Bueno, no es para los pobres, sino para los que ayudan a los pobres. Los mercados de alimentos tienen problemas que podrían solucionarse para conseguir un uso más eficiente de sus recursos.
Un mercado para los pobres

Leo la noticia en ZEWnews, la newsletter de ZEW, una asociación de economía en Alemania, aunque la noticia viene de Estados Unidos. Thilo Klein cuenta que los bancos de alimentos tienen problemas de distribución: los grandes, como Feeding America, reciben grandes donaciones de productores y distribuidores de alimentos, pero, a la hora de repartirlos entre los bancos de alimentos locales, se encuentran con que las necesidades de estos no son siempre las mismas, porque dependen de las donaciones de supermercados y panaderías locales, que pueden ser muy distintas de un día a otro y de un lugar a otro.

La solución para muchos sería un gran centro unificador, que controlase las necesidades y disponibilidades de otros. Los economistas de Chicago, a los que Feeding America acudió, inventaron algo mejor: un mercado, con su propia moneda. Dan cada día, a cada banco de alimentos local un volumen de dinero, de acuerdo con sus probables necesidades (el tipo de población que acude a esos establecimientos cada día) y el área en que se encuentran. Dos veces al día hay una subasta on line, en la que los bancos locales pujan por lo que necesitan, de acuerdo con sus necesidades locales, con lo que sobró de ayer y con lo que hoy han recibido de sus proveedores locales. Los que necesitan más, ponen un precio más alto y se lo llevan, y ese precio indica la necesidad relativa y, por tanto, hacia dónde se ha de canalizar la oferta. Esto permite, por ejemplo, peticiones de ayuda más precisas: el valor alimenticio de la pasta es mucho mayor que el de la fruta, pero la pasta se conserva muy bien, de modo que los supermercados locales suelen ofrecer menos pasta y más fruta, que se echa a perder con más facilidad.

Al final ese “mercado” permite un uso más eficiente de los alimentos disponibles. Y tiene resultados agregados: el artículo explica, por ejemplo, que el año pasado las donaciones aumentaron de 125 a 175 millones de kilos, y la atención a cada “mercado” local fue mucho más personalizada y eficaz.

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