Llevamos semanas escuchando y leyendo sobre el Día Internacional de la Mujer del 8 de marzo, con numerosas iniciativas en torno a este día; la más importante, la huelga feminista planteada por numerosos sectores, como académicas y periodistas. #NosotrasParamos, algo impensable hace unos años. Las mujeres tenemos claro que juntarse es la mejor manera de hacernos oír, para exigir algo básico, que no es otra cosa que igualdad salarial e igualdad en nuestros derechos. A lo mejor quien lo lea puede pensar que no es su caso, que no se siente ni reflejada ni representada en estas reivindicaciones, pero las cifras y estudios demuestran que queda mucho camino por recorrer.
mujeres y sostenibilidad diarioresponsable.com

El liderazgo en las organizaciones sigue siendo de hombres

Las mujeres tenemos un sueldo de media un 14% más bajo en los países de la OCDE y un techo de cristal bastante evidente –un 75% de los altos cargos en el sector privado están ocupados por hombres, como indica el informe Women in Business 2017 de Grant Thornton–. El liderazgo de las organizaciones está todavía en manos de los hombres.

La desigualdad marca las carreras profesionales de las mujeres desde el primer momento. Por ejemplo, en Estados Unidos se contrata a menos mujeres que hombres pese a que estas representan un 57% de las personas recién graduadas de la universidad. A medida que se avanza en los escalafones corporativos, la proporción de mujeres disminuye hasta que en el nivel de preparación profesional específica –SV, por sus siglas en inglés– solo un 21% de trabajadores son mujeres. Como resultado, solo uno de cada cinco directivos es mujer. Así, como indica el estudio de McKinsey, las mujeres estadounidenses representan a un 52% de la población pero solo ocupan en un 20% los puestos de dirección.  

En España, a día de hoy, solo 5 de las 50 universidades de titularidad pública tienen mujeres rectoras; solo tenemos un 22% de mujeres catedráticas; solo el 28% de los altos cargos de la Administración en España son mujeres, y las mujeres representan menos del 24% en los consejos de administración de las empresas del Ibex35. La brecha salarial entre hombres y mujeres alcanza el 30% (es decir, las mujeres deberían trabajar 109 días más para alcanzar el sueldo de los hombres).

La diferencia  se agranda cuando hablamos de maternidad. El 58% de las mujeres renuncian a su carrera profesional al ser madres, frente al 6% de sus parejas. El 54% de las mujeres son las principales responsables de las “tareas invisibles”, frente al 17% de los hombres, según datos de “Somos Equipo”.

¿Y qué pasa cuando son las mujeres quienes lideran?

Analicemos qué ocurre cuando las mujeres sí logran ejercer el liderazgo. ¿Cuáles son las consecuencias y los beneficios de ese liderazgo?

Algunas investigaciones apuntan a que aquellas organizaciones con mayor presencia de mujeres en sus juntas directivas tienden a ser más transparentes y a tener mejores políticas de buen gobierno, gracias al impulso de mecanismos de anticorrupción, alianzas sólidas con las comunidades locales y mayor grado de divulgación de la información.

En este sentido, se asegura que existe una correlación positiva entre el desempeño de las compañías y la presencia de mujeres en la alta dirección. Un estudio de Catalyst revela que las empresas con más mujeres en sus comités de dirección superan en tres indicadores financieros a aquellas que tienen menos, consiguiendo un 53% más de rendimiento sobre el capital propio (ROE); un retorno sobre las ventas un 42% más alto y una rentabilidad para accionistas y acreedores un 66% más elevada.

De esta forma, se tangibiliza que las organizaciones que más promueven la diversidad de género en su dirección, se comportan, generalmente, de forma más ética y responsable también en otras dimensiones, y ese comportamiento tiene un impacto en el rendimiento y en la estabilidad del negocio.

Las mujeres impulsan la agenda de la sostenibilidad

El informe Behind every Global Goal: Women leading the world to 2030, elaborado por la ONU, apunta a que las mujeres podrían ser la pieza clave en el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). De hecho, las organizaciones con una mayor presencia de mujeres en sus comités de dirección priorizan las cuestiones medioambientales y son más propensas a integrar un sistema de gestión de impactos sociales y riesgos del cambio climático en los modelos de negocio a través del desarrollo de productos sostenibles o la integración de energías renovables. Además, estas compañías suelen medir, con mayor frecuencia, sus emisiones de carbono, e implementar programas con proveedores para reducir la huella de carbono en la cadena de suministro. De esta forma, la conversación en torno al papel de las mujeres en el cumplimiento de los ODS cambia y pasan de ser beneficiarias a líderes del progreso.  

Asimismo, como ha señalado la ONU en numerosas ocasiones, la igualdad de género y el empoderamiento de mujeres y niñas de todo el mundo es un ingrediente transversal para asegurar el éxito de cada uno de los 17 ODS. Por lo tanto, cuando hablamos de sostenibilidad, no solo se trata de motivar un desarrollo global que respete el medio ambiente, sino también de un desarrollo feminista –entendido como el movimiento por la igualdad de derechos civiles entre mujeres y hombres– que permita a las mujeres participar, sin excepción, en todos los entornos sociales, económicos y políticos en igualdad de condiciones y de derechos.

Liderar con propósito más que estatus de poder

Una investigación realizada a partir de entrevistas a directoras ejecutivas de grandes empresas señala que la principal motivación de las mujeres en puestos de liderazgo es, además de conseguir buenos resultados financieros, lograr un impacto positivo en el entorno. Según este estudio impulsado por la Rockefeller Foundation, en comparación con sus homólogos hombres, las mujeres CEO están más motivadas por el trabajo en equipo que por el estatus de poder. Por este motivo, más de dos tercios de las directoras ejecutivas entrevistadas admitieron estar motivadas por un sentido de propósito y el convencimiento de que su compañía podía tener un impacto positivo en la comunidad, sus empleados y, en general, en el resto del mundo. Como resultado, se obtuvieron cuatro competencias clave para el éxito: el coraje, la asunción de riesgos, la resiliencia y la gestión de la incertidumbre.

Con estas características en mente y el convencimiento de que un mundo igual para todos es posible, las mujeres trabajadoras necesitamos empoderarnos y poner en valor nuestra capacidad para liderar las empresas responsables y sostenibles que exige el presente y, sobre todo, el futuro del desarrollo global.

Isabel López Triana

Socia de CANVAS Estrategias Sostenibles

@Ilopeztriana

@CANVASRSC

¿Te ha gustado el artículo?

1 No me ha gustado 0

Tu opinión es importante... ¡dejanos tus comentarios!

Top