“España estancada: Por qué somos tan poco eficientes”, se pregunta Carlos Sebastiánen un libro reciente. Lo que dice merece ser analizado, si queremos salir del cortoplacismo de los que dicen que 2016 va a ser un buen año, porque la economía tiene mucha inercia, y como ha estado creciendo bastante en los últimos meses, bueno, lo lógico es que continúe haciéndolo.
España estancada

 ¿Y después? ¡Oh, ese debe ser el larguísimo plazo de los que piensan que, a largo plazo, todos muertos! De modo que… no hacemos nada para mejorar nuestra situación. Ya he contado otras veces cómo me preocupa que los políticos se pongan a elaborar políticas para arreglar problemas sobre los que no tienen explicaciones suficientemente consistentes. Por eso me parece bueno escuchar a Carlos Sebastián. De manera resumida, lo que dice es lo siguiente:

  • Nuestras ventajas competitivas no son claras, porque estamos exportando lo mismo que otros muchos países, de modo que las cosas van bien, porque nos compran, pero no tenemos garantía de que continuen yendo bien en el futuro.
  • La economía española está trabada por el clientelismo. Gracias, Carlos, por llamarnos la atención sobre algo que ya sabíamos, pero que no acabamos de reconocer. La corrupción política es solo una manifestación de esa manera de trabajar en la que predomina el amiguismo, las relaciones, el tener en el Consejo de Administración personas que mandan o que conocen a los que mandan…
  • Demasiadas leyes. Todo está controlado, permitido, prohibido, regulado… Los funcionarios y los directivos, protegidos: “¡eh, que yo cumplía la reglamentación, la culpa no es mía!”. Los costes, disparados; todo se retrasa, crear una empresa es un tarea hercúlea, cumplir todos los reglamentos es algo imposible… de modo que, claro, es bueno tener contactos, por si algún día nos cogen en un fallo administrativo…
  • La distribución de la renta es muy desigual. Carlos Sebastián subraya aquí que el problema es la escasa de capacidad de resistencia de los que están peor, en caso de perturbación negativa (que, tarde o temprano, sucederá). Detrás de esto hay muchas cosas, también un estado del bienestar mal planteado, que ha funcionado bien mientras el pastel crecía, pero que entra en crisis cuando el suflé se rebaja…
  • Productividad estancada. La hemos hecho crecer por el procedimiento arcaico de despedir gente. Pero lo que se llama la productividad total, que es la medida de la eficiencia del sistema productivo, no crece.

Hay, claro, otros muchos problemas, pero mientras no les prestemos atención, no mejorarán nuestras expectativas de futuro.

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