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Como la Responsabilidad Social Empresarial ha entrado en el ámbito de lo políticamente correcto, cada vez se habla y escribe más sobre el tema,  todos estamos muy ilusionados y esperanzados con sus posibilidades de desarrollo, pero, en realidad, la ilusión representa algo que no tiene existencia real y la esperanza nos presenta como posible aquello que deseamos. En suma, puro voluntarismo

Los excesos y los desmanes notorios cometidos por algunas corporaciones muy notables se tradujeron en una malar imagen de la empresa y los empresarios en general y , como reacción, en un clima  social y empresarial ansioso de reivindicar el papel de la empresa y su creciente protagonismo. Y en esas circunstancias la lógica de la Responsabilidad Social de la Empresa prendió rápidamente. Pero el punto de partida era tal, que bastaba con ser una empresa “legal”, seria y cumplidora para ser tenida como ejemplar y responsable.

 

En consecuencia se han elaborado una serie de modelos y prácticas de actuación que atiende fundamentalmente al cumplimiento formal de ciertos requisitos más que a la realidad material y exigente de lo que  debe representar el concepto de la responsabilidad. Así nos encontramos con que la mayoría de las empresas son responsable porque no: porque no vulneran los derechos humanos, ni los derechos laborales, ni discriminan a sus trabajadores, no atentan contra el medio ambiente y, en general, no infringen las leyes y así sucesivamente. Y, claro, solo  nos faltaba que no lo hicieran…

 

La RSE no debe limitarse tan solo a cumplir escrupulosamente aquellos aspectos que deben constituir presupuestos básicos de actuación, sino que exigen un compromiso y una implicación que vaya más allá de las obligaciones en aspectos que sean relevantes para sus grupos de interés y para la sociedad en general.

 

En estas mismas páginas hemos leído como se comportan las empresas adheridas al Pacto Mundial a la hora de rendir informes y verificar cumplimientos y José Ángel Moreno lamenta la ausencia de tejido asociativo y de una sociedad civil viva que estimule, controle y exija.

 

Se corre el riesgo de que la RSE acabe siendo un tema adecuado para los discursos y la retórica empresarial y que tan solo preocupe e interese realmente a los profesionales directamente implicados en su gestión y poco más. Sin ánimo de ser pesimista, me atrevería a decir que la mayoría de los  directivos y ejecutivos de las empresas no tendrían más que una  benevolente sonrisa de compromiso cuando se les pida que piensen e integren la RSE y, por supuesto y salvo raras excepciones, la mayoría de las empresas oficialmente responsables no son tenidas por tales cuando se habla con sus empleados, clientes, proveedores, etc.

 

Roberto Velázquez

 

 

 

 

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