Ya estamos en septiembre, en el mes de la vuelta al cole, y volvemos a meternos en la vorágine rutinaria de madrugones y atascos y a contar los días para las próximas vacaciones, sin mucho tiempo para dedicarnos a nosotros mismos. Así pues, antes de volver a meter las manos en la masa, querría reflexionar sobre un tema que, como trabajadora social inmersa en el mundo de la cooperación, me preocupa, y mucho.
Conciencia y responsabilidad para elegir ONG

Soy de las que piensan, citando al conferenciante y escritor Jorge Font, que “Quizás no podamos alargar la vida; pero siempre, siempre la podemos ensanchar”. Precisamente, tratando de ensanchar esta única vida que tenemos, y que en mi opinión, no tiene sentido si no es compartida y ofrecida a los demás, dediqué muchos veranos de mi época estudiantil a hacer voluntariados nacionales e internacionales. Más adelante, cuando me encontré demasiado absorbida por la rutina que describía antes, dejé todo para ir de voluntaria a África por tiempo indefinido, y así ensanchar, al menos, mi amplitud de miras.

Después de casi cuatro años trabajando con KUBUKA en Kenia, en lo que ha sido una carrera de fondo compartiendo la pista con muchas otras ONG, siento la necesidad de defender la labor que profesionalmente llevamos a cabo, y a menudo se ve ensombrecida por escándalos publicados en los medios de comunicación como el caso de la presunta estafa de Yes We Help del que tanto se ha hablado este verano. Desde mi experiencia me gustaría, por un lado, dar esperanza a las personas que por distintos motivos están desencantados o decepcionados con las ONG. Por otro lado, quisiera dirigirme a quienes este verano han realizado un voluntariado que les ha dejado en estado de resaca emocional, y a los que todavía no han tenido la oportunidad de realizarlo pero ven las fotos de amigos y familiares con ojos de envidia, para darles mi humilde consejo.

Antes de colaborar con una ONG en cualquiera de sus modalidades, ya sea económicamente como ofreciéndonos como voluntarios para las actividades que realiza en nuestros países de origen o en terreno, es imprescindible recopilar la máxima información posible sobre la entidad, puesto que dicho conocimiento nos evitará futuras frustraciones.

La primera pista para saber qué tipo de actividades está realizando la entidad y cuál es su fin último, está en su forma jurídica. Una ONG en ningún caso debería constituirse como Sociedad Limitada o Sociedad Anónima, es decir, como empresa. Esta información quizás no sea fácilmente localizable, pero es de carácter público y por lo tanto debe ser accesible para quien desee conocerla. Las figuras legales para registrar una Organización No Lucrativa en España son Asociación y Fundación, siendo más habitual la primera. El número de entidades inscritas en el Registro Nacional de Asociaciones en 2017 ya superaban ampliamente las 50.000, por lo que en este mar de posibilidades necesitamos otros criterios para poder identificar aquellas en las que podemos depositar nuestra confianza.

La página web de una organización es su escaparate al público, por lo que debería darnos amplia información sobre todo aquello que queramos saber. El hecho de que una ONG no tenga en la página principal de manera visible su misión y visión e información sobre los proyectos, y reserve la posición privilegiada para hacer reclamos publicitarios nos dice mucho sobre cuáles son sus prioridades. Además, un llamamiento a hacer voluntariado no debería compartir slogan con una agencia de viajes: “Ven de voluntario a Kenia, ¡te cambiará la vida!” En muchos casos, la oferta de personas voluntarias que desean participar de un proyecto, sobre todo de ámbito internacional, supera ampliamente la demanda o la necesidad real de esta mano de obra en terreno. Sabiendo esto, si nuestra intención es generar un impacto real y positivo allá donde vayamos, podemos descartar aquellas entidades que organizan viajes solidarios para grupos grandes por una duración de entre 15 días y un mes.

Personalmente, respecto al voluntariado, me resulta llamativo que algunas organizaciones acepten personas menores de edad y establezcan un límite por exceso. En principio, cuanta más formación y experiencia profesional tenga la persona voluntaria, más podrá aportar en las actividades que realice, siempre y cuando tenga la madurez suficiente para saber adaptarse al contexto. También es un dato relevante el coste de la experiencia y el desglose detallado del mismo. A modo orientativo, me parece razonable que el voluntario pague un máximo de 100€ a la semana en concepto de manutención para estancias cortas. Para voluntariado profesional de larga estancia, este gasto debería correr a cargo de la entidad.  Hay que tener en cuenta que en la mayoría de casos, la persona voluntaria debe correr además con los gastos del vuelo, visado, seguro médico, vacunas y dinero de bolsillo para el tiempo libre y el poder adquisitivo del voluntario no debería ser en ningún caso un criterio por el que aceptarlo o rechazarlo.

Es importante recopilar información sobre el historial y el recorrido de la entidad. La antigüedad no es, en todos los casos, sinónimo de calidad, pero el hecho de que la ONG llevé mucho tiempo gestionando voluntariados nos da ciertas garantías. Desde un punto de vista profesional, sabiendo el volumen de trabajo que implica dar una buena formación a las personas voluntarias, orientación previa y durante la estancia, seguimiento de sus trámites logísticos, etc. En combinación con la preparación del programa en el país de acogida con la gente local para que la experiencia sea realmente productiva y constructiva, puedo afirmar que el aprendizaje es progresivo y que es inviable para una entidad que acaba de nacer, gestionar de forma profesional un gran volumen de personas.

El portal de toda ONG debería tener, de forma muy visible, un apartado de transparencia en el que se recoja información técnica y económica sobre el conjunto de la entidad y sus proyectos, así como pruebas de su legalidad (estatutos, informes de auditoría, etc.) Es importante conocer las fuentes de financiación de la entidad para elegir aquellas con mayor diversidad y solidez. Por último, un aspecto clave y muy fácilmente identificable es el tono de la comunicación que la organización realiza. Hay algunas ONG que, aunque cuidan mucho la parte técnica en cuanto a calidad de las imágenes, diseño, etc. descuidan el contenido y promueven el tópico del “salvador blanco” o sobreexponen a la población local de los países en los que trabajan. La comunicación de una ONG, en mi opinión, debería tener siempre un tono más positivo que dramático y respetar la dignidad e intimidad de todas las personas.

Afortunadamente, no todas las entidades son iguales y no es justo generalizar respecto a la confianza que merecen. Algunas, además de cumplir con los requisitos legales de las Organizaciones No Lucrativas, hacemos un inmenso esfuerzo por autorregularnos y cumplir los requisitos para estar inscritos en la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo) u otras agrupaciones del sector, otro hecho que nos dará más seguridad a la hora de escoger la entidad.

Por último, a la hora de elegir la organización con la que hacer voluntariado, es muy importante ser auto-exigentes y valorar positivamente que nos pidan cumplir determinados requisitos de formación, colaboración anterior con la entidad durante el año, etc. Aunque todas las personas valemos para ser voluntarias, no siempre estamos preparadas para ello y no en todos los casos hacer voluntariado es lo mejor que podemos hacer para apoyar un proyecto en el que creemos. Seamos críticos a la hora de evaluar la ONG con la que queremos colaborar y de denunciar irregularidades, pero colaboremos mientras podamos porque hay miles de maneras de hacerlo y tenemos que ensanchar la vida ya que es demasiado corta de por sí.

Myriam Estarrona del Río

Vicepresidenta de la ONG KUBUKA – Más Por Ellos

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