La inteligencia reputacional se hace su propio espacio en la gestión de la reputación. La información que refleja la opinión que los grupos de interés tienen acerca de la empresa es relevante para sus gestores, pero, ¿qué factores han hecho que la reputación cuente y sea más importante su seguimiento y análisis permanente?
El incremento constante de los riesgos corporativos, la progresiva democratización de muchas sociedades y muchos países del segundo y tercer mundo (como estamos comprobando en buena parte de los países musulmanes del norte de África), el activismo y los movimientos anti-globalización (que están detrás de muchas de las crisis sufridas por grandes marcas internacionales en los últimos años), la nueva economía de la abundancia y de la atención, el sensacionalismo y el intrusismo de los medios de comunicación (facilitado por la fragmentación de las audiencias y la búsqueda de un mejor reparto de la tarta o el pastel publicitario), la erosión de la confianza global, los avances tecnológicos y de Internet, o la responsabilidad corporativa son algunos de los cambios sociales, económicos y tecnológicos que han aupado a la reputación en los últimos años al podio de las principales preocupaciones de los directivos empresariales.
Conclusión: la gestión inteligente de la reputación corporativa
El gran riesgo sigue ahí, latente: si no hay una correlación suficiente entre la gestión de la reputación corporativa y los resultados de negocio, la dirección de una empresa no estará interesada en gestionarla y darle valor. Y para que esa correlación se produzca y sea puesta de relieve en la organización, la información relevante, y que permite la anticipación a los hechos, debe adquirir un papel más destacado en la gestión reputacional de la compañía. La reputación debe fundamentarse en una gestión inteligente de la misma, y para ello, una buena inteligencia reputacional y de calidad, resulta crucial.
Nota: Este documento forma parte de la serie “Documentos de Estrategia” producidos por el fRC