Sin duda la transparencia es ya uno de los intangibles más valorados, esencial para la supervivencia de las empresas. Pero quizás las primeras señales de alerta, los primeros impulsos hacia una mayor transparencia, surgieron a principios de la década tras escándalos de la talla de Enron y Parmalat, que alarmaron al mundo y pusieron la fiabilidad de corporaciones aparentemente intocables en tela de juicio. En ambos casos, la debacle se vio propiciada por corruptelas, malas prácticas y ocultación de una información que debió ser pública. Más aún, en ambos casos el oscurantismo fue posible con la complicidad de otras entidades privadas-Arthur Andersen en el caso de Enron y Grand Thornton en el caso de Parmalat-, pero también con la connivencia de unas autoridades estatales que no cortaron la marea de la información sesgada, sino que permitieron que creciera hasta que su alborotado oleaje fue imposible de soslayar.
Decía Louis Brandeis en “The Right To Privacy”, que “la luz del sol es el mejor desinfectante”, y esta parece ser la premisa acogida- ya sea obligadas por las circunstancias, o bien por un compromiso real- por las compañías que se afanan en los últimos tiempos por pulir y sacar lustre en los resquicios más intrincados y tradicionalmente oscuros de su modelo de gestión. Los sistemas de regulación tradicionales han demostrado ser poco aptos para abarcar un terreno complicado, frondoso en ramificaciones y alianzas, en ocasiones lleno de nudos que precisan de nuevos sistemas de autorregulación o fiscalización por parte de agencias externas e independientes.
Sobre el potencial de la autorregulación en contraposición con los mecanismos de certificación ha versado el “face to face” que, en el marco del II Congreso de RSE, tuvo lugar entre Alberto Andreu, director de Reputación, Marca y RSE de Telefónica y Juan José Almagro, analista y experto en RSE un debate de lo más dinámico que acabó trascendiendo su “tema” inicial para tocar puntos de interés, y rabiosa actualidad, como la necesidad de armonización responsable a nivel europeo, la Web 2.0 como cauce de comunicación responsable o la voracidad y el cortoplacismo como grandes culpables de la crisis económica y de valores.
Así Juan José Almagro ha traído a colación aspectos como la “mística de los intangibles”, la ausencia de certezas en una sociedad donde lo único cierto es la incertidumbre que todo lo embarga. “A todos nos aqueja el síndorome de la impaciencia. Al menos el capital sigue siendo impaciente, y cuando esto es así, los directivos se vuelven indecentes”.
Almagro ha lamentado las malas prácticas que han conducido a la situación de crisis económica que existe en la actualidad, apuntalada por enemigos tales como una política de bancos centrales desafortunada un estímulo del crédito hipotecario por parte de los gobiernos, un estímulo de la titulización por parte de los reguladores financieros y un papel laxo de los supervisores. “Hemos convertido lo financiero en un fin”, ha resumido el experto.
En relación a la delicada situación de las pymes en relación a la Responsabilidad Social, Almagro ha advertido que si “no situamos a las pymes en el lugar que se merecen las estamos faltando al respeto. Y eso es insultarlas”
Almagro ha hecho también una mención a los principales hitos de la nueva estrategia europea de RSE, que prima aspectos tales como el impacto social, la confianza, los instrumentos internacionales de RSE, el consumo responsable, las compras públicas responsables, la ISR, la divulgación responsable, la educación, la coordinación en las estrategias responsables, entre otros y ha añadido que “ es bueno el desarrollo de políticas públicas para el impulso de la RSE, sino se pierde el tren de la competitividad”
Por su parte, Alberto Andreu ha hecho referencia a la importancia de la Web 2.0 como cauce de comunicación ideal para la RSE de nueva generación, y ha advertido sobre la actual coexistencia de dos mundos cuyos intrincados nexos es necesario saber gestionar: el mundo analógico, el real y también el virtual; ambos interconectados en un tejido sutil que no puede ignorarse. Acontecimientos como el 15M y su total repercusión en las redes sociales muestran que no se puede vivir de espaldas a Internet. “El futuro será digital, o no será”, asegura Andreu.
Además, el experto ha recordado que la actual crisis, no comparable a ninguna de las anteriores, no es una crisis coyuntural, sino estructural, y se ha mostrado escéptico en relación al papel que juega la autorregulación en relación a las memorias e informes, a pesar de que “entre la nada y la regulación, la autorregulación sigue funcionando como punto intermedio”.
Por otra parte, el director de Reputación de la teleco ha abogado también por una mayor armonización de la RSE a nivel europeo, en un terreno donde hay actualmente cuarenta y cuatro legislaciones distintas para el reporte.
Por último, Andreu ha hecho una mención a la importancia de integrar la sostenibilidad en la cadena de suministro y favorecer las compras responsables, sacando a colación el ejemplo del coltan, un mineral útil para la tecnología móvil que se da en una de las zonas más conflictivas del Congo y que Telefónica adquiere poniendo cuidado en el hecho de que proceda de “vías limpias”.