“No sólo estamos viviendo una crisis económica, también vivimos una crisis de valores”…
“Los bancos y empresas deben cambiar de valores”…
“Necesitamos otros valores en nuestra sociedad”…
“¿¡En dónde quedaron los valores!?”…
Empiezan a ser frases habituales en los medios de comunicación, en nuestro día a día… el modelo de más, más rápido, más barato y sin prestar mucha atención al cómo está cuestionado e incluso está siendo la causa del desequilibrio. Pereciera que necesitamos un cambio de modelo mental, de sistema de creencias. Un cambio cultural, en resumidas cuentas.
Es cierto que las organizaciones deben seguir ofreciendo productos y servicios cada vez mejores, que aporten un valor añadido a las personas que los adquieren, pero la sociedad está empezando a valorar también su comportamiento: Quién eres y qué valores representas empieza a ser tan importante como la calidad de tus servicios.
Estamos comprobando, por nuestro trabajo, que cada vez son más las organizaciones y los sectores que están reflexionando en este sentido, que están buscando vías de trabajo para ir hacia dicho cambio de modelo.
Muy bien, ya hemos declarado los valores con los que queremos trabajar en esta organización. Hemos incluso escrito lo que significa cada uno de ellos… ¿y ahora qué? ¿Cómo hacemos para que las personas los vivan? ¿Cómo hacemos para que no sólo se quede en un “publíquese y cúmplase”?
¡Ahí está la clave! Asegurar la coherencia entre los valores declarados y las decisiones y prácticas de la organización en el trabajo del día a día.
Podemos pasar horas debatiendo sobre el significado de CONFIANZA por ejemplo, y aunque en líneas generales nos pongamos de acuerdo, cada persona tiene sus matices y lo vive a su manera. Por ello, una vez que la organización declara con qué valores quiere cumplir su Misión (el qué hacemos) y alcanzar su Visión (el para qué lo hacemos, el futuro deseado), es necesario “traducir” cada valor en conductas, en políticas concretas para poder asegurar la coherencia entre el discurso y los hechos.
Por ejemplo, elijamos un valor que pueda ser de nuestra vida personal: AMISTAD.
Lo más probable es que cada uno/a de nosotros/as tengamos nuestra idea sobre lo que significa “ser un buen amigo/a”, pero ¿a través de qué actos o comportamientos podemos demostrarlo? ¿Cómo honro el valor “Amistad”? Por ejemplo:
Llamo o escribo a mi amigos/as en sus cumpleaños.
Organizo una cena con mis amigos/as cada 6 meses.
Cuando un amigo/a me cuenta un problema o dificultad, le escucho y le ofrezco mi ayuda.
Cada persona puede definir diferentes “comportamientos observables” para un valor que declaremos importante, la clave está en que cualquiera pueda comprobar que cumplimos con las acciones que hemos definido para “vivir” el valor en cuestión.
Cuando hay coherencia (alineación de los valores con sus comportamientos asociados) y Foco y claridad (una Misión y Visión claras- un qué y para qué claros), se crea confianza y se da un fuerte sentido de compromiso con la cohesión del grupo y eso potencia la capacidad para la acción colectiva.
Y como nos motiva seguir aportando nuestro granito de arena para un cambio de paradigma, estamos organizando para Mayo el seminario de un día "Gestión guiada por valores” donde profundizaremos sobre cómo pasar del “dicho al hecho” en materia de valores.
Bilbao, 22 de Mayo 2015:
http://es.slideshare.net/equiliaC3/seminario-gestion-guiada-por-valores-mayo-15-44751712
Madrid, 25 de Mayo:
http://www.slideshare.net/equiliaC3/seminario-gestio-n-guiada-por-valores25-de-mayo-5
¡Podemos ser agentes de transformación!