diarioresponsable.com En 2008 el mundo se paró por el estallido de la crisis y una gran parte de nosotros espera que todo vuelva a ser como antes. No fue así. 

Hace años que venimos observando que el paradigma socioeconómico ha cambiado. Nos hemos familiarizado con un montón de términos de economía y parecemos expertos.  Los detalles los conocemos sobradamente y debemos adaptarnos buscando las oportunidades que se abren ante nuestros ojos.

Soy una persona con suerte, lo admito. Pertenezco a ese colectivo que se ha adaptado con renuncias materiales pero que ha podido mantenerse gracias a la reflexión sobre lo que es realmente importante. Tengo trabajo y pago mis facturas. 

Sin embargo esta nueva situación me ha entrenado para observar mejor y  tener más perspectiva. El tiempo, las conversaciones y lo que está sucediendo me confirman que es importante tener una actitud responsable, proactiva y coherente así como buscar la colaboración (de verdad) sin ser utópica e idealista. Sencillamente funciona y genera más aprendizaje. Quiero creer que hemos aprendido algo más de humanidad y de valores que contribuyen a que todo funcione de manera más natural.  

La Responsabilidad Social Empresarial llegó hace tiempo pero -según mi opinión- éramos pocos los que pensábamos que era mucho más que la realización de reports y actuaciones aisladas para que la empresa - no siempre- pudiera continuar focalizándose en el beneficio económico, y punto. No había coherencia. Se ha hablado muchísimas veces de ello, no es una moda, la responsabilidad social es estratégica y un modelo de gestión que funciona que debe ser llevado a cabo por toda la organización.

En entradas anteriores he hablado a menudo de que la responsabilidad es ante todo Individual, ya que las personas somos las que formamos las empresas, las administraciones y entidades, en definitiva, la sociedad. 

 Antoni Garrell, fundador del Centre de Coneixement (FUNDIT) comenta en una entrevista en Women360Congress.com

"La responsabilidad social está sobre todo en las pequeñas cosas, cómo reaccionamos ante lo desconocido, lo no previsto". Es ahí donde se percibe la esencia de las empresas y de las personas. 

 De acuerdo. 

¿Cómo reaccionamos ante esta "nueva" situación?

 En primer lugar, con indignación  y queja. Está bien, y es razonable, pero un rato. La queja cansa, se necesita un liderazgo basado en el hábito y el ejemplo de lo cotidiano, alejado de lo grandilocuente.  Afortunadamente conozco a muchas personas que tienen ganas de actuar y aportar con sentido, de manera anónima y desinteresada. Conscientes o no hacen uso de su Responsabilidad Social Individual.  

Una buena  parte de esta "nueva situación" ha generado un aumento de la desigualdad y la cronificación de la pobreza (sí, la pobreza de larga duración). La sociedad ha mutado, el ADN ha cambiado, nos guste o no. Es otro. 

El Informe sobre el Estado Social de la Nación 2015 elaborado por la Asociación Estatal de Directores y Gerentes en Servicios Sociales ofrece datos concluyentes al respecto:

La dualización y la desigualdad se ha acentuado : hay más riqueza en menos manos y más pobreza, que permanece en buena parte oculta, generando una "nueva clase social ". Son las personas que no han podido adaptarse a la crisis, y que hace unos años vivían cómodamente, ya que para la mayoría de nosotros lo que pensábamos que era permanente era sólo estacional y nos ha pillado por sorpresa. Esta nueva realidad ha generado parálisis social (aunque el enfado está muy presente) y desconfianza institucional en muchos de los casos que ha crecido con los escándalos constantes (afortunadamente hay organismos que sí funcionan y muy bien).

¿Y cuál es la nueva imagen de nuestra sociedad?

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Una parte de la población (el 70%) habría sorteado la crisis, aunque uno de cada dos hogares tenga dificultades para llegar a final de mes. El 30% restante (más de 14 millones de personas) está condenada a vivir en la pobreza o en la vulnerabilidad permanente, sometida a un elevado deterioro y sin esperanza de engancharse al ascensor social en, al menos, una década  (Artículo de El País "El 30% se ha quedado atrás" en referencia a este estudio)  

Además, en función de la zona la desigualdad es mayor debido a la disminución de recursos públicos, la baja cualificación y la poca diversificación e internacionalización de la industria. Un ejemplo es el derecho de la renta mínima de inserción: hay grandes diferencias entre comunidades.

Una consecuencia de esta situación es que en España se ha disparado el número de hogares con personas activas en paro que conviven con un algún mayor de 65 años, distanciándose todavía más de otros países de la U.E. 

Los pensionistas están teniendo un papel importante como soporte de las familias con dificultades económicas.  

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  Fuente: Índice de Bienestar Social en España 1994-2010

 En las siguientes gráficas del Índice Foessa de Bienestar Social 2014   podemos observar claramente el incremento de la pobreza en las familias y su relación con el paro o la temporalidad. Más de un 15 % de las personas que trabajan se encuentran en este grupo de especial vulnerabilidad

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Fuente: Índice FOESSA de Bienestar Social 2014. 

 
Ahora dejemos a un lado la estadística. 

¿Conocemos a alguna persona que ha perdido su empleo hace más de dos años  y que ha tenido un golpe de mala suerte? Probablemente.  Seguramente esa persona no verbaliza en exceso su situación por pudor (la situación le ha sobrepasado) y frecuentemente se apoya en su red de familiares y amigos para pagar las facturas. Una de cada dos personas son parados de larga duración aunque haya mejorado ligeramente la situación, y en un 15% de los casos son personas empleadas en condiciones precarias.   

Nos podría haber pasado a nosotros, perfectamente. 

Repensemos qué es la pobrezaes mucho más que alimentación básica, sin perder de vista que 2MM de personas en España sufren mala alimentación por motivos económicos.  Es bloqueo, desorientación, desigualdad de oportunidades (particularmente en la infancia), crispación en las familias, falta de dignidad. Es un problema permanente que hasta ahora se ha visibilizado muy poco pero que está ahí y sigue creciendo. Hace falta pararse a observar y conversar sobre ello.

¿Hablamos del tema con normalidad a la vez que promovemos el respeto o estas personas están empezando a sentirse excluidas socialmente?

¿Trabajamos de manera transversal haciendo uso de nuestra responsabilidad social como personas, empresas e instituciones ?

¿Vamos más allá de una acción social puntual enfocándonos en generar un impacto positivo a corto, medio y largo plazo?

¿Nos informamos de las iniciativas (que las hay y siguen surgiendo) que sean cercanas y somos proactivos?

Por responsabilidad, reflexionemos y actuemos. 


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