Hace unos días las acciones de la multinacional Johnson & Johnson cayeron más del 10%. La agencia Reuters publicó una investigación que ponía de manifiesto que la empresa, pese a sus constantes negativas, conoció durante años los efectos nocivos de su talco para bebés.
Responsabilidad y orgullo de la actividad docente

Estas son el tipo de noticias que, a los que nos dedicamos a la docencia en el ámbito universitario, nos provocan un sentimiento agridulce. Por un lado, gran parte de nuestros esfuerzos en el aula por demostrar que las cosas están cambiando se ponen en entredicho cuando una gran compañía sale por estos motivos a la palestra (estilo Volkswagen). Sin embargo, paralelamente, resulta un alivio conocer que, sin importar el tamaño o la repercusión, las grandes organizaciones están expuestas y su gestión responsable es observada continuamente por los grupos de interés y la sociedad. Esto es una constatación objetiva de que existe una presión latente por conocer que los negocios se desarrollan de manera sostenible.

En este contexto, es imposible no sentir que los académicos y docentes somos parte de este proceso transformador que requiere que las empresas realicen una gestión y comunicación consecuente con unos valores y unas expectativas éticas. Curso a curso, nuestro discurso en torno a cómo se deben gestionar las organizaciones refuerza la idea de un liderazgo responsable y unos objetivos empresariales que van más allá de la mera obtención de beneficios económicos. Queremos, y así lo trasmitimos, que las empresas aporten verdadero valor y actúen como ciudadanos corporativos globales (lo que se conoce como Global Corporate Citizenship).  

En ESIC, por ejemplo, trabajamos por “Transformar personas para hacer un mundo mejor” y una forma de manifestarlo es a través de nuestra apuesta por el desarrollo de competencias asociadas al pensamiento crítico, la ética empresarial, la antropología o incluso el autodiagnóstico en el futuro directivo. Consideramos que son aspectos fundamentales para el profesional que liderará las empresas de mañana y, por ello, fomentamos el debate crítico alrededor de cualquier asignatura. Me consta que esta necesidad de conjugar conocimiento técnico, habilidades directivas y soft skills es la preocupación de todas la universidades y escuelas de negocio punteras. Por ese motivo, el trabajo que realizamos desde las aulas es cada vez más alentador y, en cierta medida, nos hace un poco responsables de ese escrutinio constante al que se enfrentan las organizaciones.

Como profesores tenemos una responsabilidad muy grande a la hora de trasladar conocimiento y valores. Nuestra actividad será un reflejo de las sociedades venideras y eso genera presión. Pero lo cierto es que es maravilloso sentirse en esa tesitura. Las nuevas tecnologías han promovido que el conocimiento sea accesible dentro y fuera de la Educación Superior. Sin embargo, el desarrollo de las competencias que nos hacen ser “personas” sigue siendo un privilegio y una responsabilidad que debemos cuidar y potenciar desde las aulas. No importa cuál sea la titulación o la formación que se reciba, el debate en torno al “porqué” de cada decisión y sus repercusiones debe ser una constante en nuestro día a día como docentes, puesto que eso es lo que garantizará que nuestra profesión sea imperecedera.

¿Te ha gustado el artículo?

4 No me ha gustado 0

Tu opinión es importante... ¡dejanos tus comentarios!

Top