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Siempre me ha admirado la facilidad con la que en Estados Unidos se identifica y reconoce el talento y la forma en la que se premia la valía y el esfuerzo. Y, en ese contexto meritocrático,  el triunfo y el éxito es aplaudido por todos. Probablemente de ahí surja el dinamismo, vitalidad y flexibilidad de una sociedad que siempre sale fortalecida de las dificultades y que, a pesar de sus grandes divergencias y discrepancias, permanece unida.

 

Roberto Veázquez Martín

Roberto Velazquez- Presidente de  AtentoUna realidad muy distinta a la que predomina en la sociedad y la empresa española, basada en una estructura llamémosla familista,  que conduce a planteamientos endogámicos, donde, más que el mérito, cuenta el conocimiento y las relaciones previas, el amiguismo y compadreo, donde el talento fácilmente puede quedar oculto porque nadie lo busque y nadie esté dispuesto a escuchar propuestas nuevas y procedentes de gentes también nuevas, que no pertenezcan al circulo de influencia de cada cuál o de su jefe.

 

Este contraste lo planteaba hace unos pocos días en una entrevista periodística un joven emprendedor vizcaíno, fundador y creador de Anboto, que ha sido considerada como la mejor nueva empresa del mundo en 2010. Decía que de EEUU admiraba la rapidez, la meritocracia: vales tanto como el producto que tengas que ofrecer; el  fácil acceso al máximo responsable de la empresa y la ausencia de barreras en la comunicación. Es decir, justamente lo contrario de lo que ocurre en España, donde el apellido, o las notas de afinidad, las que sean, determinan la atención que se presta; donde cualquier jefecillo de tercera es inaccesible, los procesos de comunicación son insondables y donde la obtención de cualquier respuesta agota la paciencia del más pintado.

 

Si somos sinceros, debemos reconocer que la cultura imperante en una buena parte - afortunadamente hay honrosas excepciones- de las empresas españolas de todos los tamaños está  concebida y diseñada para mantener la rutina continuista y la  acomodaticia mediocridad, eludiendo todo lo que suponga un reto, un esfuerzo, un cambio. La comunicación fluida y flexible, la interacción abierta con el entorno, la búsqueda y la incorporación del talento, de ideas, nuevas, etc. pueden romper el statu quo y descolocar a muchos. Luego, nos extrañamos de la cantidad de emprendedores,  creadores, profesionales, técnicos españoles que triunfan en otros países después de haber tirado la toalla en España.

 

Pero, claro, esta situación, caricaturizada aquí a grandes trazos, no creo que sea compatible con la supuesta Responsabilidad Social de las Empresas y, además, es la más inadecuada para entrar en una economía sostenible, competitiva, productiva e innovadora por más que se nos llene la boca de bonitas palabras. Sin talento nada es posible; démosle una oportunidad.

 

Roberto Velázquez
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