Si estuviésemos en una clase de física, nos dirían algo así como: la energía no se crea ni se destruye, se transforma. Con el dinero sucede exactamente lo mismo, pero por desgracia la transformación en este caso se traduce en un auténtico trasvase de riqueza que está generando desigualdades sociales nunca antes vistas
La elusión fiscal transforma la riqueza en desigualdad

¿En que medida se puede exigir el pago de impuestos a los ciudadanos, que vemos con creciente desencanto (he querido ser muy diplomático) como las grandes multinacionales abusan de la elusión fiscal para no declarar los impuestos que DEBEN pagar en aquellos países donde desarrollan su actividad y generan sus oportunos beneficios?

La respuesta es obvia. Todos debemos cumplir con nuestra obligación fiscal si queremos que el estado del bienestar (ya venido a menos) se mantenga. El problema es el mismo de siempre, una inmensa mayoría (el ciudadano de a pie), acaba pagando los desmanes de una ínfima minoría que cuenta con los recursos y la capacidad de presión para interpretar a su antojo y en beneficio propio la legislación.

Día tras día, en periódicos, televisión y medios digitales nos inunda una avalancha de casos de evasión fiscal de multinacionales (y grandes fortunas) que se sirven de la ingeniería fiscal para reducir el pago de impuestos. Resumiendo,  el mal de la inmensa mayoría (menores impuestos para financiar el estado del bienestar) en beneficio de unos pocos.

Un reciente trabajo de la Comisión Europea encaminado a combatir la elusión del impuesto de sociedades en Europa, estima que supone para los países de la UE una pérdida de ingresos comprendida entre 50 000 y 70 000 millones de euros al año. 

Si estuviésemos en una clase de física, nos dirían algo así como: la energía no se crea ni se destruye, se transforma. Con el dinero sucede exactamente lo mismo, pero por desgracia la transformación en este caso se traduce en un auténtico trasvase de riqueza que  está generando desigualdades sociales nunca antes vistas. En España, los datos son cada vez más alarmantes y si hablamos de la pobreza infantil, los últimos informes de Caritas son para echarse a llorar.

Hasta aquí podemos decir que hemos alcanzado un nivel de indignación considerable. Pero ¿cabe estirar un poco más la indignación, os preguntareis? Por supuesto. En mi caso particular, cuando oigo la manida frase: " una mayor presión fiscal asusta al capital y los inversores se marcharan fuera, lo que afectará a la creación de puestos de trabajo" , para que os voy a contar...juraría que mientras escribía este párrafo se me ha chamuscado el teclado.  

Si no me equivoco, este capital que viaja a  otros países en busca de menores costes de producción luego vuelve a casa (como el turrón, por navidad) en forma de productos más baratos, que acabarán en manos de consumidores ahora con un poder adquisitivo cada vez más bajo.

Lo que esta pasando es que en algún punto del camino, esta cadena ha variado. Este consumidor, creativo y con una capacidad de adaptación sorprendente, es consciente de que no puede, pero sobre todo ha decidido que no quiere consumir como antes. Detrás de todo esto, esta en mi opinión el germen de la explosión de la economía colaborativa. Si tengo menos recursos para consumir, lo debo hacer de otra manera.

En este contexto podemos definir al consumidor actual como:

  • Más colaborativo
  • Más responsable 
  • Más ético
  • Más informado
  • Valora el uso y disfrute frente a la posesión

Por todo lo expuesto podemos entender porque estamos en un cambio de época más que en una época de cambios.

La indignación por la presión fiscal cada vez más regresiva, el menor poder adquisitivo, el cambio de prioridades en la forma de consumo, todo ello bien agitado en la coctelera está generando una profunda transformación en la sociedad que apenas estamos empezando a ver.

En cualquier caso, si quisiéramos seguir avanzando en la escala de indignación, ejemplos nos sobrarían. Me gustaría detenerme en un caso que tiene que ver mucho con lo que estoy haciendo ahora mismo, solo que yo lo hago por afición y los que hay que lo hacen por devoción, porque ese su talento natural y viven de ello. Me refiero a los escritores, a los que Hacienda recientemente ha decido echarles una mano al cuello!! 

Pero me reservo este tema para un artículo posterior.

¿Te ha gustado el artículo?

0 No me ha gustado 0

Tu opinión es importante... ¡dejanos tus comentarios!

Top