Si hay dos megatendencias evidentes y que están ya marcando las agendas empresariales son la digitalización y la sostenibilidad (entendida como la consideración de factores ASG: ambientales, sociales y de buen gobierno). Cualquier CEO que se precie incluye estos términos o alguna de sus variantes en sus discursos e intervenciones públicas: tecnología, valores intangibles, diversidad, etc...
Digitalización y sostenibilidad, ¿juntas o separadas?

Hasta ahora se han presentado estas dos tendencias como inevitables, que lo son, pero aisladas una de la otra, cada una con su agenda, sus asuntos, sus calendarios. Ambas tendencias tienen suficiente entidad por sí mismas. La digitalización cambia los modos de trabajar y de relacionarse de la empresa (con sus empleados, clientes, proveedores, lugares de trabajo, etc), el diseño de su oferta comercial, etc. La sostenibilidad centra su discurso en nuevas maneras de generar valor, la escasez de recursos, diversidad e inclusión, etc. Parecen dos tendencias relevantes, pero ajenas la una a la otra.

Como profesionales de la sostenibilidad no podemos permitirnos no tener en cuenta TODO lo que sucede en el entorno, ese entorno que es el protagonista de la generación de valor sostenible. Así que la digitalización debe estar sí o sí en el centro de nuestra agenda y nuestro foco. Siendo así, me permito proponer una serie de ámbitos en los que la digitalización plantea retos para la sostenibilidad. Cada uno de ellos merece sin duda mucha más profundidad de la que se le dedica aquí: esto apenas es una invitación a seguir avanzando.

Retos A (ambientales)

En el imaginario colectivo asociamos “nuevas tecnologías y digitalización” con energías limpias y no contaminantes, pero ¿somos conscientes de la electricidad que es necesaria para mantener las granjas de servidores, cada vez mayores y más potentes, y su refrigeración? ¿Somos conscientes, por ejemplo, del consumo en combustibles (fósiles o no) que son necesarios y que serán necesarios en el futuro para dar respuesta al enorme crecimiento del comercio electrónico? ¿Y la saturación de los centros de las ciudades para la distribución y reparto de estas compras? Si la tendencia se mantiene, ¿cuántas furgonetas y camiones de reparto van a necesitar “los amazon de la vida” para poder entregar a tiempo los pedidos a cada uno de nosotros? Ahí lo dejo.

Retos S (sociales)

La digitalización provocará, está provocando ya, la desaparición de empleos y puestos de trabajo. Y en algunos sectores y funciones, de manera masiva. Esto supone un reto social de primer orden a tener en cuenta desde el punto de vista de la sostenibilidad. ¿Cómo se producen estas bajas? ¿Cómo afectan a las sociedades donde se desarrolla? (Atención que esto no es ajeno además al auge de los populismos que estamos sufriendo…) ¿Cómo evitar la exclusión social o, en positivo, cómo reintegrar a las personas afectadas en el mercado laboral? ¿Qué políticas públicas o privadas son necesarias para afrontar este reto?

Ligado con lo anterior están las nuevas relaciones laborales. La digitalización puede conllevar una “deslocalización” de la fuerza de trabajo. Los empleos (los nuevos y los convencionales) pueden desempeñarse, gracias a la tecnología, a miles de kilómetros de distancia del centro de trabajo. Los empleados no tienen necesariamente que serlo, es decir, las relaciones laborales pueden ser más flexibles y “líquidas”. El empleo fijo para toda la vida está cuestionado con las nuevas formas de trabajo. Y esto supone retos desde el punto de vista de la motivación y retención del talento, de la formación, de la cultura y la ética corporativas, del orgullo de pertenencia, de los derechos laborales, etc. Añadamos a esto el aplanamiento de las jerarquías ligado al trabajo en red y las nuevas tecnologías y el cóctel del gran reto S está servido.

Otro reto desde el punto de vista de las relaciones laborales y aspectos sociales está ligado con la implicación de las mujeres en las áreas STEM (science, technology, engineering, mathematics). Las STEM están llamadas a ser las disciplinas que lideren el cambio tecnológico con lo que ser especialista en ellas implicará un mayor reconocimiento profesional, mayor remuneración, etc. La tradicional “apatía” de las mujeres por estas disciplinas puede ser un factor (más) de inequidad laboral y ampliación de la brecha salarial. Otro reto para la diversidad y la sostenibilidad.

Otro reto social es el derivado con la brecha de acceso o la potencial exclusión que determinados grupos sociales pueden sufrir. Si bien la digitalización y las nuevas tecnologías intentan hacerse cada vez más accesibles, lo cierto es que determinados grupos sociales no están, o no perciben estar, en disposición “de subirse a este carro”. O viven en regiones que no disponen de las infraestructuras tecnológicas que se lo permitan. El riesgo de la brecha y la exclusión social está ahí.

Y apunto un par de retos de carácter “G” (de gobernanza)

La digitalización se basa en el dato, la información es su materia prima. Los retos en cuanto a privacidad y derechos personales son de sobra conocidos (caso Facebook, por ejemplo). También los derivados de la propiedad intelectual. Y estos son también retos para la sostenibilidad. Y uno más, ligado a este: la asimetría en la información. La vulnerabilidad del consumidor frente al proveedor, que conoce mucho (mucho mucho) sobre los ingresos, situación familiar, gastos, gustos, movimientos, relaciones personales, etc. ¿Y qué sabe el consumidor del proveedor? Pues la “virtualización” (no los podemos ver ni tocar) de los servicios y la digitalización hace que cada vez dependa más de la voluntad del proveedor, de su ética y transparencia, de la regulación que le aplica…. La asimetría puede llegar a ser desproporcionada y esto también supone un reto (G) desde el punto de vista de la sostenibilidad.

Y un reto más de carácter filosófico. La digitalización parece cada vez más inspirada en una concepción “anarco-capitalista” (no reglas, no control) de las relaciones empresariales. Sé que esta afirmación puede resultar demagógica si no se explica más (y el propósito y la extensión de este artículo no lo permiten), pero apunta a un temor que están manifestando ya muchos expertos. Esta filosofía “no reglas – no supervisión – no control”, que tiene su máxima expresión en las criptomonedas, puede implicar riesgos desde el punto de vista de los derechos, de la responsabilidad (accountability) y de la equidad. Ahí lo dejo también.

Animo a seguir profundizando en estos temas e invito a la creación de grupos de reflexión y debate. La digitalización es un reto para la sostenibilidad de primera magnitud: cojamos al toro por los cuernos. 

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