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En un precioso hotel de cuyo nombre no quiero acordarme, en Costa Rica, ofrecen a los clientes un tour nocturno para ver cómo se aparean las ranitas coloradas. ¿Y cómo pueden verse esos diminutos animales por la noche? Muy sencillo: con reflectores

Invadir y entorpecer así la vida de los animales no cuadra muy bien con un país que se presenta como "Pura Vida" y como ejemplo de modelo ecoturístico.  Parece evidente que brindar ahora una actividad original a unos cuantos clientes podría amenazar el equilibrio del ecosistema dando además una imagen de afán de lucro que no cuadra con planteamientos a medio - largo plazo:  si la fauna especial desaparece (además del daño ecológico producido), el negocio también.

Situaciones así se dan en muchos ámbitos: ropa interior de puro algodón vendida a precios irrisorios en grandes centros comerciales, pescado congelado baratísimo en supermercados, golosinas que han arrasado la flora autóctona para expandir las plantaciones necesarias,  procedimientos perversos para trucar resultados en ciertas plantas de producción… ¿para qué seguir?  Todos tenemos conocimiento de muchos casos diferentes, que al parecer tienen cuatro cosas en común:

  • ofrecer algo apetecible al cliente (sano, original, barato, tecnológico, ecológico…);

  • daño infligido a la empresa y /o alguno de sus partícipes;

  • riesgo de fracaso de la empresa a medio plazo;

  • riesgo de colapso del ecosistema.

Sin embargo, casi todas las empresas que incurren en estas malas prácticas se esfuerzan en implantar un modelo de gestión basado en la RSE:  con los claroscuros que queramos, procuran hacer las cosas bien e ir mejorando cada día.

¿Qué es lo que falla entonces? ¿Por qué aparecen una y otra vez oportunidades de hacer las cosas fijándose únicamente en el lucro a corto plazo?

Tengo para mí que la RSE todavía no ha calado en la sociedad tanto como nos gustaría.  Aún prevalecen los antiguos modelos que ponen en el centro las ganancias económicas.  Durante muchos años hemos vivido en una sociedad en la que se han diseñado e implantado complejos modelos de gestión para garantizar las ganancias, y eso no podemos cambiarlo de un plumazo.

Parece que poco a poco vamos desplazando nuestro foco de las ganancias a las personas: si las personas se sienten cómodas en el seno de la empresa habrá más posibilidades de conseguir ganancias sin dañar a terceros.  Y así se van dibujando tímidamente nuevas formas de hacer como Sostenibilidad, Economía Circular, Gestión Ecológica, Inclusión, etc., etc., etc.

Y estos nuevos enfoques friccionan con tantos años de inercia economicista.  Es normal, por otra parte, que en el proceso de mudanza de un modelo A hacia un incipiente modelo B se presenten resistencias, errores debidos a la rutina, desconocimiento…

babe da caracolNecesitamos un lubricante que ayude en esta a veces costosa transición. Visto desde la Biomimética, sería algo así como la baba de caracol: ayuda a la locomoción reduciendo la fricción, permite el desplazamiento por zonas difíciles, ayuda en la regulación térmica, reduce el riesgo de heridas y agresiones externas, ahuyenta insectos y ayuda a desprenderse de sustancias tóxicas.

Nuestro lubricante podría ser muy bien la ética: cada una de las propiedades de la baba de caracol las aporta un buen modelo ético de aplicación general en la empresa.  Y la ética es algo que generan las personas, se aplica a la relación entre personas, a los comportamientos de las personas, a los resultados que obtienen las personas… en la empresa también, no solo en los ámbitos personales.

¿Qué tal si empezamos a tomarnos en serio un planteamiento así para conseguir el éxito en la transición del modelo A al modelo B?

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P.S.: Estoy viendo una sonrisa maliciosa en tu cara ☺ porque sabes que la baba de caracol  es un ingrediente de ciertos (carísimos) productos de belleza.  Se usa así, sí, es un ejemplo más del caso "ranitas coloradas".

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