diarioresponsable.comAntes de nada, me gustaría advertir al lector que este artículo no tiene nada de convencional. Lo normal sería que del mismo brotaran gotas de ideas teóricas que pongan de manifiesto la importancia de la función de los recursos humanos y de cómo los directivos que nos encargamos de esta función y de su foto actual y futura “dónde estamos” y “adonde queremos ir”.

Pero, pienso que ya estamos abrumados con tanta teoría que nos lleva a tomar unas decisiones y, poco después, nos hacen ver que estamos equivocados.

Llevo mucho tiempo oyendo hablar que los directores de recursos humanos debemos poner hincapié en la retribución, en la formación, en la selección, en las relaciones laborales, en el desempeño, en la prevención, en la organización, en el análisis de puestos, en la planificación de plantillas, y así podría seguir un tiempo más enumerando funciones del puesto.

Evidentemente, todos tienen su importancia relativizada en base a la organización en la que estamos, pero el presente y, consecuentemente, el futuro no está en seguir avanzando sólo por estas vías. Una vez implantadas y consolidadas, nuestros esfuerzos deben centrarse en trabajar sobre factores que sean lo más transversales posibles y doten a la organización de un valor referencial extra frente a la competencia.

Lo peor de esta crisis no es ya la crisis en sí, sino la forma en que ha arraigado en lo más hondo de nosotros. La crisis financiera derivó primero en crisis económica, y de ahí nacieron el resto de crisis. Incluida la penúltima, la de las energías renovables. Digo penúltima porque, a mi juicio, la última en cristalizar ha sido la crisis de responsabilidad

Responsabilidad porque si alguna enseñanza nos ha dejado la crisis es que hay que tener visión, ser innovador y acometer buenas prácticas empresariales. De ésta no salimos simplemente a base de golpes de creatividad, sino de la mano de la ética y la transparencia. Ahora se trata de restaurar la confianza en bancos, empresarios, mercados, supervisores y políticos. Pero, sobre todo, en la sociedad.

La internacionalización y el prestigio de la empresa están directamente ligados a la competitividad

La crisis ha quitado la máscara a los mercados, así como a los gobiernos autonómicos y al estado. Todo porque, en origen, ha habido fallos de buen gobierno empresarial y de supervisión estatal. La RSE no es sino una contribución activa y voluntaria para mejorar social, económica y medioambientalmente nuestro mundo. Porque aunque el lema se haya llenado de polvo con el paso de los años: otro mundo es posible. O, al menos, quiero pensar que todavía es posible.

Las empresas deben ir más allá y ofrecer un valor añadido, un compromiso con el entorno y una serie de políticas destinadas a construir un mundo mejor. 

En este nuevo marco, la función de recursos humanos tiene mucho que decir. Jugamos un papel crucial en la consistencia de la compañía. Debemos ser los impulsores de la nueva ideología empresarial. Conocemos la empresa donde trabajamos mejor que la mayoría de nuestros compañeros. Esto nos permite una visión mucho más genérica del negocio y, tengo claro, que el negocio a muy corto plazo no estará en el producto, ni en el precio, sino en la reputación como empresa: La RSE

La crisis económica pasará, bien porque al final hagamos correctamente nuestros deberes; o bien, porque la corriente del trabajo fructífero de los que nos rodean nos hagan avanzar hacia la recuperación.

Lo que no creo que mejorará si no hacemos algo rápidamente, es la responsabilidad. No porque no seamos responsables, o pensemos que es necesario serlo, sino porque los que gobiernan nuestras empresas lo vean como un enfoque estratégico dentro de sus políticas.

Las empresas debemos destinar más recursos estratégicos. Recursos estratégicos que, bien meditados, necesitan poca inversión para su puesta en marcha.

Y uno de los mejores recursos estratégicos que existen, es el Positivismo Emocional

Acciones en este campo consiguen que, por ejemplo, un empleado sienta que el hecho de pertenecer a una empresa le hace ser partícipe activo de acciones en beneficio del medioambiente, de la sociedad, de la economía,…

Si la empresa es capaz de extender esta idea al resto de los componentes de sus grupos de interés tendrá una red sólida que le permitirá ir creciendo de manera estable y posicionándose mejor ante la competencia.

Conseguirá clientes más fidelizados, proveedores más competitivos, empleados más motivados, mejor imagen en la sociedad,…

En recursos humanos, tenemos la posibilidad de conseguir evolucionar a nuestra empresa hacia una posición estratégica dentro del mercando donde nos movemos. Esta posibilidad nos la da la RSE.

Debemos construir una “RSE para un mundo posible”

Lucio Fernández

@lucio_fl

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