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Impresionante el linchamiento público, cínico y mediático a María Dolores Amorós, ex Directora General de la CAM. En noticias, blogs, y redes sociales, la campaña de injurias que está teniendo que soportar esta notable profesional, tras una vida de entrega a Caja Mediterráneo, y una decisión durísima al aceptar la dirección general cuando ya era inminente la decisión de intervenir la Entidad por el Banco de España, es, cuando menos, un acto de irresponsabilidad humana, injusta, social e hipócrita muy condenable.

  • Humana: María Dolores Amorós tiene familia. ¿Quién se disculpará ante su marido y sus tres hijos? ¿Quién se disculpará ante su hermana, tras haber custionado su nombramiento como territorial -un puesto menor en la estructura orgánica de la Caja Mediterráneo?
  • Injusta: María Dolores Amorós lleva 11 años en Caja Mediterráneo. Licenciada en Económicas por la UNED -o sea, técnica, no política, ni "zaplanista" ni "campsista"-, llegó a la Caja en 1998, y en sólo tres años demostró unas dotes de gestión impresionantes, que le llevaron a la dirección general adjunta. La Entidad creció, y con ella su Obra Social y los empleos que proporcionó, tanto en la Comunidad Valenciana como en el resto de España, hasta el punto de salir a bolsa -algo que ahora y sólo ahora es el mantra del Banco de España-, siendo pionera en la emisión de cuotas que entonces no le dejaron que entrañaran derechos políticos, y convertirse en la tercera Caja de España. Una trayectoria impecable de lealtad que coronó aceptando un puesto de "silla caliente" para trabajar desde la dirección general en la búsqueda de inversores institucionales y en evitar la ya adoptada decisión de intervenir la CAM por el Banco de España, lo que cabe definir, con criterio extricto, como sus dos únicos fracasos en toda su brillante carrera.
  • Social: María Dolores Amorós fue apartada de empleo por el Banco de España cuando ejecutaron la intervención. No se "auto-despidió" ni se "auto-impuso" ninguna pensión vitalicia. Sencillamente, el FROB (Banco de España) como nuevo administrador de su Entidad quiere echarla y no desea hacer frente a las obligaciones contractuales que esto conlleva, es decir, no quiere pagar su indemnización. Tras las fallidas presiones ayudadas porque "alguien" ha hecho público su contrato, se ha optado por el despido improcedente, y paralelamente y desde el sector público se han activado una serie de palancas institucionales cuando menos cuestionables, como la apertura de investigación penal por la Fiscalía Anticorrupción.
  • Hipócrita: En partes tres:
    • Si ante cualquier empleado de cualquier empresa de cualquier sector la opinión pública se encuentra ante una empresa que cuestiona indemnizarle en los términos que figuran en su contrato, no habría dudas de quién tiene la razón: el empleado. Estamos en un Estado de Derecho, los contratos se cumplen, y los despidos se compensan. TODOS. Esto es seguridad jurídica. Se compensan y se cumplen aunque las cantidades se expongan a la luz pública para que los parados y los que tenemos la suerte de ser empleados nos demos cuenta lo lejos que están nuestros salarios de lo que cobran los directivos con responsabilidades, por cierto, mucho mayores que las nuestras.
    • María Dolores Amorós no tiene ninguna "pensión vitalicia", lo que tiene es un contrato que establece un blindaje para recibir una cantidad en caso de que la despidan, como tienen el 99% de todos los altos directivos de todas las empresas grandes y medianas de este país y de fuera.
    • Dicha cantidad (60 millones de pesetas) es, por cierto, notablemente inferior a la de la gran mayoría de altos directivos de su sector bancario y, además, está vinculada al despido, no a la jubilación. Esto me trae a la mente otras cifras, que pongo sin valorarlas, pero que tienen en común que apellidan a algo que, para su desgracia, no es María Dolores Amorós: hombre y de un banco:
      • José Ignacio Goirigolzarri abandonó BBVA donde era Consejero Delegado y percibió una pensión de 3 millones de euros (500 millones de pesetas), casi 10 veces más que la indemnización por despido de María Dolores Amorós. Ganaba de sueldo anual 4,6 millones de euros, más de 10 veces más el de María Dolores Amorós. Curiosamente, de su pensión se habló diez veces menos. Debe de ser la correlación inversa.
      • Hablando de nóminas, Sáenz (Santander) gana 9,6 millones de euros al año; FG (BBVA), 5,7 millones; Rodríguez Inciarte (Santander), 4,5 millones; Emilio Botín (Santander), 3,9 millones; y no seguimos, porque la intención de este post no es precisamente alimentar las críticas a las retribuciones de empresas privadas (y la CAM y los bancos lo son), sino justo lo contrario: desmentir demagogias.

