Se plantean 10 puntos básicos para reflexionar y abordar el problema de las pérdidas y desperdicios alimentarios desde el enfoque de desarrollo sostenible.
Reducción de pérdidas y desperdicios alimentario

El problema

Naciones Unidas incluye entre sus metas de Desarrollo Sostenible para 2030 reducir a la mitad el desperdicio mundial de alimentos, una disminución que habrá de alcanzarse en las diferentes fases de la cadena alimentaria, desde el campo hasta la mesa.

¿De qué cantidades estamos realmente hablando? Existen numerosos datos sobre el volumen de las pérdidas y desperdicios (PDA) a lo largo de los eslabones de la cadena agroalimentaria, oscilando las estimaciones entre un 30 y un 50% del total de alimentos sanos y comestibles. Ante esta variedad de datos, el Grupo de alto nivel de expertos en seguridad alimentaria y nutrición (vinculado al Comité de Seguridad Alimentaria Mundial) hace un llamamiento a la prudencia sobre el uso de diferentes estimaciones, existiendo preocupaciones relativas a la fiabilidad y la calidad de las mismas.

Por el momento, la cifra más difundida en numerosos estudios mundiales sobre PDA es la aportada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura: la FAO ha valorado en 2009 que el 32 % del total de alimentos producidos en el mundo ha terminado como pérdida o desperdicio. Esta estimación, recogida en el informe Global food losses and food waste , está basada en el peso de los productos destinados al consumo humano en las diferentes regiones del mundo, siendo excluidos los piensos y otros productos no comestibles. El cálculo se centra en las pérdidas de pesos o masas de alimentos básicos en las dietas (como cereales, raíces y tubérculos, frutas y vegetales, semillas, legumbres y frutos secos, carnes, pescados y mariscos, leche y huevos).

El triple balance o la perspectiva del desarrollo sostenible

Si analizamos las causas de las PDA podemos comprender que el problema se enmarca en una perspectiva de desarrollo sostenible que afecta desde el hogar y la empresa individual hasta el propio sistema agroalimentario.

El Informe nº 8 del Panel de Expertos de Alto Nivel del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial, sobre “pérdidas y desperdicios de alimentos en el contexto de sistemas alimentarios sostenibles” defiende el análisis desde una matriz que integre las tres áreas del triple balance –económica, social y ambiental- con tres niveles de análisis:

  1. Micro, prácticas que ocurren en cada fase particular de la cadena alimentaria, desde la producción hasta el consumo;
  2. meso, aspectos estructurales vinculados a las relaciones que existen a lo largo de la cadena alimentaria, del estado de las infraestructuras, etc; y
  3. macro, aspectos sistémicos, institucionales o políticos que determinan la coordinación de actores, las inversiones y la adopción de buenas prácticas.

Nos encontramos ante un problema sistémico que parte y afecta tanto al ámbito empresarial como a la gestión medioambiental, las políticas públicas y las actitudes de consumidores, pero en este momento el foco de atención está orientado hacia el sector empresarial, cuya apuesta en la gestión de PDA deberá ser sólida y ejemplar dentro del sistema. En ese sentido, es interesante recordar, tal como ha sido expuesto en la sesión de debate del II Encuentro de la Alianza contra el Hambre y la Malnutrición de España, que “tenemos un problema de estructura de la producción. Hay que cambiar de mentalidad y producir lo que se vende o lo que se consume en lugar de intentar vender lo que se produce. Eso exige un cambio estructural muy grande”.

Diez puntos básicos

El camino desarrollado desde la década de 1960 hasta la fecha ha sido intenso, pero el problema no solo no ha finalizado sino que puede incrementarse en los próximos años (algunas estimaciones llegan a apuntar un incremento del 40%). Para evitarlo podemos comenzar reflexionando -y también actuando- sobre los siguientes puntos:

  1. Desde la opinión pública el foco del problema parece centrarse en su dimensión social, y hemos de fomentar una actitud a favor de la reducción de las PDA más amplia, aceptando que nos encontramos ante un problema también económico y medioambiental.
  2. Es imprescindible mejorar el conocimiento del problema, mediante la investigación y creación de datos consistentes que permitan cuantificar y evaluar la dimensión real del problema.
  3. En el ámbito económico, las empresas y los consumidores deben comprender que dedican una parte de sus presupuestos a producir, comercializar o adquirir alimentos que no serán vendidos o consumidos.
  4. En el ámbito social, sin duda el aspecto más visible y que plantea cuestiones éticas de difícil aplazamiento es que más de 900 millones de personas en el mundo corren riesgo de desnutrición.
  5. Un menor desperdicio llevaría a un uso más eficiente de las tierras y los recursos hídricos, y contribuiría a la lucha contra el hambre y la malnutrición en países en vías de desarrollo.
  6. En el ámbito sanitario y ambiental, la producción de alimentos consume gran cantidad de energía y recursos naturales.
  7. Además, se estima que producir un kilo de alimentos emite 4,5 kilos de CO2, lo que supone 170 millones de toneladas de alimentos desperdiciadas equivalentes de CO2 al año. Las montañas de residuos alimentarios originan gas metano, cuyo efecto invernadero es 21 veces superior al del dióxido de carbono.
  8. La adopción de prácticas sostenibles en general y de reducción de PDA en concreto, permitirán contribuir a la creación de entornos más saludables y a mantener o incrementar la satisfacción y calidad de vida de las personas.
  9. Es necesario aprovechar el momento de alta sensibilidad social con el tema para abordar prácticas y soluciones a las PDA, aceptando una responsabilidad compartida entre diferentes eslabones, y valorando compromisos diferenciados y proporcionales para cada uno.
  10. Las empresas agroalimentarias tienen un papel destacado en la búsqueda de soluciones, adoptando prácticas coordinadas que podrían ser ejemplares e impulsar actitudes a favor de una sociedad y economía sostenibles.

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Nota: Resumen del artículo Reducción de pérdidas y desperdicios alimentarios y bienestar social: una relación posible. Premio ASEDAS al mejor artículo publicado en la Revista Distribución y Consumo durante 2016.

@AntonioBlancoTW

 

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