La caverna de Platón es una alegoría que subyace en los modelos de pensamiento occidentales. Como sabéis, Platón nos explica que las personas que están amarradas en el fondo de la caverna solo pueden ver las sombras de los objetos que se mueven en el exterior, por lo que acaban convencidas de que el mundo de fuera es exactamente lo que muestran las sombras.
A veces aplaudimos lo evidente porque no hemos tenido ocasión de ver más allá

He mencionado la caverna de Platón para hablar de la cueva de Tailandia. Todos celebramos que los niños de Tailandia y su monitor se encuentren a salvo. Desde que se conoció el accidente hasta que se cerró con éxito prácticamente el mundo entero ha seguido conmovido todas las nuevas que nos iban llegando. Y prácticamente todo el mundo jalea a los muchachos y al monitor como verdaderos héroes, hasta el punto de que se va a rodar una película para explicar la odisea.

Supongo que los niños se limitaron a seguir las indicaciones del monitor para penetrar en la cueva, o al menos eso es lo que ocurre normalmente en un grupo de chavales cuando están guiados por un adulto. Así que me permito dejarlos al margen de esta reflexión para centrarme en la figura del monitor.

No puedo juzgar su comportamiento porque no conozco lo suficiente su cultura y su biografía (aunque los medios nos han brindado algunas particularidades al respecto) así que no voy a centrarme en él. No voy a hablar de él, sino de cómo lo ha visto la sociedad.

Me llama mucho la atención que la sociedad lo contemple como un héroe cuando en realidad ha sido el responsable de que haya muerto un buzo, los niños hayan estado en grave peligro, los campesinos hayan perdido sus cosechas a causa la inundación provocada por la extracción de agua de la cueva, muchas personas hayan dedicado tiempo y dinero a proveer de comida a los equipos de rescate, miles de personas han abandonado sus quehaceres para acudir en auxilio del grupo, se han hecho esfuerzos extraordinarios para organizar equipos de expertos de todo el globo, se ha invertido cantidad de energía eléctrica, etc., etc. Si sumamos todos perjuicios ocasionados, el total sería abrumador.

Pero la sociedad pone el foco en el grupo de muchachos y su monitor para colgarles la medalla de héroes.

Dónde ponemos el foco está muy relacionado con la cultura en la que vivimos. Como en la caverna de Platón, nos fijamos en las sombras - aquellos atributos secundarios de lo verdaderamente importante - y les otorgamos categoría de verdad absoluta. La responsabilidad personal de cada uno de nosotros respecto al conjunto de la sociedad pasa así a un discreto segundo plano y nos centramos en imágenes que nos ayudan a sentirnos bien.

Estoy muy de acuerdo con José Manuel Errasti Pérez cuando nos habla de una sociedad cándida: nuestras necesidades son finitas y saciables, pero los deseos son infinitos e insaciables, especialmente si los deseos son de vanidad, narcisismo, identidad, triunfo personal y social.

En este magma se crían muchísimas personas: lo que a mí me interesa es lo verdaderamente importante, y tengo derecho a… todo lo que se me ocurra. Por eso son tan sugestivas situaciones como las de la cueva de Tailandia, porque reflejan el éxito y la gloria que apetecemos. Quién o qué ha resultado lesionado carece de importancia. Y las redes sociales han sido cómplices en este proceso de deterioro; como dice Zygmunt Bauman, internet no es la causa del crecimiento del número de internautas ciegos y sordos en el plano moral, pero facilita y potencia enormemente este aumento.

Con todas las salvedades que queramos, nuestra sociedad está favoreciendo la aparición de lo que Enrique Rojas llama síntomas de personalidad inmadura: nivel bajo de responsabilidad, pobre percepción de la realidad, baja madurez intelectual, poca educación de la voluntad, criterios morales y éticos inestables...

Así que no estaría mal que los medios de comunicación (como éste, por ejemplo) ayuden a concienciar a la población de las responsabilidades sociales que tenemos cada uno de nosotros, polinizando ideas básicas sobre la Responsabilidad (con mayúsculas): cada vez que decidimos hacer - o decidimos no hacer - también estamos decidiendo cómo incidimos en la vida de los demás y en la madre Tierra.

Platón, con su alegoría de la caverna, puede ayudarnos a pensar. Y su discípulo Aristóteles también aporta su visión sobre este tema. Te dejo aquí uno de sus postulados por si pudiera contribuir a enriquecer la reflexión:

Toda acción razonable debe ir precedida por la deliberación. El objeto de la voluntad debe ser el bien, pero cada uno toma como bien lo que le aparece como tal: el hombre bueno toma como bien lo que de verdad lo es, y el hombre malo toma como bien cualquier cosa. Para cada hombre hay bellezas y placeres diferentes, y seguramente en lo que más se distingue el hombre bueno es en juzgar correctamente todas las cosas, siendo así como el canon y la medida de ellas. En cambio, el error de la mayoría parece debido al placer, pues sin ser un bien lo parece, y por eso eligen el placer como si fuera un bien y rehúyen el dolor como un mal.

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