Vértigo paroxístico

Mi amigo Luciano está encantando. Me dice que, a raíz de sufrir un problema médico este verano, le ha llegado la oportunidad para cumplir el sueño de su vida: dedicarse al mundo del lujo y transformarse en “influencer”. Como los últimos estudios del CIS señalan, el máximo aspiracional entre la juventud española de hoy es, precisamente, ser famoso.

Hasta ahora, mi amigo era consciente de que su único y paupérrimo aval era llamarse Luciano (pronunciado como “Luchiano”), pero buscaba un algo más que le llegó cuando, hace unos dias, le diagnosticaron “vértigo paroxístico”, un episodio con origen en el oido interno que se caracteriza por presentar crísis de vértigo de escasos segundos a pocos minutos, acompañado de un movimiento incontrolado e involuntario de los ojos llamado nistagmo, palabra con la que mi amigo Luciano se emociona y a la que, eso dice, le puede sacar mucho partido en su futura proyección como “influencer”. Que el vértigo produce nauseas (que ordinariez) no piensa mentarlo, faltaría más. Y, finalmente, Luciano se arrebata con lo de paroxístico porque ese adjetivo indica el momento en el que se experimenta con mayor intensidad una emoción.

Claro que para demasiadas emociones y lujos no deberíamos estar porque, superada la crísis económica, o eso dicen, en España nuestra tasa de desempleo sigue siendo escandalosamente alta y padecemos un salario mínimo mensual de 850 euros, aproximadamente, y un salario medio bruto de 1.650, referencias muy bajas si las comparamos con los países de nuestro entorno. Hasta el punto de que, según un muy reciente estudio de Randstat, a la vuelta de vacaciones casi un treinta por ciento de los asalariados españoles andan locos por cambiarse de empleo y los motivos para hacerlo son, y por ese orden: mejora en el salario, conciliación de la vida personal y familiar, oportunidades de formación profesional y mayor seguridad laboral. Estamos hablando de de mas de cinco millones de personas, que no es ninguna tontería.

Pero no importa la pasta, me dicen, porque el lujo es un concepto cambiante. Ya no es solo dinero y, según demostró hace años el Dr. Pedro Cuestas, y ahora recuerda un informe de EAE Business School, en los últimos tiempos “ha evolucionado desde la idea de ‘precio’ hacia la de ‘valor’, siendo entendido esto ultimo como algo mucho mas próximo a la exclusividad, tanto por su posibilidad de acceso como de apreciación”. Y, aunque pueda parecernos un despropósito, no es una “fake news”: el sector del lujo ha crecido sostenidamente a nivel mundial en los últimos veinte años y alcanzó en 2017 la suma de 267 mil millones de euros sin que la gran crisis le llegara a hacer cosquillas. Una tendencia que también se consolida en España donde, como en el resto del mundo, el automóvil ocupa la posición mas alta en el podio de consumo lujoso/lujurioso donde, ahora, lo mas importante es el lema “vivir, más que tener”.

Mi amigo Luciano (pronunciar ‘Luchiano’, por favor) lo que quiere conseguir ya, como los últimos estudios del CIS señalan, es el máximo aspiracional entre la juventud española de hoy que es, precisamente, ser famoso, una categoría tan ambigua como carente de peso racional. Pero los jóvenes españoles, y no importa como, quieren ser famosos como lo son los ‘influencers’ a los que siguen... así que tendremos que olvidarnos de la educación/formación, del trabajo, del esfuerzo y de la decencia y, ante tamaña ausencia de sentido común (el sentido de la realidad del que hablaba Castilla del Pino), ponernos a llorar paroxísticamente por las esquinas, sin olvidar aquello, aplicable a tantos llamados ‘influencers’, que don Antonio Machado nos dijo por boca de Juan de Mairena: “Se miente mas que se engaña, /y se gasta mas saliva/ de la necesaria...”, porque, mira por donde, encontré la foto de un famoso reconvertido en ‘influencer’ que, vía Instagram, nos presentaba un maravilloso Maserati vestido con pantalón corto, sandalias y calcetines blancos, algo que, como es sabido, debería estar prohibido legalmente.

Así que, estimados ‘influencers’ en general y, en particular, mi querido Luciano: si queréis prolongar vuestras carreras, acordaos de Machado una vez mas y “huid de escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales. Nunca perdáis contacto con el suelo; porque solo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura”. Amén.

Juan Jose Almagro

Finales de agosto de 2018

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