He leido con atención el post “¡Es sostenibilidad, estupido!” que publica mi buen amigo Alberto Andreu, @aandreup en su blog. Coincido en que la Acción Social o filantropía ha ganado la primera batalla -que espero no sea la guerra- dentro de las empresas, y es cierto que el gran público no entiende a que nos referimos cuando hablamos de RSC. Un gran público que confunde esos términos.
No coincido en que haya una indefinición del concepto, aunque sí de cómo tenemos que llamar a “la cosa”, y por lo tanto no coincido en que la indefinición ha tenido las consecuencias que menciona Andreu en su artículo.
Son las empresas las principales emisoras de información. Cada día en las redacciones recibimos cientos y cientos de comunicados, notas de prensa y convocatorias por parte de los gabinetes de comunicación de las empresas y sus agencias de comunicación. Luego, ¿Qué trasmiten los medios de comunicación? La respuesta es clara: lo que les llega.
Todavía recuerdo con cierto sabor agridulce como tras la presentación de una memoria de sostenibilidad, un periodista especializado en telecomunicaciones escribió que era una “publicación que incluía datos curiosos”. Y aquí esta el nudo gordiano. La sociedad no sabe que es la responsabilidad social porque no se lo cuentan los medios de comunicación generalistas.
Es cierto que en los medios de comunicación hay poco espacio para poder hablar de temas relacionados con la responsabilidad social, pero no es menos cierto que las empresas pecan de todos menos de ser transparentes, y eso que es uno de los valores principales sobre los que se asienta la responsabilidad social.
Los gabinetes de comunicación tienen un gran peso en las organizaciones empresariales, cuya única finalidad es para toda información presuntamente negativa e intentar una buena imagen, y lo único en lo que ponen énfasis en sus acciones de comunicación son las iniciativas de acción social de las compañías, siempre y cuando no sea al presentación de resultados económicos o la puesta en marcha de un nuevo producto o servicio.
Luego hay que hacer un doble trabajo para poder deshacer lo hasta ahora andado y que nos ha llevado a donde nos ha llevado. Por un lado, tenemos que formar a los periodistas que hacen información empresarial, para que no vean en los informes de RSC meras publicaciones con datos curiosos – Aquí dejo una cuña publicitaria: “Informe integrado, YA”, con perdón-; y por otro tenemos que formar también a quienes forman los gabinetes de comunicación para que sean más originales y transparentes de manera que cuando envíen una nota de prensa no la titulen con el eterno “La compañía YYYYY obtiene el A+ de GRI para su memoria de sostenibilidad”.
Los medios de comunicación necesitamos NOTICIAS. Es simple el esquema: Emisor-Canal-Receptor. Si el emisor facilita una NOTICIA entonces los medios le harán un hueco y el receptor podrá conocer como está cambiando su gestión, el receptor podrá entender haya empresas más preocupadas por el como obtener el beneficio, más que en el beneficio en sí.
Creo Alberto, que este debe de ser el comienzo para que, independientemente de cómo la llamemos, se pueda arreglar alguno de los problemas acarreados por lo que tu llamas “consecuencias de un concepto indefinido”.