El Dorado para los profesionales de la responsabilidad social es encontrar un vínculo claro entre las prácticas socialmente responsables y  la creación de valor en las organizaciones. Que la responsabilidad social crea valor para la empresa  y para la sociedad  está claro. Incluso  Michael Porter –famoso por su creación del modelo competitivo por excelencia- parece ser converso de la sostenibidad.

Lo que es más difícil de identificar y cuantificar, sin embargo, es cuánto vale un kilo de bienestar social o diez toneladas de protección ambiental.  Dicho de otra manera, cuando una empresa hace RSE ¿para quién está  generando  valor?, ¿de qué manera se distribuye ese valor entre la empresa y el entorno? Si hay algo que abunda entre los apóstoles de la responsabilidad social es precisamente intuición. Quizá en lo que fallamos más es en la cuantificación.

Muchos socios, amigos y colegas se han acercado a Forética con una idea. ¿Por qué no crear un modelo econométrico que traduzca a la cuenta de resultados ese valor creado gracias a las prácticas responsables de una empresa? Sería sencillamente maravilloso. Pero siempre he albergado ciertas dudas y no pocas salvedades técnicas. Que una empresa pueda vender más  -incluso más caro en algunos sectores- como consecuencia de poner en valor su RSE, parece razonable e incluso lógico. Las empresas más afines  a los valores ciudadanos tienen  mejor acogida. Lo que es más complicado es aislar las variables que subyacen en el acto de compra -racionales y emocionales– y concluir que un porcentaje x de las ventas  se explica por el factor socialmente responsable. Hacerlo es posible, pero el margen de error del modelo  lo hará difícilmente  asumible, fiable o inteligible.

En lugar de eso –aunque no por ser díscolos- hemos tratado de hacer justo lo contrario. Analizar  aquellas compañías consideradas líderes en sostenibilidad y observar en qué medida, estas son capaces de generar un mayor valor añadido que sus competidores, poniendo el foco en sus accionistas. Este ejercicio nos ha llevado aproximadamente cuatro meses de duro trabajo, pero les aseguro que ha merecido la pena cada segundo invertido. Las conclusiones son cristalinas. Las compañías líderes en responsabilidad social generan mayores márgenes comerciales y operativos, tienen estructuras de capital más optimizadas,  con un menor coste de financiación y son más eficientes en el dimensionamiento de sus activos.  Puede consultar nuestro estudio pinchando aquí.

A través de este trabajo esperamos convencer a los más escépticos, aquellos que creen que la RSE es la cara amable de la empresa, o que es marketing social, o verde,  o marketing, o ni siquiera eso. La RSE no es un gasto, es una inversión y además da sus frutos. Para hacerlo, no nos queda más remedio que ponernos un tanto técnicos. Pedimos disculpas de antemano a las personas a las que les marean los números y los ratios, pero es algo que había que hacer. En todo caso, hemos hecho un esfuerzo para que todo lector pueda formarse una opinión.

Creo que las conclusiones de este análisis son una buena noticia para los apóstoles de la responsabilidad social. Esperamos que este trabajo sirva paras atraer a más conversos. El mundo será sostenible o no será.



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