En estos días en los que muchos tenemos fijada la vista en Bruselas, está pasando algo de gran repercusión y trascendencia global a escasos 200 kilómetros de allí, en la ciudad alemana de Bonn. Miles de delegados de más de 190 países mantienen reuniones en el marco de la COP23 - la vigésimo tercera conferencia de las partes de las Naciones Unidas sobre cambio climático - con la intención de avanzar en los objetivos y ambiciones del Acuerdo de París y progresar en su implementación
Lo que el humo nos impide ver

Si recordamos, el Acuerdo de París es el fruto de intensas negociaciones durante la COP21 celebrada en la capital francesa en 2015 y dónde hasta bien avanzada la conferencia parecía imposible que saliese de ahí el más mínimo acuerdo. Finalmente, el principal convenio fue “mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2°C y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5°C con respecto a los niveles preindustriales, reconociendo que ello reduciría considerablemente los riesgos y los efectos del cambio climático”.

A día de hoy, 169 de las 197 partes que firmaron el acuerdo lo han ratificado. Entre ellas China, segunda economía mundial y mayor emisor de dióxido de carbono del mundo. Por el contrario, Estados Unidos, primera economía y segundo mayor emisor, ha decidido no continuar, ya que, en palabras de Donald Trump en junio de este mismo año, el acuerdo pone a Estados Unidos en una “permanente desventaja”.

Todo ello a pesar de que se prevé que Estados Unidos sea uno de los países más afectados por el cambio climático. Además, sorprende al estar presentes en el acuerdo todas las grandes economías mundiales y al encontrarse en Estados Unidos dos de las agencias más sensibilizadas con el cambio climático del mundo, como la Agencia de Protección del Medioambiente (EPA), que aplica una de las regulaciones más exigentes, o la NASA, que proporciona información sobre el cambio climático en la Tierra. 

Por fortuna, hoy en día, las compañías más exitosas van más allá de los requisitos mínimos dictados por los gobiernos. Así, más de 2.500 líderes de instituciones y compañías como Apple, Dow Chemical, Facebook o Google se han unido a la declaración “We are still in”, demostrando su apoyo al Acuerdo de París. La participación o no de China y Estados Unidos es especialmente relevante siendo aquellos que más emiten y más tienen de los que más se espera.    

En el viejo continente, y más en concreto en la Unión Europea, podemos estar bastante orgullosos de nuestro compromiso para combatir el cambio climático y sus consecuencias, pues no solo los líderes vienen expresando su deseo de estar a la vanguardia mundial, sino que existen objetivos ambiciosos para 2020 y 2030 y una hoja de ruta para 2050, nada menos. La renovación de las formas de consumo de energía y de las fuentes energéticas, con un mayor mix de energías renovables, junto con la conectividad de las ciudades inteligentes, permitirán cambiar ese tono grisáceo vinculado a nuestro continente desde la revolución industrial a uno más verde y azul. Un ejemplo de la apuesta de las compañías españolas por las energías renovables es que no solo las principales energéticas sino también las dos principales petroleras ya invierten en este tipo de energía en 2017, que, de hecho, será la fuente de energía cuyo consumo más crecerá en el mundo hasta 2040, con un crecimiento medio anual del 2,8%.

Estas acciones llevadas a cabo por gobiernos y empresas no serán suficientes si no se consigue concienciar a la sociedad para que actúe como auténtico catalizador, ya que las acciones serán únicamente efectivas si todos nos implicamos en evitar algo que todos sabemos que llegará, pero que todos esperamos que sea otro el que haga algo para evitarlo.

Los españoles hoy en día pensamos que existen preocupaciones más importantes que los problemas medioambientales, ya que solo 5 de cada 1.000 ciudadanos los consideramos entre los tres principales problemas en España, como se puede desprender del último barómetro del CIS de octubre de 2017. Con la situación actual de desempleo, corrupción, e inestabilidad política y territorial parece razonable, ya que viene siendo habitual que hasta que no ocurre el problema no lo consideremos. Por cierto, el asunto territorial también podría tener alguna influencia en el cambio climático, pues sino difícilmente se podría explicar el motivo por el que Gibraltar es el territorio en el mundo que emite mayores emisiones de dióxido de carbono por habitante.

La salvedad está en que una vez ocurra el problema climático no podremos atajarlo en pocos años ni tampoco revertirlo. Por supuesto no debemos dejar el resto de problemas de lado, pero sí que podemos dar la importancia merecida a este problema que tiene un impacto en el corto y largo plazo. Tampoco consiste en únicamente buscar cómo solucionar el problema, sino aprovechar todas las oportunidades que nos presenta su solución, y no solo en términos de calidad de vida, bienestar y seguridad, sino también de negocio y prosperidad.

Es cierto que los modelos climáticos son inexactos y que nadie conoce a ciencia cierta cuántos grados aumentará la temperatura terrestre, ya que desconocemos la variabilidad climática natural, no acabamos de entender completamente los procesos del sistema terráqueo y tenemos la incertidumbre de cuáles serán las futuras emisiones derivadas del ser humano. También es cierto que hasta que los modelos más positivos indican la continuación del aumento de la temperatura en los próximos años y décadas. Además, es destacable que desde que se recogen datos, los meses de julio más fríos se registraron en 1904 y 1911, mientras que los más calurosos han sido en 2016 y 2017.

Asimismo, es verdad que el aumento de la temperatura de la Tierra se podría considerar natural, pero no es menos cierto que el ser humano ha influido considerablemente a la aceleración del cambio climático a través de la sobreexplotación de los recursos y la emisión de gases que alimentan el efecto invernadero, y que consecuente, aumentan la temperatura de la Tierra. Cabe señalar que hoy en día las emisiones anuales acumuladas en la atmósfera crecen el doble de rápido de lo que lo hacían 50 años atrás. 

Para solucionarlo, en un mundo más globalizado que nunca, debemos empezar por afrontar los desafíos venideros todos juntos y dejar de enfrentarnos entre nosotros en asuntos que no benefician a nadie. Si se me permite el ejemplo, los caminantes blancos en Juego de tronos se harán fuertes mientras nadie crea que existen o mientras la lucha no se centre en ellos, pero solamente habrá una oportunidad para hacerlos frente si todos actúan unidos. 

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