué pasaría si preguntáramos a nuestras jóvenes estudiantes qué desean ser en un futuro?
Quizá alguna contestara que piloto, pero me atrevo a asegurar que no en femenino. Al pronunciar “pilota” se arriesgaría a la hilaridad del resto, al gesto raro: ¡qué mal suena!
Me consta que muchas de las profesionales en ejercicio pertenecientes a sectores como la jurisprudencia, la ciencia y la técnica se definen como: fiscal, ingeniero, físico, arquitecto, juez. Sí es cierto, que leemos en algunos titulares “jueza”, pero no deja de advertirse cierta renuencia a hacerlo de manera fluida.
Parece, pues, que la tendencia no va en el sentido de “pilota”. Y eso que la Fundeu acepta el término, mientras que la RAE prefiere la piloto. Sabemos por la normativa académica que el género gramatical no marcado es el masculino: “Los padres” engloba a padres y madres, “los estudiantes”, a alumnos y alumnas que asisten a nuestras aulas... Ahora bien, leemos que la RAE prefiere “El rey y la reina”. ¿Toda una declaración de intenciones?
Y desde alguna comunidad, como recientemente la aragonesa, se publica un documento que aconseja a sus funcionarios el término de “criaturas” y no el de “el niño y la niña”. ¿Estamos asistiendo a una feminización del lenguaje?
Por lo que venimos diciendo hasta ahora no es así.
Reconocemos, no obstante, que algo está pasando: la realidad cambia, sufre modificaciones constantes que en algunas ocasiones recoge el idioma. Y eso está muy bien: la inquietud por la lengua, por su expresión y la comunicación. Ahora bien, necesitamos tiempo, adaptación, acomodo y reflexión. Conviene profundizar en la intención del mensaje: no se puede vender humo. La lengua ha de estar anclada a la realidad y la realidad se ha de ver reflejada en la lengua. Acompasar el ritmo de una y otra, cuesta…
Imaginemos nuestra asistencia a una conferencia, por ejemplo, en la que su protagonista nos saluda así: “Bienvenidos, bienvenidas, buenas tardes a todos y todas, amigos y amigas, queridos y queridas asistentes y asistentas”... y así ad infinitum. Sospecho que el auditorio se incomodaría en sus sillas y se preguntaría: “¿Hasta cuándo?” “¿Va a seguir mucho rato?”
Quizá a alguno se le ocurra acudir en auxilio de la @ o de la x o de la e… Les diré que, en una ocasión, inicié una charla intentando leer y pronunciar, incluso teatralizar estos… ¿signos? ¿Qué pasó? Risas y sorpresa.
Claro que, si además nos piden la redacción de un artículo, la duda es acuciante hasta cierto punto: somos conocedores de la importancia del cómputo de las palabras y de la extensión de las líneas para tal publicación. Parece pues, que no resulta tan negativo el criterio de la economía (espacio-temporal) para seguir empleando el género masculino (no marcado gramaticalmente).
Avancemos un poco más en nuestras reflexiones: conforme la mujer se incorpora a nuevos trabajos desempeñados tradicionalmente por hombres, el idioma ha de incorporar esas nuevas palabras que las definen: sumillera, crupiera, alfereza, caba… Fruncimos el ceño, seguro y somos capaces hasta de pronunciar en alto a la vez que leemos estas líneas para escucharnos. Lo ocasional y lo esporádico –nunca marginal– deben dar paso a lo habitual; hay que atender las nuevas corrientes sociales, escuchar y prestar oídos a lo distinto. No desterrarlo de buenas a primeras.
A vueltas con el femenino… Quienes nos dedicamos a la enseñanza del español a extranjeros, temblamos en la lección dedicada al vocabulario de animales. A todos nos vienen imágenes de tiburón, ballena, zorro, vaca, perro… Cuántas connotaciones… negativas, por supuesto, siempre que se dirigen a la mujer… Aquí lo dejo.
Igual que hoy con alguna “tipa”, “individua” o “elementa”. el escandaloso “miembra” de hace años nos parece una ingenuidad.
En efecto: hay que apoyar la diversidad, la visualización o la empatía sin cortapisas, con sentido común y sin llegar al absurdo ni a lo rocambolesco. No podemos permitir que la carcasa confunda, destruya y distorsione el mensaje. Abomino del lema que algunos cargos públicos lucen: “si no puedes convencerlos, confúndelos”. No somos ni ignorantos ni ignorantas…
La palabra es puente entre personas, la palabra acerca, acompaña, atrae y seduce…
Por cierto, mientras escribo estas líneas, mi corrector no deja de subrayarme en rojo una gran cantidad de vocablos empleados en lo que están leyendo.