El apoyo del concurso “Gente Brillante de Voluntarios Telefónica” ha permitido que este grupo variado de voluntarios, con este sentimiento común de ayudar a mejorar la calidad de vida de los niños, haya logrado ayudarlos a que puedan demostrarse a sí mismos que son capaces de hacer muchas cosas fruto de su propio esfuerzo y sentirse importantes. Se va construyendo un círculo virtuoso de dar y recibir, y un vínculo cada vez más fuerte.
Munay: Voluntariado por amor

Nacer dentro de un contexto pobreza puede dificultar las oportunidades de niños y niñas con habilidades diferentes, más aún si viven en entornos familiares donde son considerados un problema, una carga o con riesgo de sufrir maltrato en sus propios hogares. En nuestra sociedad existen prejuicios sobre la discapacidad y ello puede afectar de manera negativa a las personas pues al sentirse limitados pierden la confianza en sus propias capacidades.

Sin embargo, existen experiencias que buscan mejorar la calidad de vida de aquellas personas que más lo necesitan. Esta es la realidad de la Asociación de las Bienaventuranzas, ubicada en el distrito de Villa María del Triunfo; institución que desde el 2008 acoge a 150 niños, niñas, adolescentes y ancianos con habilidades diferentes, enfermedades psiquiátricas y/o físicas; algunos incluso con enfermedades terminales declarados en estado de abandono total.

La primera vez que llegué al Hogar fue mediante una visita como parte de un profesorado de yoga para niños especiales, en el que participaron varios voluntarios de este proyecto. Esa visita nos marcó de manera especial, varios continuamos visitando el hogar, sabíamos que volveríamos para seguir apoyando su labor. En búsqueda de ello vi en el concurso “Gente Brillante de Voluntarios Telefónica” una gran oportunidad para brindar ayuda.

Con un grupo de compañeros de trabajo y gracias a la asesoría recibida por el concurso; identificamos como una de las necesidades del Hogar: ayudar a que los niños tengan un uso más provechoso de su tiempo, mejoren sus habilidades, su desenvolvimiento, la calidad de convivencia para que así puedan mejorar su autoestima, recuperar su autonomía y desarrollar autoconocimiento. Es así que nace el proyecto Munay (palabra quechua que significa amar) cuya propuesta consiste en la implementación de un espacio de jardinería, propio de los niños, y el desarrollo de juegos y actividades de expresión corporal. Cabe señalar que dichas actividades se trabajan bajo un enfoque terapéutico y artístico, el cual permite obtener beneficios físicos, mentales y emocionales.

Desde enero del 2018 un grupo de voluntarios, conformado por trabajadores de Telefónica y amigos que se han sumado en el trayecto; venimos trabajando con 25 niños y jóvenes entre 5 y 17 años. Con apoyo especializado, a través de actividades creativas y juegos recreativos, los niños y jóvenes del Hogar han desarrollado el amor, reconocimiento, cuidado y dedicación a sus plantas en su propio terreno. En cada sesión, los voluntarios ayudamos a hacer realidad su jardín, es decir, su espacio, preparando el terreno, sembrando flores y plantas. Además, han aprendido con nuestro apoyo, a utilizar herramientas sencillas de jardinería y desarrollar su creatividad para elaborar macetas en materiales reciclables y crear dibujos inspirados en las plantas. Su creciente entusiasmo en cada sesión nos ha demostrado su capacidad de adaptación y compromiso con el proyecto; siguen correctamente indicaciones y rutinas. Han aprendido a practican valores como respeto, compañerismo, solidaridad, orden y amor.

Esta experiencia ha transformado la perspectiva en los voluntarios al interactuar con los niños y jóvenes que viven en el Hogar, como ha sido para Belén, quien se ha sentido sorprendida profundamente al recordar que siempre existe la oportunidad de encontrarse con personas con las que se puede compartir experiencias con mucho significado. Para Heidi, con quien conocí el Hogar por primera vez, la emoción de los niños es una bendición. Ella ha sumado a sus 2 hijos quienes al involucrarse con una realidad distinta han aprendido a ver más allá de las apariencias. Para cada uno de nosotros participar en este voluntariado ha significado un reto diferente, desde superar la distancia y el calor, hasta trabajar la paciencia para encontrar la mejor manera de comunicarse con cada uno de los niños y jóvenes. Pero el cariño y las ganas de los niños durante este tiempo compartido es muy especial para cada uno de nosotros, sentimos que recibimos de ellos mucho más en retorno, eso nos ha permitido continuar con este proyecto y que todo sea más fácil de superar.

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