Cabe buscar las causas de tamaña infamia para evitar iteraciones y avisar a navegantes.

Entre las posibles causas de la brutal cacería, voces más autorizadas que la mía intuyen tres:

  • Tras "vender" (no hablo de los "vendedores") a la opinión pública que el problema del sistema financiero eran las Cajas de Ahorros, despistando la mirada sobre la concentración de ladrillo sazonado con innovación financiera y banca de inversión (agentes de la crisis americana) en los bancos comerciales, toca "arreglar" los balances de dichos bancos, que muchos analistas calculan mucho peores que los de las "malditas" Cajas. Decisiones cuando menos controvertidas en esta "danza bancaria" -como lo llama Luis Solana- como es, ahorita mismo, instar a la fusión de dos bancos, por así decirlo, orientados a ladrillo (el Popular y el Pastor), deberían ser convenientemente tapadas por una buena cortina de humo. Nada mejor que airear indemnizaciones supuestamente millonarias y desde luego disciplinarias para que las Cajas sigan dando que hablar y despistar la mirada de todos a pesar de haber sido acompañadas a integrarse y a buscar inversores todas a la vez y, desde luego, antes de los bancos.
  • Se han cometido, de acuerdo a analistas y expertos varios errores relativos a Caja Mediterráneo. De entrada, tolerar ciertos excesos en materia de inversiones en activos nada rentables como Terra Mítica (huelga decir que tales decisiones NO las tomó María Dolores Amorós, pues los directivos se "limitan" a gestionar el banco, no a hacer de Consejeros); luego, tolerar ciertas inestabilidades en su Consejo de Administración, derivadas de las luchas de poder entre los políticos presentes en su Consejo (no entre los técnicos y directivos); finalmente, empujar a la Entidad a un SIP como Banco Base sin garantizar su continuidad en él ni las condiciones a cumplir; y finalmente, intervenir tarde. Si la negociación del contrato de la Directora General, producida a raíz de la conformación del SIP de Banco Base, estaba mal planteada (si es que lo estaba), compete, quizás, alguien, conocerlo y evitarlo. Si no lo hizo, qué mejor que una buena cortina de humo para ocultarlo. 
  • Dolores Amorós es la segunda directora general de las Cajas de Ahorros en 300 años de Historia. La primera, María Luisa Lombardero, me confesó que acceder a la dirección general de El Monte, desde donde lideró extraordinariamente una fusión que se había "cargado" a varios Presidentes de su Entidad y que revestía enorme complejidad, fue una decisión personal en que salió perdiendo y mucho económicamente y en relación calidad (de vida) vs precio. Ella venía de banca (de Banesto), donde cobraba como directora general adjunta bastante más dinero que como directora general en una Caja de Ahorros, pues por si alguien no lo sabe, los directivos cobran menos en las Cajas aunque los empleados de base (los currantes) cobren más. Lombardero, cuando llevó a buen puerto su fusión, pasó a segundo plano (se eligió como director general de la nueva Caja a un hombre, que duró seis meses) y, finalmente, salió de la Entidad. Amorós, la segunda directora general, quien durante su gestión como directora general adjunta (que es desde donde gestionó varios años, pues como directora general apenas la han dejado estar unos meses) animó a implantar la responsabilidad social corporativa en cuanto a la igualdad, e introducir cada vez más a las mujeres en los órganos de gestión, molestó a bastantes machitos que ahora se contentan y congratulan con la subasta pública de su dignidad.

Soy consciente de que este artículo es políticamente incorrecto, pero creo que va en línea con lo que debe ser "responsable". Que los árboles de un salario o indemnización por despido alta no nos impidan ver el bosque de intereses creados por los irresponsables. Y sobre todo que las cortinas de humo alimentadas de esos mismos intereses no destruyan la fama ni el honor de los profesionales de una Caja que, no lo olvidemos, lleva más de un siglo dando empleo y desplegando obras sociales de forma ejemplar.

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