A pesar del debate que todavía existe en el ámbito conceptual y la dificultad de cuantificar su impacto real en el incremento de valor de las organizaciones, la reputación parece que gana peso. ¿Se está abriendo espacio y encontrando progresivamente un lugar destacado en la dirección de las empresas?
Con independencia de si debe de contar con una ubicación específica y de privilegio en el seno de los Comités de Dirección (integrando las áreas de RSC, marca, comunicación y la propia reputación), o de si es una función que atañe fundamentalmente al máximo ejecutivo de la empresa (sea éste el presidente, consejero delegado o director general), la opinión y valoración que los distintos grupos de interés tienen de una organización es, cada vez más, un factor clave a la hora de gestionar la realidad empresarial.
El impacto de la reputación en la cotización en bolsa de una empresa, en la mejora en la gestión del talento, su atracción/fidelización y consiguiente aumento de a productividad, en la recomendación de sus productos y servicios a terceros tras una buena experiencia de compra, o en la facilitación del proceso de conversión de los proveedores en verdaderos partners es innegable, a tenor de los datos presentados y extraídos de diferentes estudios e investigaciones desarrolladas en los últimos años.
La función de Dirección de Comunicación o también la de Dirección de Asuntos Corporativos, por otra parte, ha ido evolucionando en las grandes compañías (en especial en aquellas que cotizan en los mercados de valores internacionales) hasta llegar a convertirse en verdadera gestora estratégica de las percepciones que se generan en torno a la empresa, de lo que piensan de la empresa sus grupos de interés.
El futuro de la Reputación
La agenda empresarial del nuevo siglo XXI va a estar marcada cada vez más por el valor del talento ligado íntimamente a la innovación diaria, los riesgos derivados de los cambios constantes, los retos éticos y de sostenibilidad en la relación con el entorno, así como la expansión exponencial de la sociedad en red y el nuevo entorno 2.0, terrenos todos ellos en los que la reputación está jugando y va a jugar un papel central. Porque, como escribió Shakespeare “el más puro tesoro al que puede aspirar un ser humano en estos tiempos es a una reputación sin mancha, que le sobreviva"